024. Ideas suicidas

024: Ideas suicidas

Me: Madeleine, por favor, ayúdame. 

¿Cómo puedo superar a Blanquita? Es imposible, ¿verdad? 

No pude superarla en dos años enteros sin hablar con ella ni saber nada de ella, ahora pudiendo hablarle todos los días… ¡Es imposible!

Se me ha ocurrido la idea más suicida de todas, pero no sé si sea capaz de soportarla.

Madeleine: Oh, no…

Me: Tengo que volver a hablar con Scarlet. Esa es mi idea suicida.

No puedo sentir los mismos sentimientos por dos personas a la vez, ¿o sí?

Entonces cuando hable con Scarlet no podré pensar en Blanquita igual.

Madeleine: Uuuh… No creo que eso resulte bien. 

Me: ¿Qué podría salir mal?

Madeleine: Todo.

Me: ¡Todo ya está mal!

De 1 a 100, ¿qué tan mala es la idea de volver a hablarle a Scarlet? ¿Has vuelto tú a hablar con ella?

Madeleine: 100. Y no, no he vuelto a hablar con ella.

Me: Si esa idea tiene cien puntos de inviabilidad, ¿cuál sería una mejor idea?

Madeleine: No lo sé…

Me: Se va acercando el día del concierto y cada vez tengo más miedo. 

Madeleine: Tranquilo, todo saldrá bien.

Me: Ya no quiero volver a ver a Blanquita. 

Madeleine: ¿Por qué?

Me: Porque no me siento bien… Porque me deprimo más cada vez que la veo. 

Madeleine: Ouu… Lo siento… 

Me: Tal vez no debí haberla invitado a ese concierto. 

Cada día que paso sin verla, poco a poco me voy acostumbrando a la idea de ya no estar con ella. 

Volver a verla borrará ese progreso. 

Igual nunca la voy a poder superar del todo, ¿verdad?

Madeleine: Bueno, lamentablemente, eso creo. 

Me: Y por eso tengo miedo de volver a verla. No quiero seguir sintiéndome mal. 

Ella es muy bonita y muy dulce y muy amable, pero no logro sentirme bien con ella de verdad, porque sé que no tengo esperanza de ser valorado más que como una circunstancia trivial. 

Madeleine: Entiendo. Es algo que se siente feo. 

Me: Y mi gato está cada vez más feo. Creo que también me estoy arrepintiendo de haberle dicho que le regalaría esa pintura. Tal vez no lo haga. Igual le va a dar lo mismo.

Madeleine: No creo que le dé lo mismo. Ella te quiere mucho. Tal vez no como pareja, pero no creo que no pueda apreciar algo así. 

Me: Porque ese es un regalo de pareja, por eso le da lo mismo.

Madeleine: Bueno, no lo sé. Pero creo que ella lo apreciará de todos modos. 

Me: El otro día le pasé uno de mis escritos para que lo leyera y me diera una opinión. No ha leído una mierda. Y nunca me habla. Y si le hablo, me responde fríamente.

Ya solo me dice “gracias” si le digo que la quiero.  

Por eso estoy tratando de no hablarle más. Porque siempre me siento horrible con esas respuestas. 

“Gracias”.

(Nota de un editor más “racional” tratando de dar sentido a los sentimientos irracionales que lo invaden [No trato de establecer esto como una idea veraz y aceptable, sino simplemente entender la calidad de las emociones que en algún momento afloraron con tanta intensidad]: Si te pones a pensarlo de cierto modo, podrías llegar a la conclusión de que esta respuesta es una de las más egoístas, e incluso un tanto sádica, que podrías recibir. Piénsalo bien. Cuando agradeces algo estás reconociendo que la otra persona está haciendo algo por ti, por tu beneficio. Ahora, el amor no debería considerarse así. Por un lado, no es algo que se deba agradecer ya que ni siquiera es una emoción que se sienta por voluntad. No es que yo sienta que ella es especial solo porque quiera hacer algo bueno por ella, es todo lo contrario. Si llego a hacer algo bueno por ella es porque ya siento que es alguien especial y eso no debería agradecérseme porque yo no lo hice por voluntad. Y por otro lado, incluso aunque el hecho de verla como alguien especial surgiera de mi propia voluntad, eso no debería ser una razón de agradecimiento, especialmente cuando es algo que no estás pidiendo y que definitivamente no quieres. Sería como agradecer porque te ofrezcan una maldición. No pasaría de ser sarcasmo o una mera formalidad, pero no una respuesta sincera. Ahora, si no es sarcasmo, como dije antes, agradecer algo es reconocer que alguien está haciendo algo bueno por ti. Incluso si es una maldición, agradeces la intención si la consideras buena. En otras palabras, reconoces (y aceptas) que la otra persona te está dando un lugar especial. Y al reconocerlo y aceptarlo, estás tomando ese lugar especial. Es decir, yo te ofrecí ponerte en un altar, pero tú aceptaste estar en él. Esto quiere decir que, cuando respondes “gracias” a un “te amo”, estás tomando posición en una relación desequilibrada donde una parte está por encima de la otra. Estás aceptando que la otra persona está por debajo de ti, aunque eso sea porque esa persona así lo quiso. ¿Pero sabes qué? Esa persona nunca quiso eso. Lo que esa persona quería al ponerte en un altar era que tú también la pusieras a ella en otro altar. Reciprocidad. Cuando consideras a alguien especial, también deseas ser especial para esa persona. Y cuando le dices a esa persona: “Te amo. Eres especial para mí”, lo que deseas que responda es: “También te amo. Y también eres especial para mí”. Pero si lo que te dicen es “Gracias”, lo que está diciendo inconscientemente es: “Sí, sé que soy especial para ti y lo acepto. Estoy por encima de ti y tú por debajo de mí”. Sé que puede ser una manera extrema de verlo, pero la gente muchas veces no se da cuenta de lo que implican sus acciones incluso aunque las hagan con buenas intenciones, como el simple hecho de decir “gracias”. Tal vez esta reflexión no tiene ningún sentido, pero es la única manera en que puedo racionalizar un poco el por qué me duele el pecho cuando recibo esas respuestas. Tal vez es más honesto simplemente ignorar la pregunta. No lo sé.)

Madeleine: Entiendo, entiendo. 

Me: Y por eso no quiero volver a hablarle ni volver a verla, porque me siento horrible cuando le digo que la quiero y solo me responde con frialdad e indiferencia. 

Sí, “te amo tanto que no quiero volver a verte”, quería decirle. 

Pero de nada sirve decirle nada.

Mejor no le hablo. No quiero otro “gracias”. 

Y es por eso que estoy tratando de no hablarle y estar bien sin ella…

Pero tengo que hablarle para lo del concierto y tengo que volver a verla… Y tengo miedo de que me voy a sentir horrible por todo…

Supongo que después del concierto ya se acabará todo.

Ya no volveré a hablarle y ella, como siempre, tampoco me hablará nunca.

Y entonces trataré de estar bien sin ella, pero no podré, y solo seguiré arrastrándome por este mundo, esperando el día en que sea capaz de morder mi propia cola para desaparecer en la nada infinita.

Ojalá pudiera morir ahora… Qué mierda de vida.

¿Sabes qué es lo más irónico?

Que soy más suicida cuando estoy “más bien”.

Nunca estoy bien en realidad. Pero no soy capaz de pensar en matarme cuando me estoy sintiendo en cierto nivel de desesperación.

Tengo que estar un poco tranquilo para poder sentir que está bien matarme.

Esta semana estuve enfermo y no quería morirme, porque no quería morir sintiéndome tan mal como me estaba sintiendo.

Quiero irme de aquí sintiéndome bien.

Es un poco irónico, ¿eh?

Madeleine: …

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