021. Amor & Amistad

021: Amor & Amistad

Me: En un momento iré a mi clase de cocina. Ahora es cuando me encuentro con Blanquita de casualidad pasando por allí y no sé ni cómo mirarla. 

Y después no voy a poder estar concentrado en toda la clase porque mis pensamientos van a estar flotando alrededor de ella.

Ah, si las cosas hubieran sido tan solo un poco diferentes, ella probablemente habría podido ser una muy buena amiga. 

Bueno, supongo que de algún modo aún somos amigos…(?) No lo sé. ¿Tú qué crees?

De todos modos, me refiero a que si yo no hubiera desarrollado estos sentimientos, tal vez habría podido tener en ella a una buena amiga con quien podría compartir tiempo y hacer cosas juntos de vez en cuando.

Pero gracias a estos sentimientos, no tengo nada.

No pude soportar la idea de pasar tiempo con ella sin estar realmente con ella.

Es estúpido.

Es estúpido, pero no podía evitarlo. Sentirme horrible cuando estaba con ella y ella prefería dedicar su atención a otras personas en lugar de a mí. 

Me sentía abandonado, invisible e ignorado, aunque solo fuera momentáneo.

Supongo que por ser tan estúpido tengo lo que merezco: No tengo nada. No tengo amiga, no tengo novia, no tengo a nadie con quien compartir tiempo nunca. Estoy solo.

No tengo nada… Quiero morir.

Madeleine: Te entiendo. Es algo complicado. Pero tú no tienes la culpa, ¡y no eres estúpido!

[Más tarde]

Me: Blanquita es una idiota… Voy a volver a hablarle.

Madeleine: ¿Por qué lo dices? ¿Ahora qué hizo?

Me: Me la encontré de pasada, como siempre, yendo a mi clase de cocina. Yo iba, como siempre, dirigiéndome al lugar de la clase y ella venía en la dirección opuesta. 

Y cuando nos íbamos a cruzar, noté que parecía estábamos a punto de chocar, entonces me moví a un lado para dejarla pasar y yo seguir mi camino, pero ella también se movió hacia el mismo lado. 

Luego me moví hacia el otro lado y ella también hizo lo mismo.

El típico accidente donde dos personas quieren pasar, pero no dejan de bloquearse el camino. Excepto que esta vez no era ningún accidente; ella lo estaba haciendo a propósito.

Me volví a mover hacia el otro lado y ella también, y cuando chocamos entonces me abrazó. No dijo nada, así que solo estuvimos así, en ese abrazo silencioso, durante un momento. Y fue bonito. 

Le pregunté cómo estaba, porque pensé que tal vez se sentía mal y por eso necesitaba un abrazo de una persona que la amaba aunque ya no le hablara, pero dijo que estaba bien.

Y también me preguntó cómo estaba yo, yo solo dije: “normal…”.

Y no sabía cómo actuar en ese momento y ya iba un poco tarde para mi clase de cocina, así que le dije que me iba…

Ella solo me dio buenos deseos y me dijo que me cuidara. 

Y ya sé que no significa nada, que no significa que las cosas hayan cambiado, pero soy un idiota y no puedo evitar ilusionarme un poquito… 

Así que le volveré a hablar, para preguntarle por qué hizo eso y si tal vez algo es diferente, aunque ya sé que no es así.

Soy un idiota.

Pero al menos trataré de aprovechar para decirle algunas cosas que no había podido decirle. 

Quiero regalarle la pintura que estoy haciendo, para que tenga un recuerdo de mí, pero no sé si le interese.

Tal vez me rechace el regalo, pero está bien…

Madeleine: Bueno, ¡no pierdes nada con intentarlo!

Me: …

010. El halcón rojo

010. El halcón rojo

Me: ¿Supiste de ese caso en el que se suicidaron una docena de hombres hace un tiempo siguiendo una especie de juego macabro?

Madeleine: Sí, se formó un gran revuelo con todo eso. Al final, el tipo que lo empezó todo también se suicidó.

Me: Sí, eso dicen. Qué noticia tan triste, ¿no?

Madeleine: Sí, es triste, pero al mismo tiempo me parece muy estúpido que esas personas decidieran matarse solo por un juego. No me cabe en la cabeza cómo puede ocurrir algo así.

Me: Es cierto, no lo entiendes. Déjame cortarlo en pedacitos pequeños para que te pueda caber en la cabeza.

A primera vista, puede percibirse como tú y la mayoría de las personas lo hacen: un grupo de hombres tontos matándose porque son tontos y siguen un jueguito tonto; que los adultos también pueden ser estúpidos y fácilmente manipulables. Y eso es cierto, definitivamente. Pero si analizas detenidamente la biografía de cada uno de estos hombres, encontrarás que todos ellos eran personas con un nivel de inteligencia bastante por encima del promedio.

Madeleine: Parece que estás muy involucrado con ese caso.

Me: En cierto sentido, sí… Así que al final no es tan simple como muchas personas están dispuestas a creer. Es algo mucho más complejo.

Una persona inteligente no se mata simplemente porque le digas que se mate.

Si le dices a una persona inteligente que se mate, tienes dos posibilidades: 1) que no quiera hacerlo y no lo haga, o 2) que quiera hacerlo y lo haga.

En otras palabras, el hecho de matarse no depende de que te lo diga alguien más o te lo proponga un juego. Es algo que decides por ti mismo.

Pero, entonces, ¿cómo es que doce hombres inteligentes terminaron accediendo a un juego que todo el mundo considera tan estúpido?  

Esto puede que te sea un poco difícil de creer, pero la verdad es que fue justamente porque eran personas más inteligentes que el resto.

Es triste, pero se ha demostrado estadísticamente una correlación subyacente entre la inteligencia y la depresión. Y digo que es triste, más que todo por el mundo que se pierde de la brillantez de estas personas y se ahoga en la alegre abundancia de la estupidez de otras.

El hombre que lo empezó todo dejó constancia en su carta de suicidio de que había hecho todo esto como un “regalo” para estas personas y al parecer fue bien recibido. Los familiares y personas cercanas a los hombres que cometieron suicidio con este juego de hecho reportaron haber notado una actitud más alegre y positiva en ellos durante las últimas dos semanas antes de sus muertes.

Madeleine: Espera… Según los informes de la policía, el tipo que lo empezó todo no dejó una carta suicida antes de acabar con su vida.

Me: Oh, pero sí la dejó. Solo que la policía no fue lo suficientemente competente para descifrarla. Su carta suicida está oculta en los mensajes que dejaron los otros doce antes de matarse.   

Cada uno odiaba su vida por razones particulares, pero hay dos cosas en común en todos ellos que son evidentes. Primero, un claro desprecio por la vida que es previo a cualquier juego macabro y al hecho definitivo. Segundo, si se puede decir así, sería la causa de lo anterior, que es personal y única en cada individuo, pero que se puede agrupar en una categoría más general: porque no podían disfrutar la vida como las demás personas.

Eran gente sin propósitos y sin esperanzas, y así lo expresa en su mensaje el hombre que lo empezó todo:

“Estas personas no se mataron porque yo se los pedí. No, al contrario. Estas personas me pidieron que las matara y yo se los concedí. Yo soy su salvador. Ellos no tenían nada antes de mí, no tenían esperanzas ni propósitos, solo su deseo de morir. Yo les di algo, les di todo. Les di un propósito a su vida y un significado a su muerte”.   

Madeleine: ¿Cómo sabes todas estas cosas? ¿Y por qué tan interesado en el caso de repente?

Me: Eh… No es nada…