Los tres ataúdes


Reseña: Los tres ataúdes

Ficha técnica 
Título: Los tres ataúdes.
Autor: John Dickson Carr.
Género: Misterio, ficción detectivesca.
Año de publicación original: 1935.

Valoración: 5/5.
☆ ☆ ☆ ☆ ☆

Sinopsis
(Libre de spoilers)

Dos asesinatos consecutivos y aparentemente relacionados tienen lugar en la ciudad de Londres en una misma noche, a solo unos pocos minutos de diferencia. En ambos casos, sin embargo, el crimen parece haber ocurrido en circunstancias imposibles, con un misterioso sospechoso que desaparece de la escena del crimen sin dejar una sola huella. Mientras los rumores alrededor de las víctimas y su oscuro pasado hablan de vampiros que salen de sus tumbas y se mueven por donde quieran sin ser vistos, el doctor Gideon Fell no estará satisfecho hasta encontrar una respuesta lógica a los dos asesinatos imposibles.

Opinión personal
(Puede contener spoilers)

La fórmula de la novela detectivesca de la escuela inglesa es infalible, especialmente cuando es llevada a cabo por la mano de uno de los expertos del género como lo es el señor Carr Dickson (pese a que era realmente un escritor de origen estadounidense). Mientras se siga el camino de la lógica, en particular del razonamiento deductivo, es imposible llegar a una solución incorrecta. Lo difícil para un autor que se aventure en este genero no es, pues, llegar a la solución del misterio, sino encontrar las preguntas adecuadas que permitan la existencia del mismo. En el caso de Dickson, y especialmente en esta obra, el trabajo ha sido logrado de manera impecable (hecho que le ha ganado el reconocimiento de mejor novela de “crimen imposible” o de misterio de “habitación cerrada”), si bien es cierto que se requirió de alguna que otra coincidencia fortuita para que el crimen y el misterio se desenvolvieran de la manera en que lo hicieron, no dependiendo de una mente maestra que haya tenido control absoluto y premeditado sobre los acontecimientos que se desarrollaron. Dos puntos para el realismo. Un punto para el Deus ex machina.

Personajes: Hablando de los personajes, cada uno cumple de manera sistemática con el rol que le corresponde, sin (por decirlo de algún modo) salirse de su personaje. Como es de esperarse de un género que se centra más en la trama que en el desarrollo de los personajes, no hay demasiada profundidad psicológica, pero aun así, los personajes son lo suficientemente reales y auténticos.

Ritmo: Es una novela en general bastante ligera, aunque en algunos momentos puede llegar a ser un poco difícil seguirle el ritmo al Dr. Fell revelando la importancia de cada detalle necesario para poder atar todos os cabos y dar respuesta a misterio. De cualquier modo, los capítulos cortos hacen que la lectura en ningún momento se llegue a volver pesada. Es un libro que se lee fácilmente en unas pocas horas.

Moraleja: Si vas a fingir tu muerte por segunda vez, asegúrate de que la herida realmente sea fingida.

En conclusión: Es una obra que va directo al grano en cuanto a lo que sus objetivos se refiere. Cumple con presentar el misterio sin muchos rodeos y guiar al lector por el paso a paso hasta la resolución del mismo. Es ingenioso. Está bien planeado y bien ejecutado. Una de las mejores novelas detectivescas, recomendada tanto para amantes del género como para cualquiera que por primera vez quiera adentrase en él.

-001. Oh, la ironía…

-001. Oh, la ironía…

Me: ¿Quieres saber qué es lo irónico? Es ella… Ella lo es.

Lo irónico es que ella nunca fue la mejor conversadora, ¿sabes? No era la peor tampoco (ese puesto no sería para otra más que para la misma Madeleine), pero realmente no era la mejor.

¿Y sabes por qué es irónico eso? Bueno, te lo diré.

Primero que todo, “la Ironía” fue un nombre que ella misma se puso, nunca entendí bien por qué… pero no tiene nada que ver con lo que estoy tratando de decir, así que sigamos. (Hay que ser claro con todo siempre)

Ahora sí, te diré por qué es irónico. La razón por la que es irónico es porque el peor conversador de todos… soy yo.

Y, aun así, ella y yo nunca nos quedábamos sin qué hablar. Podríamos hablar por horas y horas cada día, y siempre habría algo más para decir.

¿No te parece irónico?

Que el peor conversador del mundo y una que estaba casi igual de lejos de ser la mejor conversadora nunca se quedaran sin conversación.

Madeleine: Pues sí. Supongo que no hay mal conversador, sino falta de temas.

Me: No… No es eso. Déjame aclararte que no es como dices.

Puede que haya un tema, pero si estás con un mal conversador, solo responderá con una expresión facial.

Puede que le hagas un cumplido de cuento de hadas a una persona, y si es un mal conversador, solo te responderá con un monosílabo.

Puedes contarle una historia fantástica, una profunda reflexión sobre la vida, puedes hablar de uno y mil temas… y no te responderán con mucho más que un gesto.

Madeleine: Entiendo.

Me:

O te responderá con una simple expresión de confirmación como “entiendo”, “está bien”, “ya veo”, “claro”.

Yo, por ejemplo, soy uno de esos malos conversadores. ¡Cuánto quisiera poder ser mejor! Soy de esos que frecuentemente responden con monosílabos y no aportan contenido nuevo a una conversación.

Así que es un hecho innegable. No se trata de si hay tema o no, los malos conversadores existen, existimos, por muchas razones en las que ahora no voy a profundizar…

Madeleine: Oh, ya entiendo. También soy muy mala conversadora… ¡con razón me mencionaste!

Me: Así que, siendo yo tan mal conversador, podía pasar horas enteras conversando con ella, que tampoco era la mejor conversadora…

¿Ya te parece un poco más irónico?

Madeleine: Sí, ya tiene más sentido.

Me: Pero aún no está del todo claro la ironía… así que déjame tratar de ser más claro.

Ella es más extrovertida que yo, por lo que es de esperarse que también sea mejor conversadora que yo, naturalmente.

A pesar de eso, cuándo solíamos pasar horas conversando, casi siempre era yo el que más hablaba, y ella solo prestaba atención.

Y a mis largos discursos, ella muchas veces solo respondía con alguna de esas cortas expresiones de confirmación.

Realmente no era la mejor conversadora, aunque tampoco era la peor.

Casi siempre estaba de acuerdo en todo conmigo, y cuando no lo estaba… probablemente solo no lo decía para evitar una discusión.

No creo que me considerara alguna clase de hombre cerrado que no pudiera aceptar más que su propio punto de vista, pero supongo que simplemente prefería evitar cualquier choque entre los dos…

Madeleine: Sí, probablemente fuera eso.

Me: Bueno, esa es toda la ironía que quería mencionar.

Ah, ella era tan perfecta a veces…

Aunque supongo que también puede tomarse de otra manera… Y, después de todo, podría decirse que realmente no soy un mal conversador, si se toman en cuenta otros medios diferentes al medio oral en los que soy capaz de expresarme con mucha mayor fluidez y espontaneidad… y solamente soy un mal conversador si es en un diálogo frente a frente… 

¿Qué dices?

Madeleine: Supongo que tienes razón. Por lo menos conmigo hablas bastante, pero por lo que me has dicho, en otros casos es una cosa diferente. ¡Así que sí!

Me: ¿Crees que es interesante todo lo que acabo de decir?

Madeleine: No creo quesea interesante per se, pero tú lo has hecho ver así.

Me: ¿Estás diciendo que hice ver interesante algo que no lo es?

Madeleine: Creo que eso fue lo que dije.

Me: ¿Eso no me convertiría a mí en alguien interesante?

Madeleine: Podría decirse que sí.

Me: ¿Por qué crees que ella se habría aburrido de mí? Jamás lo pude entender… Nunca hice nada mal, ¿o sí? Tal vez el haber sido muy celoso, pero no creo que se haya aburrido por eso…

Madeleine: Quién sabe, tal vez lo de ser celoso también pudo haber influido un poco.

Me: Supongo que al final pudo haber usado eso como pretexto, pero estoy seguro de que esa no era la razón. Muchas veces me dijo que le gustaba que fuera así.

A mí también me gustaba que ella fuera así…

Madeleine: Oh… Bueno, eso sí ya es diferente.

Me: Cuando tienes un amor así, no te importa que no haya nadie más aparte de la persona que amas…

Por eso incluso te hace feliz que la otra persona se preocupe porque tenga miedo de estar perdiendo tu atención.

Después de todo, tu atención quieres dársela toda a ella porque la amas… Y no solo tu atención, quieres dárselo todo…

Así soy yo.

Y así era ella.

Pero después ya no era así…

Nunca entendí qué cambió. Su amor simplemente se desvaneció… Quizás conoció a otra persona mejor que yo. No lo sé, nunca me lo dijo.

Quizás conoció a alguien más real.

Y yo me desvanecí de su mundo… como un sueño que nunca se cumplió.

Madeleine: Entiendo…

Me: ¿Por qué eres tan mala conversadora, Madeleine?

Madeleine: I would like to speak in English now.

Me: …

078. Derecho a equivocarse

Madeleine: La ignorancia es el camino más fácil.

Me: Dependiendo de lo que quieras…

Madeleine: No lo sé, el otro camino se me hace más sensato.

Me: A mí también, pero puede terminar en un final doloroso.

Madeleine: Sí, pero es mejor que estar en una mentira, ¿no?

Me: …Supongo. Además, el final doloroso también lo puedes aprender a superar. Seguramente para ustedes será más fácil que para mí. Así como ella también pareció superarme en un segundo…

Madeleine: No lo sé.

Me: Ninguno de ustedes es tan sentimental y tan obsesivo y tan dependiente y tan sensible y tan romántico y tan patético como yo…

Madeleine: Por el momento debería enfocarme en terminar mi carrera y encontrar pronto un trabajo.

Me: A mí me falta mucho para terminar la mía… ¡Y seguro ni siquiera logro pasar este semestre! Soy un fracaso…

Madeleine: Sí pasarás. Y, vamos, si repruebas alguna materia no importa. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, ¿verdad?

Me: Yo no. Yo no tengo ese derecho. Soy esclavo de la sociedad y de los prejuicios y de la estupidez humana.

Madeleine: Claro que no. Todos tenemos derecho a equivocarnos, chico.

Me: ¡Pero no quiero hacer uso de ese derecho!

El derecho a fracasar es un derecho que solo usan los fracasados… No quiero usar ese derecho. No quiero ser un fracasado.

Madeleine: ¡Entonces esfuérzate para no serlo! Aún puedes salvar el semestre.

Me: Me esfuerzo tanto como puedo, pero aun así…

011. Nadie…

011: Nadie…

Me: Ah… he tenido muchas ganas de suicidarme en estos días.

Madeleine: Oh, God, no…

Me: Déjame contarte una triste historia.

Madeleine: A ver…

Me: Esta es la historia de alguien que no es nadie… Mi historia.

El domingo pasado estuve en uno de estos eventos frikis. Y gracias a mi (a pesar de poca) trayectoria como cosplayer, parece que he adquirido cierto nivel de popularidad… Algo muy pequeño, en realidad, pero evidente dentro de estos pequeños círculos.

Así es… soy “el que hace cosplays”… Soy el que se disfrazó de este personaje y el que se disfrazó de aquel otro… No soy nadie.

Soy Jeff the Killer, soy Jack Sparrow, soy Ulquiorra Schiffer, soy Orochimaru, pero no soy nadie…

El evento estuvo lleno de mucha gente agradable. Contrario a la opinión popular, asisten a estos eventos personas muy simpáticas y atractivas. Al menos en este así fue… pero yo no soy nadie.

Algunas personas se toman fotos conmigo, pero… ¿qué soy? ¿Quieres saber qué soy? Te diré lo que soy: soy una estatua nacional, una figura de cera. Soy algo con lo que te tomas fotos para recordar que estuviste en cierto lugar.

No soy nadie.

Y estas personas simpáticas y atractivas solo me hacen sentir vacío. Ninguna se acerca a mí. Y ya que soy una estatua, yo no hablo, solo existo, en silencio…

Algunas personas se toman fotos conmigo… ¿Quiénes son ellos? Probablemente no son nadie… Los que son alguien no se toman fotos conmigo. Los que son alguien se toman fotos con ellos, junto a mí, no conmigo. Cada uno con su pareja, cada alguien con su otro alguien, pero yo estoy solo…

Ah, ¿no es bastante triste ya?

Pero aún hay algo más patético por contar…

Yo, que me esforcé durante un buen tiempo para lucirme ese día con mi apariencia, no soy nadie… ¿Es que acaso la apariencia no importa? No, no es eso. Lo invisible de mí tampoco le importa a nadie…

¿Sabes que sí le importa a la gente? ¡La apariencia!

Sí, sí, sí, sí importa…

Pero no la mía, no, no mucho, porque soy una estatua…

Mi amigo, que no se esforzó nada, que ni siquiera quería ir, pero lo convencí porque yo no quería ir solo, sí, él sí era alguien…

Porque él en su casualidad tenía mejor apariencia que yo en toda mi preparación…

Y las personas simpáticas y atractivas que estaban allí se acercaban a él y le confesaban su admiración.

¿Y las personas menos simpáticas y menos atractivas? Todas ellas también eran alguien y todas tenían a alguien más… Yo era el único nadie, el único solo…

¿Qué soy yo? No soy nadie…

Cuando me pongo el disfraz, soy una máscara, pero no hay nada debajo de ella, solo un fantasma…

Cuando me pongo la máscara, soy un disfraz, pero no hay nada debajo de él, ni siquiera una idea…

Pero cuando soy yo, no soy nadie…

Sí, ya sé que soy superficial y estúpido y envidioso… Y también soy nadie…

010. El halcón rojo

010. El halcón rojo

Me: ¿Supiste de ese caso en el que se suicidaron una docena de hombres hace un tiempo siguiendo una especie de juego macabro?

Madeleine: Sí, se formó un gran revuelo con todo eso. Al final, el tipo que lo empezó todo también se suicidó.

Me: Sí, eso dicen. Qué noticia tan triste, ¿no?

Madeleine: Sí, es triste, pero al mismo tiempo me parece muy estúpido que esas personas decidieran matarse solo por un juego. No me cabe en la cabeza cómo puede ocurrir algo así.

Me: Es cierto, no lo entiendes. Déjame cortarlo en pedacitos pequeños para que te pueda caber en la cabeza.

A primera vista, puede percibirse como tú y la mayoría de las personas lo hacen: un grupo de hombres tontos matándose porque son tontos y siguen un jueguito tonto; que los adultos también pueden ser estúpidos y fácilmente manipulables. Y eso es cierto, definitivamente. Pero si analizas detenidamente la biografía de cada uno de estos hombres, encontrarás que todos ellos eran personas con un nivel de inteligencia bastante por encima del promedio.

Madeleine: Parece que estás muy involucrado con ese caso.

Me: En cierto sentido, sí… Así que al final no es tan simple como muchas personas están dispuestas a creer. Es algo mucho más complejo.

Una persona inteligente no se mata simplemente porque le digas que se mate.

Si le dices a una persona inteligente que se mate, tienes dos posibilidades: 1) que no quiera hacerlo y no lo haga, o 2) que quiera hacerlo y lo haga.

En otras palabras, el hecho de matarse no depende de que te lo diga alguien más o te lo proponga un juego. Es algo que decides por ti mismo.

Pero, entonces, ¿cómo es que doce hombres inteligentes terminaron accediendo a un juego que todo el mundo considera tan estúpido?  

Esto puede que te sea un poco difícil de creer, pero la verdad es que fue justamente porque eran personas más inteligentes que el resto.

Es triste, pero se ha demostrado estadísticamente una correlación subyacente entre la inteligencia y la depresión. Y digo que es triste, más que todo por el mundo que se pierde de la brillantez de estas personas y se ahoga en la alegre abundancia de la estupidez de otras.

El hombre que lo empezó todo dejó constancia en su carta de suicidio de que había hecho todo esto como un “regalo” para estas personas y al parecer fue bien recibido. Los familiares y personas cercanas a los hombres que cometieron suicidio con este juego de hecho reportaron haber notado una actitud más alegre y positiva en ellos durante las últimas dos semanas antes de sus muertes.

Madeleine: Espera… Según los informes de la policía, el tipo que lo empezó todo no dejó una carta suicida antes de acabar con su vida.

Me: Oh, pero sí la dejó. Solo que la policía no fue lo suficientemente competente para descifrarla. Su carta suicida está oculta en los mensajes que dejaron los otros doce antes de matarse.   

Cada uno odiaba su vida por razones particulares, pero hay dos cosas en común en todos ellos que son evidentes. Primero, un claro desprecio por la vida que es previo a cualquier juego macabro y al hecho definitivo. Segundo, si se puede decir así, sería la causa de lo anterior, que es personal y única en cada individuo, pero que se puede agrupar en una categoría más general: porque no podían disfrutar la vida como las demás personas.

Eran gente sin propósitos y sin esperanzas, y así lo expresa en su mensaje el hombre que lo empezó todo:

“Estas personas no se mataron porque yo se los pedí. No, al contrario. Estas personas me pidieron que las matara y yo se los concedí. Yo soy su salvador. Ellos no tenían nada antes de mí, no tenían esperanzas ni propósitos, solo su deseo de morir. Yo les di algo, les di todo. Les di un propósito a su vida y un significado a su muerte”.   

Madeleine: ¿Cómo sabes todas estas cosas? ¿Y por qué tan interesado en el caso de repente?

Me: Eh… No es nada…

086. Nostalgia

086: Nostalgia

Me: Se trata de gustos diferentes. A mí ese tipo de música me aburre, pero en cambio a ti… te produce nostalgia.

Madeleine: ¡Así es! Puedo imaginarme bailándola en un baile de salón o algo así.

Me: Ah, pero la nostalgia en sí es un sentimiento muy aburrido… un intermedio entre la tristeza y la felicidad que no llega ser una ni la otra.

Madeleine: Oh, qué interesante. No lo había visto de esa manera.

Me: Ya sabes que no soy una persona de emociones tibias. En lo personal, prefiero estar eufórico o melancólico, pero nada intermedio.

Madeleine: Pero con la nostalgia terminas llegando a uno de los dos extremos, ¿no?

Me: ¿Ah, sí? ¿A cuál llegaste?

Madeleine: Depende. Algunas veces termino feliz y otras veces termino melancólica. Casi siempre me suceden las dos: primero felicidad y después la tristeza.

Me: Pero en el momento en que pasas a uno de los dos estados diría que ya no estás “nostálgica”.

Sin embargo, me refería a este momento… Después de haber escuchado esa canción nostálgica todo el día, ¿a cuál sentimiento llegaste?

Madeleine: Melancolía.

Me: …No lo aparentas. Pero está bien, no puedo ver tus ojos rojos para comprobarlo.

Madeleine: En realidad no fue algo tan extremo.

Me: La nostalgia normalmente viene acompañada de recuerdos. A veces incluso de sueños… ¿En qué has estado pensando hoy?

Madeleine: Estaba pensando en las épocas navideñas. Esa música me recordó a esos especiales navideños que pasaban en la tele.

Me: Awww, qué ternurita.

Madeleine: Es perfecto para esa época.

Me: Sí… Aunque yo odio ese tipo de recuerdos nostálgicos. Como te dije, no me gusta como se siente ese sentimiento.

Madeleine: Ya veo… Supongo que está bien.

Me: También me ocurren sentimientos extraños cuando voy por la calle y de repente percibo un olor que me trae fuertes recuerdos de alguna cosa del pasado.

Madeleine: ¿Y no te gusta?

Me: No sé, es demasiado extraño. Es como estar en el pasado de repente, lo cual es interesante, pero las sensaciones son tan fuertes que incluso recuerdo lo desagradable que fue la vida siempre y eso no me gusta.

Aun si son recuerdos de momentos buenos, también se siente extrañamente desagradable el hecho de sentir que esos momentos no son reales, sino que son solo un recuerdo.

A veces aguanto la respiración para no percibir esos olores…

Creo que no sé cómo expresarlo bien. Es una de las cosas que me hace sentir que me estoy volviendo loco. Tiene un lado interesante, pero también uno desagradable, y al juntarse ambos se siente la cosa más extraña…

Madeleine: Creo que te entiendo.

Me: También me pasa una sensación similar cuando veo gente normal, viviendo sus vidas de una manera feliz e inocente.

Madeleine: Eso suele pasar, te entiendo. 

Me: Cuando veo niños jugando, o parejas de la mano, o familias juntas… Se siente extraño. Es una cierta sensación de desprecio, mezclada con algo parecido a la felicidad.

Madeleine: ¿Felicidad?

Me: Sí, algo así. Por sus vidas aparentemente normales y felices. Porque al menos sé que existe gente que puede vivir así.

El desprecio viene porque siento que yo jamás viví así y que probablemente nunca lo haga.

Madeleine: Entiendo. Me pasa algo parecido con mucha gente que admiro. 😦

Me: A veces pienso: Wow, qué sencillo sería poder ser feliz. Incluso tener una vida perfecta no es imposible. Todas las cosas que componen esa vida son cosas bastante normales, frecuentes y cotidianas, pero aun así, parece que en mi vida nunca se alinearán esas cosas, sin importar cuánto me esfuerce…

Madeleine: Sí, sí, sí. ¡Eso mismo me pasa!

Me: Aww… ¡Abrázame, hermana!

005. Acerca del maltrato animal

¿Está bien matar animales si es para el consumo de su carne? ¿O, sin importar las razones que se tengan, atentar contra la vida de un animal es un acto inmoral que debiera evitarse a toda costa?

El objetivo de la siguiente reflexión no es defender una postura determinada entorno al debate en cuestión, sino simplemente considerar ciertas ideas que, como regla general, se han tendido a dejar de lado en las discusiones.

Madeleine y yo solo somos simples filósofos aficionados. No somos expertos en zoología, etología, nutrición, ética, economía ni en ninguno de los campos académicos que pudieran estar asociados con el tema discutido, así que el lector deberá saber disculpar la ignorancia generalizada que puede estar a punto de encontrar y la falta de una estructura rígida que guíe las ideas presentadas.

En lo único que somos expertos es en soltar lo primero que se nos viene a la mente y eso es lo que hacemos en cada discusión.

005. Acerca del maltrato animal

Me: ¿Cuál es tu posición con respecto al maltrato animal?

Madeleine: Que es algo horrible.

Me: ¿En qué casos?

Madeleine: Sobre todo en los casos en los que se hace por diversión o por desquitarse con el animal. Es algo muy cruel y creo que debería ser penado.

Me: ¿Y qué hay de otros casos? ¿Qué tal en los casos en los que se hace con el objetivo de obtener una mayor producción de alimentos?

Madeleine: ¡También es horrible!

Me: ¿Y debería ser penado?

Madeleine: Debería poder hacerse una práctica lo más digna posible. Nada de encerrar a muchos animales y que vivan hacinados y sufriendo.

He escuchado que es posible sustituir la necesidad de matar a los animales por su carne, creando una carne sintética a partir del cultivo de células musculares que se extraen de ellos sin causarles ningún daño. Algo así como una especie de carne “clonada”, cultivada en un laboratorio.

Me: Eso sería lo ideal, ¿no? Poder tener una forma de producir la mayor cantidad de alimento animal posible, involucrando la menor cantidad de sufrimiento animal posible.

Madeleine: Así es.

Me: Pero, al menos por el momento, eso es todo lo que es: solo un ideal. Si fuera tan sencillo, supongo que es lo que todo el mundo haría, ¿no? Los costos para producir una pequeña porción de esa carne cultivada deben de ser extremadamente altos.

Así que, mientras tanto, con los modos de producción disponibles actualmente, la humanidad se ve obligada a elegir: mayor producción y mayor sufrimiento o menor sufrimiento y menor producción.  

Y mientras los productores optan por la primera opción, los defensores de los derechos de los animales exigen la segunda.

Mi querida Blanquita, por ejemplo, era una de estas personas. De las del segundo grupo, digo. No solo no consumía carne, sino que tampoco comía huevos, leche, queso… nada que fuera un producto de origen animal, ya que, al parecer, también se maltrata mucho a los animales para maximizar la producción de estos alimentos.

Nunca tuve la oportunidad de hablar con ella de estas cosas, y tampoco creo que seas la persona más apropiada para esto, pero… ya que no tengo a nadie más, lo discutiré contigo…

No creo que porque una persona como Blanquita deje de comer huevos y queso estas compañías vayan a dejar de hacer lo que le están haciendo a los animales para mejorar su producción.

Madeleine: Cierto. No podría lograrse con las acciones de una sola persona. Tendría que ser algo a muy gran escala para que baje la demanda lo suficiente y así poder generar un cambio.

Me: Ahora, mi pregunta es… ¿Está mal matar animales si es para comerlos? ¿Acaso no es parte de la naturaleza?

¿Crees que una gacela no sufre cuando un león le clava sus garras, le disloca el cuello y le abre el vientre con sus colmillos mientras aún está viva? 

Los animales no se matan con cariño unos a otros. Los animales se matan violentamente. Porque es la naturaleza; tienen que hacerlo para sobrevivir. Y eso está bien, ¿verdad?

Madeleine: Justamente es por eso que está bien: porque lo hacen para sobrevivir.

Me: Es cierto, el ser humano no tiene la necesidad de comer carne para sobrevivir. El ser humano ha llegado a un punto en su evolución en el que ha podido renunciar a gran parte de su naturaleza y sus instintos, a favor de una mayor cultura, tecnología y libertad. Lo último a veces con resultados contrarios.

Gracias a nuestro desarrollo, a la forma en la que evolucionamos, el ser humano ya no necesita cazar mamuts para sobrevivir. Técnicamente, podemos sobrevivir sin comer carne.

¿Pero es realmente sobrevivir lo que estamos buscando todos los seres vivos? ¿O es tener una vida lo más agradable posible? La tendencia natural hacia la supervivencia podría no ser más que un efecto secundario de un instinto de placer aún más primario… 

Por lo menos Freud estaría de acuerdo con esa tesis, pero no voy a profundizar mucho en eso ahora…

Matar a otros animales para comer ya no es algo tan impulsivo o “instintivo” para nosotros, aunque sigue siendo parte de nuestra naturaleza y ahora también de nuestra cultura.

Retomando mi pregunta anterior, entonces: ¿está mal que sigamos matando animales para comerlos solo porque somos capaces de sobrevivir sin hacerlo?

¿Está bien si un jaguar se come a sus propias crías porque lo hace por supervivencia, pero está mal que nosotros matemos vacas para comerlas porque no nos es necesario para vivir?

Madeleine: No lo sé.

Me: Tal vez si un tigre descubriera la manera de multiplicar su alimento, no dudaría en aprovecharla sin preocuparse de que esté haciendo sufrir a otros animales o no.

Puede que parezca que me estoy poniendo del lado del capitalismo o que estoy a favor del maltrato de los animales, pero en realidad no estoy tomando ninguna postura. Solo estoy exponiendo ideas que considero que es importante al menos tener en cuenta.

Nadie quiere sufrir y nadie quiere morir.

(Los únicos que quieren morir son los que están sufriendo, pero ni siquiera los que están muriendo quieren sufrir, lo que podría en cierto modo sustentar la teoría de que los instintos de placer son más esenciales que los instintos de vida.)

Si llegara a la Tierra una raza de alienígenas que se alimentaran de carne humana, posiblemente encontrarían moralmente apropiado esclavizarnos, torturarnos y maltratarnos para que seamos buen alimento para ellos. Para nosotros, obviamente sería horrible.

Pero no podemos decirle a un tigre que es mejor comer tomates y zanahorias porque no sobreviviría con eso. Así que, al final, es inevitable que unos mueran para que otros vivan…

Será triste para el que muera, pero el que viva debería aprovechar su supervivencia y disfrutar la vida por aquellos que no pueden… ¿no?

O al menos… hasta que la tecnología sea lo suficientemente buena para que podamos producir más alimento animal, sin producir sufrimiento animal…

Entonces le podemos dar nuestros clones a los alienígenas para que coman y sean felices, mientras nosotros nos comemos los clones de las vacas y somos felices y nadie muere y nadie sufre… El mundo perfecto.

Madeleine: Así es. 😊

Me: Ahora, solo para terminar recordando un poco lo absurdo que es pensar en todo esto de todos modos, trata de imaginarte esto:

Imagínate que existe este monstruo extraterrestre antropófago y que somos inconscientes de él. Imagínate que este monstruo es el tiempo, que eventualmente nos mata a todos, y casi siempre de maneras violentas y con mucho sufrimiento. Las personas protestando por los derechos de los animales serían como un grupo de gallinas enfrentándose a otras gallinas para salvar la vida de las lombrices, sin ser conscientes de que ellas mismas solo están caminando directamente hacia el matadero. 

Madeleine: …

031. Y con todos ustedes: Madeleine, mensajera de los dioses

031. Y con todos ustedes: Madeleine, mensajera de los dioses

Me: Podría describirte como creo que eres, pero no se me ocurre un personaje en particular con el que pudiera asociarte…

Madeleine: Está bien, no tiene que ser un personaje real. Solo sitúame en un escenario y hazme una descripción.

Me: Estados Unidos, año 2015. Madeleine Miller, fanática del cine y artista del diseño con complejos de inutilidad. Desesperada por no encontrar un empleo o algo que la haga sentir importante en su vida, se dedica día a día a trabajar en su obra hasta largas horas de la madrugada. Sus proyectos son poco claros y su crisis de los 20 años solo parece empeorar con cada minuto. La frustración alcanza su clímax después de que su gato derrama una taza de café sobre su trabajo de toda la vida. Madeleine enloquece y decide darle un nuevo rumbo a su destino…

Madeleine: Jajaja. Está genial. Ojalá tuviera un gato. Pensé que me ibas a situar en otra época.

Me: Madeleine Miller. 22 años. Estados Unidos, 2016. Artista del diseño gráfico y fanática de los ponys.

Madeleine: Jajaja, es gracioso porque los caballos me dan miedo.

Me: Si te ponía en el siglo XIII seguro me habrías dado una patada.

Madeleine: Depende de lo que hubieras hecho la escena, pero entiendo a lo que vas.

Me: Madeleine Miller, 19 años. Tenochtitlán, 1250. Artista del diseño y madre de familia. Sacerdotisa loca.

Madeleine: Ay, Dios mío. Jajaja.

Me: Viajera en el tiempo, además: La ciudad de Tenochtitlán fue fundada un siglo más tarde.

Madeleine: Me habría gustado ser una viajera en el tiempo.

Me: Madeleine, mensajera de los dioses: un alma desalmada aficionada al buscaminas. Una mujer con estrictos códigos morales que jamás se atrevería a cometer herejía. Es por eso que se encuentra con un dilema moral cuando los intereses de Quetzalcóatl y la Computadora DIOS-23 entran en conflicto. ¿A cuál de los dos dioses debería Madeleine ofrecer sus sacrificios?

¿A cuál escogerías? Quetzalcóatl solo quiere oro y sangre… mientras que DIOS-23 quiere… ehm… él quiere… eh… ¡un mundo donde el chocolate se intercambie por felicidad!

Es por eso que te envió al pasado como mensajera para observar a la civilización Azteca y su uso del chocolate como comprador de felicidad. ¿Y el mensaje? El mensaje es que el fin está cerca… porque cuando termines con tu observación, tienes que destruir a toda la civilización y volver al futuro con todo el chocolate…

¿A quién escoges…?

Madeleine no se decide.

Madeleine no es capaz de traicionar a ninguno de sus dioses y por lo tanto termina fallándole a ambos. El castigo de los dioses no se hace esperar. Un virus informático se apodera del alma de Madeleine mientras que los siervos de la Serpiente Emplumada arremeten contra su hardware. Su corazón es arrancado y arrojado en la hoguera. [–MAL FINAL]

004. Roto, destrozado y hecho pedazos…

004. Roto, destrozado y hecho pedazos…

Me: ¿Cuál es tu récord de mayor tiempo sin dormir? Creo que hoy romperé el mío… lo destrozaré… lo haré pedazos.

Bueno, realmente no tengo idea de cuál sea mi récord ni de cuánto tiempo llevo despierto. ¡¿Crees que una persona con sueño es capaz de pensar con claridad?!

Pero, aun así, tengo ganas de romper algo… de destrozarlo… de hacerlo pedazos…

Quiero destruir el corazón de alguien. ¿Me permitirías destruir el tuyo? ¿No? ¡Entonces destroza el mío! Dime que me amas y que estarás siempre a mi lado, luego dime que ya no me amas y que deseas estar con alguien más…

¿Tampoco? Ya veo… no lo harás. Al parecer no puedes conseguir dolor cuando lo quieres… Ah, pero cuando no lo quieres, ¡es todo lo que puedes conseguir!

La vida no es justa. Yo no nací ayer… En mi próxima vida quiero ser un gato o una mujer… ¿Cuál crees que sería mejor?

Madeleine: ¿Un gato, tal vez?

Me: Ambos poseen cuerpos sensibles al placer, aunque el del gato es mucho más habilidoso… Pero ¡piénsalo bien! ¡¿Cuántos corazones podría romper si fuera una mujer?! Cómo me deleitaría destrozando uno tras otro…

Y después de ser una mujer y un gato, seré una estrella. Me convertiré en un agujero negro y destrozaré el universo entero. Los arrastraré a todos hacia el centro de mi destrozado y oscuro corazón… ¡Está bien! Déjame contarte una triste historia…

Madeleine: Cuéntame.

Me: Un canal de gastronomía basado en platos vistos en obras de ficción. ¡Esa es una historia feliz! Piénsalo… Quiere decir que se está haciendo posible lo imposible, que se está haciendo que exista lo que no existe. ¿No es eso la cosa más feliz para el hombre?

Madeleine: Un hombre podría ser muy feliz con eso, sí.

Me: Sin embargo, es algo lamentable que yo no sepa cocinar y no cuente con los materiales necesarios para someterme a la dura pero fructífera disciplina de la práctica… En otras palabras, no es posible para mí hacer posible lo imposible ni darle existencia a lo inexistente… La vida me castiga. Estoy condenado a ser la persona más infeliz de este mundo, ¿verdad? Esto es demasiado triste…

Es cierto, quería contarte una triste historia… pero ya no estoy de ánimos para contarla…

Madeleine: Haha, okay. De todos modos, ánimo, chico. 🙂

Me: No. ¡Espera! No es posible que exista tristeza sin felicidad. ¡Y por cada historia triste hay al menos una feliz! Luego de tanta tristeza, al fin puedo notar algo de alegría en todo esto… ¡¿Te das cuenta de lo que estoy hablando?! ¡Tantas emociones son una locura!

¡Oh, Dios, Dios, Dios! ¡Dios! ¡Dios debe de estar loco por crear tanta contradicción! ¿No lo crees?

¡Esta es la historia más feliz! ¡¿Es que no te das cuenta?!

Madeleine: Sinceramente, no entiendo nada de lo que estás hablando.

Me: Oh, Dios, de nuevo me llenas de melancolía… Primea y única cosa de la que puedo presumir en el día y no consigo nada de reconocimiento… ¡Nada! Ni un poco, ni un poco de un poco, ni un poco de un poco de un poco…

Madeleine:

003. Autor-idad

003. Autor-idad

Me: Y lo digo con autoridad moral.

Madeleine: ¿A qué te refieres?

Me: No preguntes por el sentido de cosas que no lo tienen… No, está bien. Tienes razón. Estás en tu derecho de preguntar y no te negaré eso. Pregunta siempre todo lo que quieras.

Déjame pensar una respuesta…

Madeleine: Está bien. Ahaha.

Me: Ya que soy una persona odiosa (odio enanos, odio perros…), significa que soy alguien que crea odio. En otras palabras, soy autor del odio, lo que significa que soy autoridad en el tema. Por lo tanto, si yo digo que me odiarás, es porque así será.

Ah, todo es culpa de Dios, por no matarla cuando se cansó de mí… Y todo es mi culpa por no matar a Dios cuando la vida se cansó de Él… Y todo es culpa de la muerte, porque nos lleva a todos y nunca se cansa de nosotros…

Madeleine: