030. Te amo un montón

Ahora que ya no estás -que ya no estoy (que ya no estamos)-, no tengo más miedo de enfrentarme a la sublime verdad de la que siempre me acusaste, y uno de tus pretextos para rechazarme, aunque solo era necesario admitir que simplemente era imposible amarme: sí, es verdad, te idolatro, y ahora que ya no estás, que ya no estoy, que ya no estamos, me atrevo a idolatrarte con más amor, con más adoración y más sinceridad. Te amo como jamás amé a nadie. Y aunque sé que tienes defectos, solamente puedo menospreciarlos, ignorarlos, olvidarlos conscientemente ante la abrumadora intensidad de las cualidades que me hacen amarte. La vida fue cruel contigo. Me es imposible equiparar mi propio sufrimiento -que poco no ha sido, pues la vida ha sido tan cruel conmigo como con pocos lo ha sido- con el daño que sufrió tu cuerpo y tu corazón a causa de la maldad humana y la injusticia y la indiferencia divina. Nunca pude perdonar a la vida por lo que me ha hecho, y jamás podré perdonarla por lo que te hizo a ti. ¿Por qué debería perdonarla, si nuestros dos ejemplos ni siquiera son una mínima muestra de lo desgraciada que es esta vida para incontables desdichados? Yo nunca fui capaz de perdonar a la vida, porque el daño que me hizo aún me lo sigue haciendo y seguirá haciéndolo hasta que muera; nunca pude perdonar a la vida, nunca pude sonreír, excepto cuando te conocí, y me contagiaste tu dulce sonrisa, más dulce y amable que ninguna en la vida; aunque mi sonrisa fue por poco tiempo, nunca me sentí tan feliz de haber conocido a nadie como me siento de haberte conocido a ti. Y no puedo evitar admirar tu fuerza, que aunque mi filosofía me permite entenderla solo como una consecuencia aleatoria en un mundo de variables infinitas, eso no me hace restarle el valor que merece, sino que al contrario, te admiro y te amo con tanta pasión que incluso llegó a molestarte que te “idolatrara”. Nunca consideré realmente que te idolatrara, como decías, pero ahora que te has ido -que me he ido (que nos hemos ido)-, me aferro con todas mis fuerzas a lo único que me queda de ti, tu recuerdo, y vierto sobre él todo el amor que jamás me permitiste darte a ti, que vives cada día soportando el veneno entre tus venas, y aun así eres capaz de mostrarle al mundo, de mostrarme a mí, la sonrisa más dulce y amable que jamás conocí… Te amo un montón…

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