033. Poeta Psicópata II

Y la tarde cayó sobre mí, y vino la oscuridad, duró y se fue, y amaneció el nuevo día, y las brumas de una segunda noche se acumularon y yo seguía inmóvil, sentado en aquel aposento solitario; y seguí sumido en la meditación, y el fantasma de los dientes mantenía su terrible ascendiente como si, con la claridad más viva y más espantosa, flotara entre las cambiantes luces y sombras del recinto. Al fin, irrumpió en mis sueños un grito como de horror y consternación, y luego, tras una pausa, el sonido de turbadas voces, mezcladas con sordos lamentos de dolor y pena. Me levanté de mi asiento y, abriendo de par en par una de las puertas de la biblioteca, vi en la antecámara a una criada deshecha en lágrimas, quien me dijo que Berenice ya no existía. Había tenido un acceso de epilepsia por la mañana temprano, y ahora, al caer la noche, la tumba estaba dispuesta para su ocupante y terminados los preparativos del entierro. Me encontré sentado en la biblioteca y de nuevo solo. Me parecía que acababa de despertar de un sueño confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol Berenice estaba enterrada. Pero del melancólico período intermedio no tenía conocimiento real o, por lo menos, definido. Sin embargo, su recuerdo estaba repleto de horror, horror más horrible por lo vago, terror más terrible por su ambigüedad. Era una página atroz en la historia de mi existencia, escrita toda con recuerdos oscuros, espantosos, ininteligibles. Luché por descifrarlos, pero en vano, mientras una y otra vez, como el espíritu de un sonido ausente, un agudo y penetrante grito de mujer parecía sonar en mis oídos. Yo había hecho algo. ¿Qué era? Me lo pregunté a mí mismo en voz alta, y los susurrantes ecos del aposento me respondieron: ¿Qué era? En la mesa, a mi lado, ardía una lámpara, y había junto a ella una cajita. No tenía nada de notable, y la había visto a menudo, pues era propiedad del médico de la familia. Pero, ¿cómo había llegado allí, a mi mesa, y por qué me estremecí al mirarla? Eran cosas que no merecían ser tenidas en cuenta, y mis ojos cayeron, al fin, en las abiertas páginas de un libro y en una frase subrayada: Dicebant mihi sedales si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas. ¿Por qué, pues, al leerlas se me erizaron los cabellos y la sangre se congeló en mis venas? Entonces sonó un ligero golpe en la puerta de la biblioteca y, pálido como un habitante de la tumba, entró un criado de puntillas. Había en sus ojos un violento terror y me habló con voz trémula, ronca, ahogada. ¿Qué dijo? Oí algunas frases entrecortadas. Hablaba de un salvaje grito que había turbado el silencio de la noche, de la servidumbre reunida para buscar el origen del sonido, y su voz cobró un tono espeluznante, nítido, cuando me habló, susurrando, de una tumba violada, de un cadáver desfigurado, sin mortaja y que aún respiraba, aún palpitaba, aún vivía. Señaló mis ropas: estaban manchadas de barro, de sangre coagulada. No dije nada; me tomó suavemente la mano: tenía manchas de uñas humanas. Dirigió mi atención a un objeto que había contra la pared; lo miré durante unos minutos: era una pala. Con un alarido salté hasta la mesa y me apoderé de la caja. Pero no pude abrirla, y en mi temblor se me deslizó de la mano, y cayó pesadamente, y se hizo añicos; y de entre ellos, entrechocándose, rodaron algunos instrumentos de cirugía dental, mezclados con treinta y dos objetos pequeños, blancos, marfilinos, que se desparramaron por el piso.

Berenice, Edgar Allan Poe.

033: Poeta Psicópata II

Me: ¿Estás ahí, Madeleine? Se me ha ocurrido una idea horrible y enfermiza y necesito expiar la consideración de mis pecados. 

Inicialmente había pensado que lo mejor que podía hacer era simplemente alejarme para siempre de Blanquita. No volver a hablarle, desaparecerme, y esperar que el tiempo haga esa cosa que le gusta hacer donde va borrando los recuerdos de la memoria y extinguiendo la vida de las cosas.

Pero entonces esta idea me atravesó la consciencia como una flecha en llamas y la secuela que me ha dejado es un sentimiento de culpa que amenaza con atormentarme hasta la muerte.

Se me ocurrió que nunca debería bloquear a Blanquita.

¿No es lo más enfermizo que has oído en tu vida?

 ¿Qué debo hacer, Madeleine?

Madeleine: Eh…no lo sé.

Me: ¿Puedes ver por qué es tan macabra y enfermiza la idea que te acabo de mencionar? 

Madeleine: No del todo, la verdad.

Me: ¿Soy una mala persona, Madeleine?

Madeleine: No, no lo eres. 

Me: Digo, normalmente no me importa reconocerlo, porque creo que en el fondo todos los seres humanos tenemos una mancha de maldad, y yo particularmente no me intereso mucho por los demás, pero… si soy malo con las personas que quiero, ¿no soy lo peor de lo peor?

Madeleine: Bueno, muchas veces terminamos haciéndole daño a los que más queremos, pero estoy segura de que esa no es tu intención. 

Me: No lo sé… Déjame explicarte por qué, en cierto modo, es tan malvada y macabra la idea de no alejarme de Blanquita… 

Hasta ahora no la he bloqueado porque estoy esperando que me hable para pasarme el dinero de las boletas que vendió (en realidad el dinero no me importa) y aprovechar para pasarle la pintura del gato y entonces decir adiós para siempre.

Después de eso, la bloquearé y probablemente ya no volvamos a vernos nunca más en la vida. 

Incluso si no muero pronto, seguramente no volveremos a vernos, ya que vivimos en ciudades diferentes y yo ya no volveré al único lugar donde me encontraba con ella, la universidad (el otro año voy a estudiar en otra). 

Así que ese es el final que he estado esperando… no porque sea lo que yo deseo, sino porque he pensado que es lo mejor que puede pasar.

Madeleine: Sí, creo que es lo mejor. 

Me: Pero ayer se me ocurrió esta horrible idea de que tal vez no debería bloquearla nunca…

Lo que significará que ella podrá hablarme cuando quiera, y que yo, seguramente como siempre, no podré evitar hablarle también de vez en cuando e incluso seguir esperando oportunidades que nunca van a llegar.

¿No te parece ya una horrible idea?

Madeleine: Sí, creo que es una mala idea. 

Me: Pero la idea no vino sola, sino con otras ciertas implicaciones. 

Se me ocurrió la idea mientras leía otro cuento de Edgar Allan Poe, uno llamado “Berenice”. 

¿Recuerdas lo que te dije sobre este autor hace unos pocos días?

Madeleine: ¿Que es un experto del relato corto? 

Me: Sí, pero aparte de eso… el hecho de que él consideraba que lo más poético y romántico era la muerte de una mujer hermosa, lo cual se ve reflejado en muchas de sus historias.

Y el hecho de que esa obsesión, por decirlo de algún modo, probablemente era una consecuencia de las trágicas muertes de las mujeres importantes en su vida. 

El cuento de Berenice es sobre dos primos (en la vida real, Poe también se casó con una prima), ambos de carácter muy opuesto, uno era intelectual y retraído, y la otra era jovial y energética. 

Y ambos tenían enfermedades muy particulares, aunque no se es del todo explícito con ellas. 

La enfermedad del protagonista consistía en una obsesión morbosa por mirar con atención y analizar profundamente cualquier objeto trivial que cayera bajo su campo de visión durante uno de sus accesos de la enfermedad, en los que podía pasarse horas y días enteros absorto rumiando sobre una idea fija sobre cualquier cosa sin realmente un valor trascendental. Algo así como una especie de autismo, podrías decir. 

La enfermedad de su prima era algo más físico. Al parecer sufría ataques de epilepsia y parálisis, lo que estaba empezando a deteriorar mucho su cuerpo. 

Y tanto se estaba deteriorando como persona que, para el protagonista, la mujer pronto pasó de ser una persona digna de admiración a un simple objeto digno de análisis. 

Y, sin embargo, en algún momento de tristeza y compasión, creo, decidió pedirle matrimonio. Ya tenían programada una fecha y todo.

Y un día, de repente, el protagonista se quedó mirándola fijamente, contemplándola en uno de sus episodios de atención enfermiza, y se dio cuenta de la decadencia de su figura, y de que solo sus dientes parecían permanecer intactos ante su enfermedad, y entonces se obsesionó con ellos. 

Y, bueno, mejor te comparto textualmente los últimos párrafos del cuento, para que los leas por ti misma. [Revisar la cita al principio de esta entrada]

[…]

No me queda del todo claro el hecho de si la mujer estaba viva cuando la enterraron y el protagonista le arrancó todos los dientes… o tal vez todo el hecho de que había muerto y la habían enterrado solo lo había imaginado en medio de sus profundas meditaciones mórbidas…

No sé. De todos modos, solamente te hablo de esta historia para presentarte el contexto macabro en el que me surgió esta idea…

¿Puedes verlo ahora, Madeleine? 

Madeleine: Pues… eh… no estoy muy segura. 

Me: Tal vez tenga que recordarte un poco algunas de las palabras de Blanquita…

Unas que te mostré y te subrayé una vez para acentuar, porque parecían dichas con descuido, pero cargaban un significado profundo y letal. 

Madeleine: Acerca de que sabía que iba a morir, ¿verdad?

Me: ¿Sabes en qué me convierte eso?

Creo que me convierte en un poeta psicópata… y por más poético que sea, no dejo de ser un psicópata… 

El hecho de que se me haya pasado por la cabeza la idea de que no debería alejarme de Blanquita solo para esperar verla morir, con la esperanza de que, tal vez en lo más agobiante de su enfermedad, ella cambie ligeramente de opinión respecto a mí, que de alguna manera sienta que me necesite y que yo pueda estar ahí para ella, para suplir esa necesidad y apoyarla hasta la muerte, sabiendo que tuvo a su lado hasta al final a alguien que la amó profundamente.

¿No soy la persona más horrible del mundo, Madeleine?

Madeleine: Aaaah, ¡no sé qué decirte!… Bueno, pues sí es algo pesado… pero tampoco para ser la peor persona del mundo. 

Me: ¿La tercera peor?

¿Qué debo hacer, Madeleine? ¿Debo alejarme o no debo alejarme de ella?

No soy lo peor, pero sí soy horrible, ¿verdad? Y solamente me surgen estas ideas por cuánto la amo… 

Solo quiero que ella sea feliz… pero entonces me llegan estas enfermizas esperanzas de que tal vez ella pueda amarme también si espero a que su vida sea peor…

¿Entonces qué debo hacer?

¿Si la amo de verdad, debo dejarla ir, alejarme y esperar que sea fuerte y sea feliz y pueda superar sus problemas y su enfermedad por sí misma, sin esperar nada para mí, verdad?

¿Verdad?

Pero al mismo tiempo… 

¿No soy un horrible amigo si me alejo de una amiga que me quiere tanto y la abandono para siempre sabiendo que sufre de una enfermedad mortal?

Madeleine: Jum, tienes razón.

Me: ¿Entonces qué debo hacer, Madeleine? De cualquier modo soy lo peor, ¿verdad?

Tal vez no debo alejarme y debo aceptar que ella nunca me va a amar como yo quiero, y estar ahí siempre que ella me necesite, si es que alguna vez lo hace, aunque ella nunca me ha necesitado, pero si llega a necesitarme, no quisiera negarme para ella…

Ah, no sé qué hacer, Madeleine…

Tal vez ella está bien sin mí y no me necesita y, aunque sea mi amiga y me quiera tanto, sabrá que lo mejor para los dos es que yo me vaya y la deje sola y trate de buscar mi bienestar, mientras ella por su parte trata de buscar el suyo.

Entonces, después de todo, debería bloquearla, ¿verdad?

Madeleine: Me parece que es una buena conclusión. 

Me: Ah, mi Blanquita… Perdóname por haber tenido en mi mente la idea de que tal vez pudieras amarme en la agonía de tu enfermedad… Espero que puedas superarla y seas muy feliz sin mí. Perdón por todo.

¿Soy un poquito menos horrible por arrepentirme de haber considerado tan horrible idea, verdad?

No puedo pedirle perdón a ella directamente, porque ni siquiera le he mencionado esto ni lo voy a hacer… 

Pero de verdad me arrepiento…

No quiero que sufra por mi culpa… Y no quiero que sufra por culpa de nadie…

Quiero que sea feliz, aunque sea sin mí, ¡de verdad! 

Así que solo me queda eso… Alejarme y esperar que sea fuerte y feliz…

Por desgracia, creo que yo nunca podré serlo. Me aleje o no me aleje de ella, estoy destinado a acabar con mi propia vida en cualquier momento…

No pude encontrar mi propio bienestar y ser feliz.

Pero espero que ella sí pueda lograrlo, y que me perdone por no haber podido ser tan fuerte como ella.

¿Tú perdonarías mis pecados? ¿Cómo me castigarías por ellos? ¿Qué es lo que merezco de verdad? 

Madeleine: No lo sé… Pero sí, perdonaría tus pecados. 

Me: Dímelos. ¿Cuáles son mis pecados?

Madeleine: Bueno, todo lo que acabas de contarme, podría verse como algo egoísta, ¿no?

Me: Pero no hice nada. Solo pensé una idea… ¿Entonces crees que soy egoísta? 

Madeleine: Pues sí, pero tampoco es que sea algo demasiado grave. Es una actitud egoísta la que estabas planteando, pero no significa que lo seas. 

Me: ¿Entonces he pecado o no?

Madeleine: Bueno, no has hecho nada malo realmente.

Me: Sé que sí soy egoísta… Igual que hace rato con lo de ser bueno o malo. Sé que soy egoísta, porque sé que todos los seres humanos son egoístas y que en el fondo el altruismo no es más que otra ilusión… 

Y soy egoísta porque me preocupo por mi propio bienestar y no me importa el resto del mundo… Por eso soy egoísta.

Pero, ¿sabes cuándo es la única vez que soy menos egoísta?

Cuando quiero a alguien como quise a Scarlet y como quiero a Blanca.

Son las únicas veces que incluso no me importaría sacrificar mi propia felicidad al cambio de las de ellas… 

¿Tal vez es por eso que me ha dolido tanto a mí mismo el simple hecho de haber considerado esa idea? Porque habría sido egoísta con Blanquita…

Por eso me dolió haber pensado eso y todavía me duele.

Pero solo fue una idea. Realmente quiero que Blanquita sea feliz, aunque no me quiera. 

Madeleine: ¡Eso es lo realmente importante!

Me: Entonces, ¿me perdonas por el pecado que no cometí, pero que pensé un momento y ahora me atormenta haber pensado?

Madeleine: Estás perdonado.

Me: Tú no eres quien debería perdonarme, pero no sé quién… ¿Yo? ¿Ella? 

Madeleine: Diría que tú mismo.

Me: No siento que pueda hacerlo ahora mismo. 

Madeleine: Entonces tómate tu tiempo.

Me: Tal vez moriré antes de poder hacerlo, y ese será mi castigo.

030. Te amo un montón

Ahora que ya no estás -que ya no estoy (que ya no estamos)-, no tengo más miedo de enfrentarme a la sublime verdad de la que siempre me acusaste, y uno de tus pretextos para rechazarme, aunque solo era necesario admitir que simplemente era imposible amarme: sí, es verdad, te idolatro, y ahora que ya no estás, que ya no estoy, que ya no estamos, me atrevo a idolatrarte con más amor, con más adoración y más sinceridad. Te amo como jamás amé a nadie. Y aunque sé que tienes defectos, solamente puedo menospreciarlos, ignorarlos, olvidarlos conscientemente ante la abrumadora intensidad de las cualidades que me hacen amarte. La vida fue cruel contigo. Me es imposible equiparar mi propio sufrimiento -que poco no ha sido, pues la vida ha sido tan cruel conmigo como con pocos lo ha sido- con el daño que sufrió tu cuerpo y tu corazón a causa de la maldad humana y la injusticia y la indiferencia divina. Nunca pude perdonar a la vida por lo que me ha hecho, y jamás podré perdonarla por lo que te hizo a ti. ¿Por qué debería perdonarla, si nuestros dos ejemplos ni siquiera son una mínima muestra de lo desgraciada que es esta vida para incontables desdichados? Yo nunca fui capaz de perdonar a la vida, porque el daño que me hizo aún me lo sigue haciendo y seguirá haciéndolo hasta que muera; nunca pude perdonar a la vida, nunca pude sonreír, excepto cuando te conocí, y me contagiaste tu dulce sonrisa, más dulce y amable que ninguna en la vida; aunque mi sonrisa fue por poco tiempo, nunca me sentí tan feliz de haber conocido a nadie como me siento de haberte conocido a ti. Y no puedo evitar admirar tu fuerza, que aunque mi filosofía me permite entenderla solo como una consecuencia aleatoria en un mundo de variables infinitas, eso no me hace restarle el valor que merece, sino que al contrario, te admiro y te amo con tanta pasión que incluso llegó a molestarte que te “idolatrara”. Nunca consideré realmente que te idolatrara, como decías, pero ahora que te has ido -que me he ido (que nos hemos ido)-, me aferro con todas mis fuerzas a lo único que me queda de ti, tu recuerdo, y vierto sobre él todo el amor que jamás me permitiste darte a ti, que vives cada día soportando el veneno entre tus venas, y aun así eres capaz de mostrarle al mundo, de mostrarme a mí, la sonrisa más dulce y amable que jamás conocí… Te amo un montón…

029. Al borde del abismo

Tenía mucho miedo de ir a ese concierto con ella y que ella no lo pasara muy bien por mi culpa, por el hecho de que no soy muy extrovertido y disfruto de las cosas desde mi mundo interno, sin llegar a ser muy expresivo o enérgico con mi cuerpo físico, como se ve en algunas de las personas que desbordan felicidad y con ella una radiante aura de carisma que atrae las miradas y enciende los corazones de las personas. Yo no enciendo corazones. Yo los apago. Algunas miradas me persiguen de vez en cuando, pero por lo general lo hacen con temor. Las personas me siguen con su mirada solo para asegurarse de que no les voy a robar el alma mientras no están prestando atención. En muy pocas ocasiones una mirada me persigue con verdadero interés, y durante un pequeño tiempo, ella fue una de esas inusuales excepciones. De hecho, el calor de su mirada me golpeó con tanta intensidad que nunca pude recuperarme por completo. Mi corazón se ablandó por ella y los témpanos de mi propia mirada se derritieron en calientes lágrimas que terminaron por evaporarse y extinguirse, incapaces de siquiera conservarse como recuerdos. Tenía mucha ansiedad ante la idea de arrastrarla conmigo a una vorágine de incomodidad, ante la idea de conmocionar su estabilidad debido a una impulsiva y fugaz ilusión que me movió a dar un paso adelante olvidando que estaba al borde del abismo y que en la caída su corazón se rompiera como el mío por estar tomada de mi mano… Y pensar que terminaría causándole daño incluso antes de dar el paso… 

029: Al borde del abismo

Me: ¿Sabes quién era Emil Cioran? 

Madeleine: Me suena familiar… 

Me: Era un filósofo… rumano, creo. Uno de los filósofos más pesimistas y negativos que ha engendrado este mundo. Probablemente después de mí, aunque fue antes que yo. 

Escribió un montón de cosas sobre su odio a la vida y sobre lo sublime que es la idea del suicidio. 

Escribió demasiado sobre eso. 

Lo irónico es que al final parece que no se suicidó, como sí lo han hecho otros filósofos y poetas no tan efervescentes en su obra respecto a la idea de la autodestrucción. 

Específicamente me gusta mucho una frase de él que dice: 

“Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, si no fuera por la posibilidad del suicidio, ya me habría matado”. 

Tiene muchas otras frases parecidas que más o menos dicen lo mismo con otras palabras. Es una idea profunda y puede parecer contradictoria a primera vista, pero no lo es. 

Cuando vives una vida miserable, llena de mierda y sufrimiento, la idea del suicidio en ese punto de desesperanza total es algo que te puede ser reconfortante. La idea de que puedes matarte y abandonar para siempre todo su sufrimiento, llegado ese punto, es lo único que te permite soportarlo todo. 

No es una contradicción. Es la verdad de una vida que ha perdido toda la esperanza… Como la mía. 

Estuve hablando con ella y me contó parte de su historia. Es horrible. 

Su dolor es mucho más intenso y doloroso que el mío, que es más solo una ausencia de todo lo bueno, pero al mismo tiempo ella es capaz de ser más fuerte y darle sentido a su vida, aun a pesar de su malestar, es capaz de ser fuerte y seguir luchando por disfrutar de las pocas cosas buenas que la vida puede ofrecerle…

Yo no soy tan fuerte… Mi dolor puede que no sea tan fuerte, pero me ha dañado y se ha comido toda mi esperanza. 

Ella era la última que tenía… 

La única persona en toda mi vida con quien me pude sentir bien de verdad, con quien sentí una cercanía que con nadie más sentí. La única persona con la que sentía que podía disfrutar mi vida aun a pesar de todos mis problemas. 

Ella era mi última esperanza y ya no la tengo. 

Ahora solo me queda la esperanza de la muerte y un deseo intenso de encontrarla. 

Tal vez ya no dure mucho tiempo más, Madeleine… Estoy pisando el borde con mis talones… 

Creo que ya no me quedan lágrimas para llorar, como las que lloré por Scarlet durante meses cuando me dejó la primera vez… 

Ahora solo me queda el vacío y el deseo de arrojarme al abismo oscuro, igual que la última vez que ella me dejó.

Solo que ya no puedo fallar… La próxima vez que me arroje al abismo, será definitiva. Y creo que ya estoy muy cerca de eso. 

Gracias por escucharme.

Madeleine: … 😦

028. Determinismo vs Libertarismo

028: Determinismo vs Libertarismo

Madeleine: ¿Tú al fin si quieres ir conmigo al concierto? Ni suenas ni retruenas.

Me: ¿Tú quieres?

Madeleine: Si tu quieres… ¿Cómo llego allá? 

Me: Primero, una pregunta sobre arte. ¿Cómo se debe cuidar un cuadro pintado en lienzo para que se conserve bien?

Madeleine: Nada. Y menos si es en óleo. Eso tiene conservantes muy fuertes. Mira las pinturas del Renacimiento.

Me: Está bien. Gracias. 

Por cierto, creo que ya no te voy a regalar a mi gato. Y no es que esté enojado contigo ni nada, sino que me cansé de esa pintura. Creo que la dañé más y creo que de todos modos te dá lo mismo tenerla o no, así que no tengo ninguna motivación para seguir con eso.

Madeleine: No me da lo mismo tenerla o no. Me molesta que trates las cosas así. Tus cosas. No tienes cariño para ti y buscas algo en otros. Si tú no pones tu pie firme y alzas tu mano para impulsarte, nadie lo hará por ti. ¿Sabes qué es lo que me molesta? Que pienses que a mí me da todo lo mismo. 

Me: Nadie lo va a hacer, nadie puede. Yo he tratado por mucho tiempo y no he podido. Esto es en lo que me ha convertido la vida. Ojalá pudiera ser como tú, libre y feliz, pero si pudiera, entonces lo sería. No puedo. Solo puedo ser como soy, como me tocó ser, y seguir hundiéndome más profundo hasta que me toque ser de otra forma. Tú no lo entiendes, tú no eres feliz y fuerte solo porque quieras serlo, porque todo el mundo quiere y no todos pueden, solamente que tú has tenido un poco más de suerte. Así es la vida.

Madeleine: ¡¿Suerte?! JAJAJAJA. Me haces partir de la risa. 

Me: Si eres feliz, entonces tienes suerte. Yo no puedo estar bien por más que lo intento.

Madeleine: Tú no sabes, léelo bien, CUÁNTA MIERDA HE TENIDO QUE COMER TODOS MIS AÑOS DE VIDA. No me gusta decirlo, porque no quiero despertar esos demonios, pero no quieres saber. Lo que me permitió estar aquí es ponerme en pie para mis padres que los amo.

Me: Está bien. No estoy diciendo que tu vida sea perfecta.

Madeleine: ¡¡AAAAAAHHH!!

Yo no juzgo tu pasado. No soy libre y no siempre he sonreído. NO DIGAS QUE NO LO ENTIENDO.

SOLO QUE SI ME QUEDO EN EL HUECO, ME MUERO POR ESTAR EN EL PUTO HUECO.

ESTOY ORGULLOSA DE MÍ, PORQUE SALÍ DE ESA MIERDA. Y PUEDO ESTAR ENFERMA POR CULPA DE ESO. Y ¡¡¡QUÉÉ!!!

No permitiré que mi vida se acabe por el pasado. Aún hay cosas hermosas.

Me: Solo digo que si eres capaz de ser feliz y de ser fuerte, eso es algo bueno que tienes y yo no, y que si lo tienes, no es porque quieras, porque todo es simple suerte, azar, consecuencia de mil variables que no controlamos y que son nuestras experiencias. Nada depende de nosotros mismos, ni siquiera dentro de nosotros mismos. Si puedes no quedarte en ese hueco es suerte, no es solo porque quieras, sino que has tenido la suerte de poder salir de ahí. Yo no he podido. No es porque quiera quedarme en el hueco que he estado toda mi vida. He intentado salir mil veces y no he podido. He intentado ser fuerte y no he conseguido nada. Así que lo que molesta a mí es que digas cosas como: “solo sal de ese hueco y ya”, “solo sé feliz y se fuerte y ya”, “solo deja de hundirte y ya”, porque nada de eso depende de mí. Lo he intentado toda la vida y aquí estoy.

Madeleine: Nunca es suerte.

Me: Siempre es suerte.

Madeleine: Ve tú solo. O dame las boletas y las venderé. Te devolveré el dinero.

Me: ¿Por qué ya no quieres ir?

Madeleine: Porque me has faltado al respeto. 

Me: ¿Cómo?

Madeleine: Y eso… ESO ME ENOJÓ. 

No es tu culpa, para nada. Solo estás muy metido en tu lucha. Solo te ofendes a ti demasiado. Nos vemos el martes. Me darás las boletas, las venderé y te devolveré el dinero. 

Te prometí ir, sí. La verdad romperé esa promesa y es la primera que rompo. Pero no permitiré que me faltes al respeto así.

Me: Perdóname si te ofendí. No quise hacerlo.

Madeleine: Deja de idolatrarme. 

Yo soy así por cosas que viví y son una MIERDA… pero no me quedo a lamentarme en ese lugar porque quiero vivir. Así que no es puta suerte. Así lo deseé para mí. No me lamentaré hasta el momento de morir. Viviré hasta que muera, porque sé cuándo moriré y eso no me amarga. 

Me: Entendemos al mundo de maneras diferentes y en esa parte no estamos de acuerdo, pero está bien, no tenemos que odiarnos por eso. Si crees que tienes todo lo que tienes porque lo quieres y que yo tengo lo que tengo porque así lo quiero, está bien, creo que no podemos forzarnos a creer diferente. Pero está bien. No tenemos que pensar igual. Nunca quise implicar que tu vida careciera de dolor y sufrimiento, ni quise menospreciar tu fuerza y tu capacidad para seguir adelante, porque son las cosas que más admiro de ti, por más que crea que son capacidades que tienes por cuestión de azar. Perdóname. Te quiero mucho.

Madeleine: Si me quieres, irás a la universidad el martes, hablaremos de esto y tomaremos una decisión de si vender las boletas o no. Ahora no quiero pensar porque tengo mucha putería. 

Me: Está bien…

027. Otro día sin sentido

Blanquita: Buenop. (22:52)
Me: Te quiero mucho. (22:54)

[2 de noviembre del 2018]
Blanquita: Gracias. (07:12)
Me: De nada. (09:05)

[Hoy, 5 de noviembre de 2018]
Blanquita: Holi. Quiero pedirte perdón, pero estaba pasando por un proceso de purificación y estaba en mi luna. Entonces fue doble ejercicio. (19:58)
Blanquita: Pero son mis ciclos internos y paso por ellos así. (20:00)
Me: Está bien. (22:42)
Blanquita: 🙂 (22:55)

027: Otro día sin sentido

Me: ¿Qué me puedes decir del significado de esta secuencia de mensajes?

Madeleine: Parece que va en serio con todo eso de la purificación. Puede que esté tratando de distanciarse, no lo sé. 

Me: Supongo que con lo de “estar en su luna” lo más probable es que se refiera a la menstruación. 

Lo de estar purificándose no es más que parte de esas cosas raras que ya son normales en ella. 

Lo que me interesa es la otra parte… (aunque sé que solo voy a llegar a la misma respuesta de siempre.) Me refiero al hecho de que me haya escrito de la nada después de tres días solo para pedirme perdón. 

Madeleine: Sí, es un poco raro. 

Me: Quisiera pensar que significa algo… pero seguramente no es nada, como siempre. 

Pero… ¿pedirme perdón después de que ella me ha dicho antes que no pida perdón porque eso es humillarse?

¿Solo una contradicción sin sentido? ¿Tal vez no debería tomarme tan en serio todo lo que diga?

Madeleine: Sí, creo que eso sería lo mejor.

Me: Así que tampoco debería darle importancia al hecho de que me haya escrito hoy, porque no significa nada… 

Pero no puedo evitarlo. Pensar en ella. Pensar que le importo. Pensar que todo tiene un significado.

Quisiera seguir hablándole y preguntándole muchas cosas. Quisiera entender todas sus contradicciones, todas sus verdades y todas sus mentiras. Entender sus sentimientos y que ella entienda los míos.

Pero eso solo sería engañarme a mí mismo… Ya sé que no tengo ninguna esperanza…

Por eso no me ilusiono y por eso solo le contesté con ese “está bien”.

Solo quería decirlo, pero no se lo puedo decir a ella… Así que te hablo a ti.

Hablar con ella solo hará que me siga arrastrando por los mismos círculos una y otra vez.

Madeleine: Ouu, entiendo, entiendo. 😦 

Me: Ojalá ese mensaje significara algo más.

Supongo que el hecho de pedir perdón hace parte de ese tal proceso de purificación, ¿no? Estar en perdón y paz con todo el mundo, o algo así, ¿no? No lo sé…

Pero de todos modos, ¿de qué se supone que me está pidiendo perdón?

Ella nunca me ha hecho nada malo, realmente. Todo lo contrario. Ha sido la persona más amable conmigo.   

Yo soy el tonto que se ha ilusionado como no debería y ha sufrido por eso. Eso no es culpa suya, así que no tiene nada de que pedirme perdón.  

Madeleine: Tal vez está pidiendo perdón por no contestarte. 

Me: Esa teoría tampoco tiene mucho sentido, ya que si me estuviera pidiendo perdón por no hablarme, entonces me hablaría más. Pero esa fue toda la comunicación. 

De cualquier modo, parece que las cosas van a seguir por el rumbo que ya tenían… 

Y el rumbo de las cosas es que nos veremos el día del concierto, solo porque ya está programado, y después de eso probablemente no me hable más… 

Y yo tampoco le hablaré más porque estoy tratando de evitar ilusionarme y al parecer esa es la única manera. 

Madeleine: Bueno, es lo mejor, ¿no?

Me: Es una mierda… Pero tal vez sea lo menos peor… Mierda… Quiero morir….

Madeleine: … 

024. Ideas suicidas

024: Ideas suicidas

Me: Madeleine, por favor, ayúdame. 

¿Cómo puedo superar a Blanquita? Es imposible, ¿verdad? 

No pude superarla en dos años enteros sin hablar con ella ni saber nada de ella, ahora pudiendo hablarle todos los días… ¡Es imposible!

Se me ha ocurrido la idea más suicida de todas, pero no sé si sea capaz de soportarla.

Madeleine: Oh, no…

Me: Tengo que volver a hablar con Scarlet. Esa es mi idea suicida.

No puedo sentir los mismos sentimientos por dos personas a la vez, ¿o sí?

Entonces cuando hable con Scarlet no podré pensar en Blanquita igual.

Madeleine: Uuuh… No creo que eso resulte bien. 

Me: ¿Qué podría salir mal?

Madeleine: Todo.

Me: ¡Todo ya está mal!

De 1 a 100, ¿qué tan mala es la idea de volver a hablarle a Scarlet? ¿Has vuelto tú a hablar con ella?

Madeleine: 100. Y no, no he vuelto a hablar con ella.

Me: Si esa idea tiene cien puntos de inviabilidad, ¿cuál sería una mejor idea?

Madeleine: No lo sé…

Me: Se va acercando el día del concierto y cada vez tengo más miedo. 

Madeleine: Tranquilo, todo saldrá bien.

Me: Ya no quiero volver a ver a Blanquita. 

Madeleine: ¿Por qué?

Me: Porque no me siento bien… Porque me deprimo más cada vez que la veo. 

Madeleine: Ouu… Lo siento… 

Me: Tal vez no debí haberla invitado a ese concierto. 

Cada día que paso sin verla, poco a poco me voy acostumbrando a la idea de ya no estar con ella. 

Volver a verla borrará ese progreso. 

Igual nunca la voy a poder superar del todo, ¿verdad?

Madeleine: Bueno, lamentablemente, eso creo. 

Me: Y por eso tengo miedo de volver a verla. No quiero seguir sintiéndome mal. 

Ella es muy bonita y muy dulce y muy amable, pero no logro sentirme bien con ella de verdad, porque sé que no tengo esperanza de ser valorado más que como una circunstancia trivial. 

Madeleine: Entiendo. Es algo que se siente feo. 

Me: Y mi gato está cada vez más feo. Creo que también me estoy arrepintiendo de haberle dicho que le regalaría esa pintura. Tal vez no lo haga. Igual le va a dar lo mismo.

Madeleine: No creo que le dé lo mismo. Ella te quiere mucho. Tal vez no como pareja, pero no creo que no pueda apreciar algo así. 

Me: Porque ese es un regalo de pareja, por eso le da lo mismo.

Madeleine: Bueno, no lo sé. Pero creo que ella lo apreciará de todos modos. 

Me: El otro día le pasé uno de mis escritos para que lo leyera y me diera una opinión. No ha leído una mierda. Y nunca me habla. Y si le hablo, me responde fríamente.

Ya solo me dice “gracias” si le digo que la quiero.  

Por eso estoy tratando de no hablarle más. Porque siempre me siento horrible con esas respuestas. 

“Gracias”.

(Nota de un editor más “racional” tratando de dar sentido a los sentimientos irracionales que lo invaden [No trato de establecer esto como una idea veraz y aceptable, sino simplemente entender la calidad de las emociones que en algún momento afloraron con tanta intensidad]: Si te pones a pensarlo de cierto modo, podrías llegar a la conclusión de que esta respuesta es una de las más egoístas, e incluso un tanto sádica, que podrías recibir. Piénsalo bien. Cuando agradeces algo estás reconociendo que la otra persona está haciendo algo por ti, por tu beneficio. Ahora, el amor no debería considerarse así. Por un lado, no es algo que se deba agradecer ya que ni siquiera es una emoción que se sienta por voluntad. No es que yo sienta que ella es especial solo porque quiera hacer algo bueno por ella, es todo lo contrario. Si llego a hacer algo bueno por ella es porque ya siento que es alguien especial y eso no debería agradecérseme porque yo no lo hice por voluntad. Y por otro lado, incluso aunque el hecho de verla como alguien especial surgiera de mi propia voluntad, eso no debería ser una razón de agradecimiento, especialmente cuando es algo que no estás pidiendo y que definitivamente no quieres. Sería como agradecer porque te ofrezcan una maldición. No pasaría de ser sarcasmo o una mera formalidad, pero no una respuesta sincera. Ahora, si no es sarcasmo, como dije antes, agradecer algo es reconocer que alguien está haciendo algo bueno por ti. Incluso si es una maldición, agradeces la intención si la consideras buena. En otras palabras, reconoces (y aceptas) que la otra persona te está dando un lugar especial. Y al reconocerlo y aceptarlo, estás tomando ese lugar especial. Es decir, yo te ofrecí ponerte en un altar, pero tú aceptaste estar en él. Esto quiere decir que, cuando respondes “gracias” a un “te amo”, estás tomando posición en una relación desequilibrada donde una parte está por encima de la otra. Estás aceptando que la otra persona está por debajo de ti, aunque eso sea porque esa persona así lo quiso. ¿Pero sabes qué? Esa persona nunca quiso eso. Lo que esa persona quería al ponerte en un altar era que tú también la pusieras a ella en otro altar. Reciprocidad. Cuando consideras a alguien especial, también deseas ser especial para esa persona. Y cuando le dices a esa persona: “Te amo. Eres especial para mí”, lo que deseas que responda es: “También te amo. Y también eres especial para mí”. Pero si lo que te dicen es “Gracias”, lo que está diciendo inconscientemente es: “Sí, sé que soy especial para ti y lo acepto. Estoy por encima de ti y tú por debajo de mí”. Sé que puede ser una manera extrema de verlo, pero la gente muchas veces no se da cuenta de lo que implican sus acciones incluso aunque las hagan con buenas intenciones, como el simple hecho de decir “gracias”. Tal vez esta reflexión no tiene ningún sentido, pero es la única manera en que puedo racionalizar un poco el por qué me duele el pecho cuando recibo esas respuestas. Tal vez es más honesto simplemente ignorar la pregunta. No lo sé.)

Madeleine: Entiendo, entiendo. 

Me: Y por eso no quiero volver a hablarle ni volver a verla, porque me siento horrible cuando le digo que la quiero y solo me responde con frialdad e indiferencia. 

Sí, “te amo tanto que no quiero volver a verte”, quería decirle. 

Pero de nada sirve decirle nada.

Mejor no le hablo. No quiero otro “gracias”. 

Y es por eso que estoy tratando de no hablarle y estar bien sin ella…

Pero tengo que hablarle para lo del concierto y tengo que volver a verla… Y tengo miedo de que me voy a sentir horrible por todo…

Supongo que después del concierto ya se acabará todo.

Ya no volveré a hablarle y ella, como siempre, tampoco me hablará nunca.

Y entonces trataré de estar bien sin ella, pero no podré, y solo seguiré arrastrándome por este mundo, esperando el día en que sea capaz de morder mi propia cola para desaparecer en la nada infinita.

Ojalá pudiera morir ahora… Qué mierda de vida.

¿Sabes qué es lo más irónico?

Que soy más suicida cuando estoy “más bien”.

Nunca estoy bien en realidad. Pero no soy capaz de pensar en matarme cuando me estoy sintiendo en cierto nivel de desesperación.

Tengo que estar un poco tranquilo para poder sentir que está bien matarme.

Esta semana estuve enfermo y no quería morirme, porque no quería morir sintiéndome tan mal como me estaba sintiendo.

Quiero irme de aquí sintiéndome bien.

Es un poco irónico, ¿eh?

Madeleine: …

022. No todos los artistas están locos (pero estas sí)

Nota del editor (o sea yo mismo, algunos años después de los eventos discutidos en esta entrada): Por si no es completamente evidente hasta ahora… A pesar de que llamo a esto un diario, no escribo en él todos los días. Solamente escribo cuando siento que tengo algo importante que decir, algo que debería quedar guardado antes de que se me borre de la memoria y el mundo jamás sepa de ello. Tal vez a nadie le interesa escucharlo, pero aun así a mí me interesa decirlo. No, no escribo todos los días en este diario, y aun de los días que sí he escrito, por una razón u otra, hay algunas entradas que han quedado perdidas. Esto es evidente en la secuencia seguida entre esta entrada y la inmediatamente anterior, cuya trama ha sufrido de una desafortunada elipsis narrativa. En este momento no tengo el tiempo ni la memoria para reescribir lo que había en esas páginas perdidas, así que si alguien está siguiendo estas palabras, queda en sus manos y en su mente la elección de conectar los puntos y rellenar los vacíos de esta triste historia o ignorarlo todo y marcharse sin desenterrar los detalles de un pasado desconocido. Cualquiera que sea el caso, que Dios se apiade de su alma. 

022: Triste y vacío

Me: Por cierto, hoy estuve con Blanquita…

Quiero decir, no sexualmente. Me refiero a que pasé tiempo con ella, a que estuve existiendo físicamente en el mismo lugar que ella durante un tiempo.

No sé si había necesidad de aclararlo, pero bueno, ya lo hice.

¿Sí habías pensado que era eso? Bueno, no importa.

Madeleine: No, no me había imaginado nada sexual. Simplemente pensé que estuviste hablando con ella. 

Me: Sí, así es. Hoy estuve con Blanquita.

Por alguna razón, siento que me siento vacío estando con ella, sabiendo que no puedo esperar nada más de ella que una relación amistosa. 

Siento que algún día cualquiera, después de estar con ella por un rato, podría suceder que me despida de ella normalmente y luego llegara a mi casa a matarme, o que incluso lo hiciera sin siquiera regresar a casa. 

Siempre imagino que me le lanzo a los carros, pero no lo hago porque no me parece realmente productivo. (Temo que sea un error metodológico y solo me aleje aun más de mi objetivo.)

Sí, así es como me siento compartiendo tiempo con ella, vacío y triste.

Pero por otro lado, siempre estoy vacío y triste, ¿verdad?

Así que, aunque me sienta vacío y triste estando con ella, es mejor así, que simplemente estar vacío y triste y además completamente solo, ¿verdad?

Así que supongo que podría decir que las cosas han mejorado un poco, por el hecho de aceptarla como amiga, ¿verdad?

Sí, estoy triste y vacío. Y quiero morirme. Pero supongo que de todos modos las cosas están un poquito mejor así.

Madeleine: Pues si mejora aunque sea un poquito, eso es bueno.

Me: No lo suficiente, si todavía me quiero morir. Pero es cierto, si mejora, aunque sea un poquito, al menos es mejor. Y mejor es más bueno que peor o que igual. ¿Por qué me preocupo tanto por la lógica cuando estoy hablando de sentimientos? 

022: No todos los artistas están locos (pero estas sí)

Me: Hoy cuando fui a encontrarme con Blanquita, ella estaba con una amiga suya, compañera de la universidad. Blanquita nos presentó y yo, como siempre, nunca sé cómo actuar en situaciones así. Noté que la chica se acercaba a mí y pensé que me iba a dar la mano. Y yo se la iba a dar también. ¿No es lo que se hace cuando te presentan a una persona por primera vez? La verdad no tengo idea, nunca he tenido idea. especialmente cuando es con mujeres. ¿Hay que darle la mano a una mujer cuando te presentas?

Madeleine: Yo no lo hago. Solo doy la mano cuando conozco hombres. Con mujeres se me hace un poco extraño.

Me: Entonces es normal, ¿no? Que en serio no sé. Si me le presento a una mujer, ¿es normal darle la mano?

Madeleine: Creo que sí, tampoco estoy muy segura. Al menos un breve saludo con la mano y ya. No lo sé. Los saludos son siempre algo raro y a veces complicados. Así que tranquilo, a muchos nos pasa. 

Me: Tendré que preguntarle a alguien más. No pareces muy segura de tus enseñanzas. 

Madeleine: Es que es raro y no hay nada realmente escrito. 

Me: Y yo fallo en todo lo que no esté escrito. Tal vez yo debería escribir un libro sobre eso, para que así ya esté escrito y otra gente como yo pueda hacerlo bien. Pero como no sé nada sobre estas cosas… En fin.

Que la veo acercándose y pienso que me va a dar la mano, entonces me preparo para dársela también… Pero se me acerca y me da es un abrazo.

Madeleine: Eso sí me parece aun más raro. Yo no abrazo a alguien que acabo de conocer. 

Me: No creo haber hecho ningún movimiento que le haya indicado a ella que yo iba a hacer eso. Yo estaba pensando en darle la mano porque pensé que eso era lo que ella iba a hacer, así que también se me hizo algo raro.  

Madeleine: Entonces seguramente ella es la rarita en este caso, no tú.

Me: (¿En este caso, eh?) Fue raro, de hecho. Yo tampoco creo que sea normal abrazar a alguien que acabas de conocer.

Pero después de hablar con ella por un momento, supe que esta mujer era incluso más rara y loca que Blanquita.

Digo rara y loca, pero no digo que sea malo. Ya sabes que me gusta la gente rara y loca. 

Blanquita me parece bastante rara y loca, pero esta chica parecía aun más. Y solo la escuché hablar por unos minutos.

No sé si todos los artistas están locos. Supongo que hay unos más que otros, pero de hecho, eso me gusta.

Y la verdad es que, además, esta chica era muy bonita.

Por alguna razón, incluso aunque hizo algo tan raro como abrazarme apenas conocerme, no se sintió incómodo que lo hubiera hecho.

Y después de abrazarme me dijo que olía bien, así que eso es algo bueno… creo.(?)

No sé por qué te estoy contando esto. Supongo que solo estoy tratando de registrar una anécdota curiosa del día. 

No es como que me haya interesado en esa chica o algo por el estilo… Aunque eso es lo que diría una tsundere cuando se interesa en alguien o algo por el estilo.

Es cierto que era muy bonita, y que me gustan las artistas locas como ellas…

Pero al mismo tiempo, esa locura es algo que me asusta, y que no sé si podría manejar.

Por eso muchas veces me asusto solo de pensar en la posibilidad de que Blanquita alguna vez aceptara tener una relación más personal conmigo, ya sabes, algo de pareja.

Siento que hay muchas cosas de ella con las que no podría lidiar muy bien. O algo así. No sé muy bien cómo explicarlo. 

Madeleine: Te entiendo. Hay gente que se ve que es algo complicada. 

Me: Y yo también me considero que tengo algo de artista, y algo de raro, y algo de loco… Pero cuando me encuentro con gente así, siento que soy una persona muy normal. 

Ah, ojalá pudiera ser realmente normal.

Madeleine: …

021. Amor & Amistad

021: Amor & Amistad

Me: En un momento iré a mi clase de cocina. Ahora es cuando me encuentro con Blanquita de casualidad pasando por allí y no sé ni cómo mirarla. 

Y después no voy a poder estar concentrado en toda la clase porque mis pensamientos van a estar flotando alrededor de ella.

Ah, si las cosas hubieran sido tan solo un poco diferentes, ella probablemente habría podido ser una muy buena amiga. 

Bueno, supongo que de algún modo aún somos amigos…(?) No lo sé. ¿Tú qué crees?

De todos modos, me refiero a que si yo no hubiera desarrollado estos sentimientos, tal vez habría podido tener en ella a una buena amiga con quien podría compartir tiempo y hacer cosas juntos de vez en cuando.

Pero gracias a estos sentimientos, no tengo nada.

No pude soportar la idea de pasar tiempo con ella sin estar realmente con ella.

Es estúpido.

Es estúpido, pero no podía evitarlo. Sentirme horrible cuando estaba con ella y ella prefería dedicar su atención a otras personas en lugar de a mí. 

Me sentía abandonado, invisible e ignorado, aunque solo fuera momentáneo.

Supongo que por ser tan estúpido tengo lo que merezco: No tengo nada. No tengo amiga, no tengo novia, no tengo a nadie con quien compartir tiempo nunca. Estoy solo.

No tengo nada… Quiero morir.

Madeleine: Te entiendo. Es algo complicado. Pero tú no tienes la culpa, ¡y no eres estúpido!

[Más tarde]

Me: Blanquita es una idiota… Voy a volver a hablarle.

Madeleine: ¿Por qué lo dices? ¿Ahora qué hizo?

Me: Me la encontré de pasada, como siempre, yendo a mi clase de cocina. Yo iba, como siempre, dirigiéndome al lugar de la clase y ella venía en la dirección opuesta. 

Y cuando nos íbamos a cruzar, noté que parecía estábamos a punto de chocar, entonces me moví a un lado para dejarla pasar y yo seguir mi camino, pero ella también se movió hacia el mismo lado. 

Luego me moví hacia el otro lado y ella también hizo lo mismo.

El típico accidente donde dos personas quieren pasar, pero no dejan de bloquearse el camino. Excepto que esta vez no era ningún accidente; ella lo estaba haciendo a propósito.

Me volví a mover hacia el otro lado y ella también, y cuando chocamos entonces me abrazó. No dijo nada, así que solo estuvimos así, en ese abrazo silencioso, durante un momento. Y fue bonito. 

Le pregunté cómo estaba, porque pensé que tal vez se sentía mal y por eso necesitaba un abrazo de una persona que la amaba aunque ya no le hablara, pero dijo que estaba bien.

Y también me preguntó cómo estaba yo, yo solo dije: “normal…”.

Y no sabía cómo actuar en ese momento y ya iba un poco tarde para mi clase de cocina, así que le dije que me iba…

Ella solo me dio buenos deseos y me dijo que me cuidara. 

Y ya sé que no significa nada, que no significa que las cosas hayan cambiado, pero soy un idiota y no puedo evitar ilusionarme un poquito… 

Así que le volveré a hablar, para preguntarle por qué hizo eso y si tal vez algo es diferente, aunque ya sé que no es así.

Soy un idiota.

Pero al menos trataré de aprovechar para decirle algunas cosas que no había podido decirle. 

Quiero regalarle la pintura que estoy haciendo, para que tenga un recuerdo de mí, pero no sé si le interese.

Tal vez me rechace el regalo, pero está bien…

Madeleine: Bueno, ¡no pierdes nada con intentarlo!

Me: …

020. Razones para no matarse

020: Razones para no matarse

Me: ¿Qué crees que es más triste: que la persona que amas te deje porque está profundamente enamorada de alguien más o que la persona que amas te rechace porque no puede controlar su deseo de estar con todas las personas aunque no ame a ninguna?

El amor es egoísta, aunque no a muchos les encanta la idea de aceptarlo. El amor romántico, quiero decir. El amor de pareja. El amor sensual, erótico o como quieras llamarlo.

Cuando amas a alguien (románticamente), quieres que ese alguien también te ame igual. No puedes conformarte solo con dar. Es inevitable también querer recibir. Eso es egoísmo, no tiene por qué ser algo negativo.

Definitivamente, cuando amas a alguien, hay un deseo inseparable de recibir algo de esa persona: amor, tiempo, cuerpo, palabras… Pueden ser muchas cosas.

Es por eso que un rechazo siempre es triste. Es la negación de un deseo, de un sueño, un anhelo. Es la negación de una parte de tus instintos, una parte de tu existencia misma.

Pero este tema solo se puede observar desde la subjetividad, es decir, desde el interior de las personas, desde su psicología, desde su mente y sus emociones. En teoría, un rechazo es el mismo, no importa si te dejan por una razón o por otra, el acto es esencial y primordialmente el mismo. Sin embargo, a las personas no nos afectan solamente los actos. Nos afectan también las razones, los porqués, estas ideas tan abstractas que nos gusta conectar movidos por una masoquista curiosidad, un doloroso deseo de saber más de lo que necesitamos saber. 

¿Por qué debería doler más una opción que la otra? Tal vez ni siquiera tiene valor preguntarse algo como esto, pero también es mi enfermiza curiosidad dejándose entrever. 

Puesto que es una cuestión que solo se puede abordar desde la subjetividad, existen tantas respuestas como sujetos a los que se les puede preguntar. 

Mi respuesta personal, basado en mi experiencia, es que duele más ser rechazado a favor de una sola persona que a favor de muchas. 

Cuando amas a alguien, cuando amas a alguien de tal manera que sientes que esa persona se ha convertido en tu mundo entero (todos tus sueños, tus intenciones, tus miedos, tus acciones, tus pensamientos, todo de ti gira entorno a ella), inevitablemente surge en ti (en mí) ese deseo egoísta de reciprocidad, de ser el mundo entero también para esa persona.

Cuando tú das tu 100% y más, también quieres recibir en la misma proporción. 

Cuando la persona que amas te está cambiando por alguien más, significa que la persona que amas le está dando su 100% a ese alguien más. Y tú estás recibiendo 0%. 

La diferencia es clara: Es una diferencia del 100% entre el total que podrías recibir y el que en realidad estás recibiendo. 

Pero cuando la persona que amas ama a cien personas más, su “mundo entero” se está dividiendo en cien, y cada una de esas cien personas está recibiendo solo un 1% del mismo.

La diferencia entre lo que estás recibiendo y lo máximo que la persona que amas está pudiendo dar es solamente de un 1%. Te comparas y ya no te sientes tan por debajo del mundo, ya no eres tan inferior. Lo sigues siendo, pero en una proporción tan ínfima que a veces es incluso difícil de considerar. 

Al fin y al cabo, el rechazo sigue siendo el mismo, tu deseo insatisfecho sigue siendo el mismo, tu perspectiva de valor respecto a ti mismo y todos los demás es lo único que cambia según cómo decidas conectar los cables que sobresalen detrás de la realidad observable a simple vista.

Pero tienes razón… todo esto solo es una reflexión estúpida. ¿Por qué no me muero?

¿Por qué es tan difícil matarse siendo tan fácil morirse? 

Madeleine: Ojalá lo supiera… 

Me: Exacto, tú no sabes nada. ¿Cómo podrías saberlo, si ni siquiera lo has intentado? No tienes idea de lo difícil que es. ¿O sí lo has intentado? 

Madeleine: No…

Me: ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza la idea de hacerlo, ni siquiera con mis mensajes superliminales? 

Madeleine: Sí lo he pensado. Cosas como “ay, mejor me muero” o “por qué mejor no me mato y ya”, pero más allá de eso no paso…

Me: ¿Por qué?

Madeleine: No lo sé… 

Me: Bueno, para mí eso ya cuenta como un intento, el solo hecho de tener una intención… Entonces sí tienes una idea de lo difícil que puede ser. 

¿Por qué crees que no lo haces? ¿Es porque te da miedo?

Madeleine: Sí…

Me: ¿Por qué nos aferramos tanto a esta vida de mierda?

Madeleine: Es un gran misterio. La verdad no sé. Supongo que cada uno tiene sus razones.

Me: Estaba a punto de decir que debe ser un instinto, pero ya que lo dices así, suena a que tú tienes tus razones personales para ello, más allá de cualquier instinto.

¿Cuáles serían esas razones para ti? 

Madeleine: Bueno, quiero conocer muchas cosas. Por ejemplo, me gustaría ir al Museo de la Ermita, en Rusia… y también… ay, no lo sé. Siento que aún tengo mucho por ver y conocer.

Me: ¿Para qué?Si cuando mueras no te llevarás ni los recuerdos. 

Madeleine: ¡Para vivirlo, eso es lo que importa!

Me: Sí, tienes razón… Buena respuesta. Tienes 100 puntos. 

¿Entonces no te matas no porque tengas miedo sino porque tienes una leve esperanza de que algún día vas a hacer esas cosas?

Madeleine: Un poco de ambas. El miedo del dolor que podría sentirse al fallar. 

Me: El miedo del dolor de fallar es lo que debería hacerte que te mates. Ya estás fallando. Solo muerta podrías evitar ese sufrimiento… Ah, te referías a fallar un intento suicida.

Sí, debe ser horrible… pero la vida ya es horrible de todos modos. 

Si me preguntaras a mí qué razones (motivaciones, quiero decir) tengo para no matarme… creo que no tengo ninguna.

He vivido muchos años tratando de aferrarme a una pequeñísima esperanza de que tal vez algún día puedo estar bien, pero siento que ya la perdí del todo. Me hubieras preguntado hace un año y te habría dicho que aún tenía esperanza, la más pequeña posible, pero aún la tenía… Ahora ya no tengo nada. La vida se me está acabando incluso sin mi intervención y el tiempo no se mueve hacia atrás. No hay manera de ser más joven, no hay manera de estar más sano, no hay manera de estar mejor… La vida nunca estuvo buena, pero ya no queda más que decadencia. Tengo miedo de morir, pero tengo miedo porque estoy vivo.

Ya no tengo esperanza, solo un puñado de sueños rotos. 

Madeleine: …

019. El dilema del erizo

019: El dilema del erizo

Me: Hoy me encontré otra vez con ella -con Blanca-, yendo hacia la universidad. Traté de pasar rápido por un lado de ella, pero fue inevitable encontrarnos cara a cara.

De todos modos, pasé derecho y creo que solo la miré con una cara fea.

Ella me miró con la misma sonrisa bonita de siempre, mostrando lo feliz que es sin mí y lo poco que le importa si le hablo o no.

Madeleine: Estoy segura de que le importas mucho.

Me: No lo suficiente.

Madeleine: …Si no, no se habría preocupado por ti, ni te habría intentado ayudar con tus problemas.

Me: Para ella, un día sin verme y sin saber que existo debe ser exactamente igual que cualquier otro. Lo que quiere decir que mi valor es de un cero absoluto.

Madeleine: Tu valor no depende de los demás, chico.

Me: ¿Entonces? ¿Depende de mí? Porque si ese es el caso, entonces mi valor no es de cero… ¡Sería de infinito negativo! Eso ni siquiera es un número, pero así sería… No tengo ningún valor positivo. Odio mi vida. Me odio a mí mismo.

Madeleine: Tampoco es así. Vales más de lo que crees.

Me: La extraño mucho… ¿Crees que soy una mala persona? ¿Crees que le haya dolido que solo haya pasado derecho y la haya mirado feo?

Madeleine: Seguro le ha dolido… o por lo menos la habrá dejado extrañada, supongo. 

Me: Soy una persona horrible, ¿verdad?

Madeleine: No, no lo eres.

Me: La quiero mucho… Hoy estuve en la calle y sentí que ya no me gustaba nadie, que ninguna persona podría llegar a tener un valor para mí nunca más. Sentí que ya no podía querer a nadie nunca y que iba a odiar al resto del mundo por siempre.

¿Crees que algún día pueda volver a querer a alguien como he querido a esos dos colores? No me gustaría volver a querer a alguien así, solo para sufrir igual que lo he hecho por ellas dos.

Madeleine: Y ahí está, el dilema del erizo. 

Me: El sufrimiento ha sido más grande que las cosas buenas… ¿Para qué sigo viviendo? Nada tiene sentido.

Madeleine: …

Nota del editor (o sea yo mismo, unos años después de lo relatado en la entrada anterior): Por si muero antes de registrar el sufrimiento que vino después de esto… Respondiendo a la pregunta de si he vuelto a amar a alguien más: la respuesta es sí, al menos un par de veces más, y tal y como me lo esperaba, nunca pude tener una historia feliz… Que en paz descanse mi destrozado espíritu.