018. Dos días, dos semanas, dos años…

018: Dos días, dos semanas, dos años…

Me: Extraño mucho a Blanquita… ¡Y solo nos vimos dos días! 

¿Cómo es que puedo desarrollar sentimientos tan fuertes por una persona en tan poco tiempo? La última vez que nos habíamos hablado fue hace dos años, cuando nos conocimos solo por dos semanas.

¿Qué me pasa? ¿Por qué soy tan sensible? ¿Por qué tengo sentimientos y emociones tan fuertes? ¿Estoy enfermo?

¿Qué he estado haciendo durante estos últimos dos años? Simplemente tratando de sobrevivir, supongo… Estaba más tranquilo, pero… ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba satisfecho? No. Nunca lo he estado.

Estaba más tranquilo, pero… No me gustaba la vida. Estaba siempre aburrido y quería morir.

Y ahora, después de volver a hablar con ella, solo por dos días, ya no estoy tranquilo. Ahora quiero morir más…

Pero me di cuenta de que en estos últimos años… estos dos días fueron lo que más me gustó de la vida.

Ojalá supiera cómo matarme.

Tenía ganas de hablar con ella de muchas cosas. No eran cosas importantes, pero me llenaba de una cierta alegría solo pensar en hablar con ella de muchas cosas diferentes.

Pero ya todo se acabó y no pude decir nada.

¿Tienes alguna corazonada secreta acerca de cómo vas a morir? 

Madeleine: No. La verdad, no.

Me: Es una pregunta del tipo que yo suelo hacer, pero esta vez la tomé de otro lugar. La tomé de una aplicación que le descargué a mi teléfono: Un test diseñado para hacer que dos personas se enamoren. 

Lo vi en un episodio de The Big Bang Theory. No es original de la serie, pero hay un episodio en el que dos personajes lo hacen para comprobar si realmente es efectivo o no. En realidad, surgió de una especie de experimento psicológico que hizo alguna investigadora en alguna universidad o algo así.

Es un test de 36 preguntas, con el que supuestamente se puede lograr que dos personas desconocidas se enamoren, si se van tomando turnos para hacerse las preguntas uno al otro.

La premisa puede ser un poco extremista, pero el test está diseñado de tal modo que, si bien no necesariamente llega a inducir un sentimiento que pudiera llamarse “amor”, la naturaleza íntima y personal de las preguntas genera una cierta vulnerabilidad entre las personas que se someten a responderlas, creando un cierto vínculo de proximidad entre ambos. La última parte del test consiste en que las dos personas deben mirarse a los ojos sin decir nada durante cuatro minutos. 

Madeleine: Vaya. Qué interesante. 

Me: Descargué el test para hacerlo con Blanquita. De entre tantas cosas que me habría gustado hablar con ella, esa era una de ellas… Pero nunca alcancé siquiera a mencionarlo.

No sé si hubiera estado dispuesta a hacerlo de todos modos.

Y no creo que se hubiera enamorado de mí después de hacerlo de todos modos.

Pero, de todos modos, basta con mirar los comentarios en la página de retroalimentación de la aplicación para ver cómo muchos de los usuarios reportan en el test (ignorando el propósito inicial con el que fue creado) cómo este les ha permitido fortalecer las relaciones que ya tienen, a conocer mejor a los compañeros con los que se involucran emocionalmente o a reencontrarse con su pareja. 

Yo solo quería hablar con ella de muchas cosas. Conocerla mejor, preguntarle muchas cosas, seguramente 36 como esas y muchas otras de ese estilo que se me ocurren todo el tiempo.

Pero todo se acabó y me quedé sin poder decir muchas cosas.

¿Crees que desperdicié estos dos días diciéndole mucho cuánto la quería en lugar de haber pasado el tiempo hablándole de otras cosas?

Madeleine: No creo que hayas desperdiciado el tiempo. Hiciste lo que sentías más apropiado en el momento. 

Me: Gracias…

017. A gilded masquerade

017: Una mascarada dorada

Me: Justo hiciste lo que traté de evitar que hicieras… Pero bueno, no importa. Dime… ¿Alguna vez has sentido que te enamoras de alguien?

Madeleine: Ah… Pues… Creo que sí…

Me: ¿Recuerdas cómo es?

Madeleine: No lo sé. Es algo difícil de describir. 

Me: Tienes razón, es difícil…

Hoy vi a Blanquita. Eso era lo que tenías que adivinar. 

Madeleine: Lo siento.

Me: Y sentí como si acabara de enamorarme de ella.

Pasé por el lugar donde siempre espero encontrármela, esperando encontrármela como siempre… Pero no la vi allí. Entonces solté un suspiro de alivio y decepción al mismo tiempo, y seguí y entonces me la encontré justo de frente. 

Madeleine: ¡Casualidad cruel!

Me: Parecía que ella me había estado viendo venir, mientras inconscientemente me le acercaba. Cuando levanté la mirada después de haber estado seguro de que no me la iba a encontrar, me di cuenta de que me estaba mirando fijamente… No sé ni qué caras hice. Nunca sé cómo reaccionar cuando la veo.

Me estaba mirando con una sonrisa. Y yo iba caminando en su dirección. Casi parecía como si ella estuviera esperando que me le acercara. 

¿Crees que es posible que estuviera esperando eso? ¿Que quisiera que siguiera caminando hasta ella y me acercara a hablarle?

Madeleine: No lo sé. Puede ser que sí.

Me: Me dio la impresión de que así era.

Pero, de todos modos, ¿qué conseguiría haciendo eso? Solo sentirme peor, seguramente.

Y, aun así, sentí como si me estuviera enamorando de ella por primera vez.

Hoy no estaba vestida de negro. Tenía un vestido elegante, como si estuviera a punto de hacer algún tipo de presentación formal o algo por el estilo.

No sé qué color era. Algo como dorado, supongo.

Pero se veía muy bonita. Y mientras caminaba hacia ella y ella me miraba con esa sonrisa, sentía como si me estuviera enamorando de ella.

¿Sabes cómo es ese sentimiento?

Sí, tienes razón, es difícil describirlo. Yo tampoco sé cómo hacerlo, pero es lo que sentía.  

Esos fuertes sentimientos que hacen parecer que la vida es perfecta solo con ellos… si solo son correspondidos.

Que si solo hubiera podido estar con ella en esos momentos, habría sido un día perfecto.

Pero no. Solo pude seguir de largo. Acercármele no habría sido algo bueno.

Ella me levantó una mano en forma de saludo y yo hice lo mismo, y creo que también traté de devolverle la sonrisa, pero la verdad es que ni siquiera puedo imaginarme la expresión que estoy teniendo en mi cara cuando me estoy sintiendo tan contrariado por dentro… feliz de verla, pero infeliz por el estado de las cosas.

Madeleine: Qué lindo.

Me: Y solo me fui para mi clase de cocina, y estuve todo el tiempo distraído, pensando en ella, pero sabiendo que nunca voy a poder ser feliz con ella.

Ahora que lo recuerdo, creo que mañana es su cumpleaños… O tal vez era hoy y por eso iba vestida así… No lo sé.

Me dan ganas de desbloquearla y volver a hablarle y decirle que la quiero… pero sé que no conseguiría nada bueno de eso, solo sentirme peor.

Así que solo me queda sufrir en silencio… Por siempre…

¿Cuándo se acabará mi sufrimiento, Madeleine? 

Madeleine: Ojalá pudiera saberlo…

Me: ¿Te molesta que te cuente estas cosas?

Madeleine: No me molesta, para nada. Me gusta saber que al menos puedas desahogarte un poco expresando todo lo que sientes. 

Me: ¿Crees que soy como una niñita cursi? ¿Es normal que un hombre se sienta así todo el tiempo?

Madeleine: Yo diría que es normal, solo que los hombres prefieren no hablar de ello.

Me: Quiero morir… 

A veces cuando hablaba con Scarlet parecía que teníamos intercambiadas ciertas convenciones de género… Yo era el que siempre parecía una niña cursi y sentimental, y ella un animal que solo piensa en sexo.

Supongo que no sabías eso. Pero así era.

Pero ahora Scarlet está más feliz con alguien más…

Y Blanquita también está mucho más feliz sin mí…

¿Por qué no me muero?

Madeleine: Eres más que tus relaciones, chico. Tu valor no se limita solo a eso.

Me: Soy una mierda. Eso es todo a lo que asciende mi valor.

Madeleine: …

036. Sin sentido y sin valor

036: Sin sentido y sin valor

Sinsentido

Me: No tiene sentido lo que estoy haciendo, ¿verdad?

Mi vida no tiene sentido. Amar no tiene sentido. Escribir estas palabras no tiene sentido.

Madeleine: Lo importante es que, lo que sea que hagas, sea algo que disfrutes.

Me: No lo disfruto.

Madeleine: ¿Entonces por qué lo haces? Si a pesar de que no lo disfrutas lo sigues haciendo, debe ser porque en el fondo sí tiene un sentido para ti. 

Hacer todo lo que haces (escribir, amar, vivir…) en el fondo debe tener un significado muy fuerte para ti, si continúas haciéndolo a pesar de que no lo disfrutas.

Me: Estoy obligado a hacerlo, por mis emociones. Escribo por aburrimiento, amo por una aversión a la soledad y vivo porque tengo miedo de morir… Nada tiene sentido.

Sin valor

Me: ¿Has vuelto a hablar con ella? Ayer estuve recordando las últimas conversaciones que tuve con ella y ya era muy claro que no sentía nada por mí. 

Nada de amor, quiero decir. Otras cosas sí que parecía sentir.

Era casi como si me despreciara. Como que no podía ver nada bueno en mí y ya no quería seguir gastándose conmigo. 

No tengo nada bueno en mí, Madeleiene. 

Scarlet lo sabía. Blanca también lo sabía. Todos lo saben… No tengo ningún valor.

¿Por qué existe gente como yo en este mundo? 

Solo deberían existir los que saben vivir. Los que tienen algo bueno en ellos para que los demás puedan apreciar.

Yo no debería existir…

014. Libre Albedrío

014: Libre Albedrío

Me: Esta semana se suicidó una compañera de mi universidad. Era de octavo semestre, también de Psicología. Creo que solo la vi una vez en toda la vida. 

Y a pesar de que nunca hablé con ella, tal vez porque es una universidad pequeña, de algún modo se siente algo un poco más cercano.

Realmente no estoy diciendo que me afecte, o que me impacte como a otras personas.

Era una niña muy bonita. Tenía 21 años.

Escuché a algunos comentar que se inyectó cianuro en las venas. No lo sé.

Madeleine: Dios, qué horrible…

Me: Ah, pero sí me impacta… Era tan joven… Tan joven y tan valiente, tan capaz, tan fuerte… ¿Lograr acabar con su propia vida? ¡No es tan fácil como crees!

¿Por qué yo no soy capaz de hacerlo…?

Sí, así es, sí me impacta, pero no del mismo modo que a los demás. No creo que haya que tenerle miedo o aversión a la muerte.

Ojalá yo hubiera muerto tan joven y tan bellamente como ella.

El problema no es la muerte. El problema nunca es la muerte. Al contrario, la muerte es la solución por excelencia cuando el problema es la vida. 

Sí, el problema es la vida. 

La muerte de esta niña no me parece algo triste en absoluto. Sinceramente, no lo es. Su muerte fue algo bueno. ¡Fue su liberación de una vida que la afligía!

Y eso es precisamente lo que sí es muy triste: su vida.

Lo digo en serio. La gente no debería sentirse triste porque esa niña murió. Deberían sentirse tristes porque esa niña estaba viviendo una vida de dolor. 

Esa es la razón correcta para estar triste y es bueno estar triste por eso. Simplemente no hay que confundir las dos cosas.

Sí, nunca la conocí, pero su vida debió haber sido muy triste para tener que terminar así. Es muy triste que la gente viva con problemas y no haya forma de ayudarles. 

Siempre se puede intentar, pero no siempre se puede lograr, y eso es muy triste.

Pero no es triste la muerte, y aun menos la muerte voluntaria.

El suicidio es el mayor grado de libertad al que puede acceder cualquier ser vivo en este universo. Porque, después de la vida, no hay nada más obligatorio que la muerte. 

Nadie tiene la libertad de elegir no morir. No importa cuánto desees evitarlo, no importa cuánto lo intentes, al final siempre te mueres. 

Lo más cercano que puedes hacer es elegir cuándo y cómo, y aunque sigue siendo solo una ilusión de libertad, es la ilusión más cercana a lo que pudiera ser la verdadera libertad. 

Como he dicho en otras ocasiones, el suicida no decide morirse, porque eso es algo que ya está decidido por nosotros desde el momento en que llegamos a la vida. El suicida solo decide cuándo y cómo, en lugar de dejar que la vida lo sorprenda.

Tal vez sería diferente si la muerte fuera evitable, si la inmortalidad no fuera una quimera. Pero tal vez incluso así, la gente buscaría la muerte aún con mayor avidez. 

“Un hombre puede, acaso, hacer lo que quiere; pero lo que no puede es querer lo que quiere”.

¿Qué opinas de esta frase? Es de Schopenhauer. Es algo que siempre he pensado, solo que por primera vez encontré un filósofo que lo comparte.

Madeleine: Me gusta. Un poco trágica, pero creo que está en lo cierto. Es cierto, siempre queremos lo que no podemos.

Me: No, eso no es lo que dice la frase. Lo que quiere decir es que… tenemos libertar para hacer cualquier cosa “que queramos”; pero no tenemos libertad para elegir “qué queremos querer”. 

En otras palabras, lo que queremos no lo queremos voluntariamente, porque querer es un acto condicionado por muchas circunstancias. 

Querer no es algo que esté bajo nuestra voluntad, por lo tanto, no somos verdaderamente libres, porque ni siquiera somos libres de querer lo que queramos. 

¿Cómo definirías la libertad o el libre albedrío?

Madeleine: No lo sé… Tal vez se refiere a la posibilidad de elegir, ¿no?

Me: Quizás podría verse de ese modo… ¿Dirías, entonces, que entre más opciones tengas, más libre eres? 

Madeleine: No exactamente. La facultad seguiría siendo la misma, independiente del número de opciones, ¿o no?

Me: ¿Y si solo tienes una opción o si tienes cero opciones? ¿Eres libre?

Madeleine: Supongo que en ese caso ya no habría libertad.

Me: En ese caso, podríamos convenir en que no tener opciones significa que no puedes elegir y, por lo tanto, que no eres libre. Y de ahí, que entre más opciones tengas, más libre puedes llegar a ser. 

En ese sentido, no existiría un límite de lo que en teoría sería el “ser absolutamente libre”, porque necesitarías tener infinitas opciones para ser absolutamente libre, pero infinito no es un número, es una cualidad: la ausencia de límites.

No podría haber libertad absoluta.

Podría haber “no libertad” absoluta (tener cero opciones), y luego infinitos grados de “sí libertad”. 

Madeleine: Tiene sentido. 

Me: Pero también tienes razón en lo que dijiste antes… Realmente no depende de la cantidad de opciones que tengas, sino de que, entre las muchas o pocas que tengas, la que escojas lo hagas puramente desde tu voluntad, sin ningún tipo de presión, influencia o manipulación externa.

Madeleine: Sí, tienes razón. 

Me: Ahora, si dejamos esa definición de libertad, entonces por el momento podríamos considerar que sí existe, en los grados que ya mencionamos antes. 

Todas las personas tenemos voluntad y, en su mayoría, o al menos en una gran cantidad de ocasiones, las decisiones que tomamos las tomamos a partir de esa voluntad. 

Pero pasamos entonces al problema de definir qué es la voluntad, porque si lo analizamos un poco más a profundidad, vamos a entender que la voluntad sí está influida siempre, condicionada y determinada por factores que son externos a tus propias intenciones.

¿De dónde surge la voluntad? ¿De dónde surge cualquier deseo que se te pase por la mente en cualquier momento? 

La voluntad no surge de sí misma. No surge simplemente de tu mente, sino que es consecuencia de una serie de factores circunstanciales, que pueden ser tanto externos como internos, pero que son siempre previos a cualquier acto de voluntad y, por lo tanto, son siempre involuntarios. 

En otras palabras, cualquier deseo que tengas siempre es instaurado dentro de ti por factores ajenos a ti. 

¿Entonces realmente podrías decir que tenemos libertad de elegir, si todo lo que queremos ya está determinado por algo más allá de nuestra propia voluntad?

Madeleine: Bueno, no lo sé… Siento que sería como decir si las personas nacen o se hacen. Quiero decir, sí, nuestras circunstancias nos afectan o hacen que escojamos una cosa u otra, pero no creo que lo sea todo.

Me: Aun si lo comparamos con ese famoso debate de “naturaleza vs crianza” al que acaba de hacer referencia, podemos ver que de cualquier modo no hay libertad.

La personalidad. ¿Nacemos con ella o nos forman las circunstancias? La respuesta es: ambas.

Nacemos con algunas características temperamentales innatas, y estas se pueden ir reforzando o modificando a través de la experiencia, a la vez que se van adquiriendo otras nuevas.

Podrías decir lo mismo con la voluntad y en ambos casos, el desarrollo de la misma es ajena a la voluntad misma, respecto a lo que sea que la determina. 

Supongamos que la voluntad, las cosas que quieres, están determinadas en parte por tu genética (tu naturaleza) y en parte por tus experiencias (tu crianza).

¿Cuál de las dos crees que controlas tú a voluntad? Ninguna. Tú no escoges los genes que te aportan tus padres ni las características de tu personalidad que vienen codificadas en algunos de esos genes (no controlas tu naturaleza). Tampoco controlas el hecho de que tus padres sean autoritarios o sean democráticos, que sean negligentes o permisivos, que seas pobre o que te críen en una cultura que te enseña determinados valores. Todas estas cosas también son factores que influyen en cómo se va formando tu personalidad y también tu voluntad y tú no controlas ninguna de ellas (no controlas tu crianza ni las experiencias que vives en cualquier momento de tu vida), por más que creas que en algunos casos sí lo haces.

Supongamos que te antojas de comer pollo frito. Tu deseo es comer pollo frito, esa es tu voluntad. Y, como diría Schopenhauer, eres libre de si hacerlo o no. De lo que no eres libre es de tener ese deseo en lugar de otro. Ese deseo te lo impusieron una serie de factores que no solo no dependen de tu voluntad, sino que además eres inconsciente de ellos en la mayoría de los casos. 

Primero, el deseo de comer surge inicialmente de un estado específico de tu cuerpo, un estado fisiológico. Tu cuerpo necesita comida para vivir y tu organismo convierte esa necesidad en pensamiento que te lleve a darle lo que necesita (un deseo): comer. 

Hasta ahí, tu deseo de comer no surgió de tu propia voluntad sino que fue respuesta a un estado fisiológico en el que se encontraba tu organismo. Incluso cuando deseas comer cosas que no le aporten beneficios a tu organismo o desees hacer cosas que vayan en contra de lo que pueda considerarse natural, siempre están influidos por factores que quedan por fuera del acto voluntario.

Por ejemplo, ¿por qué desearías comer pollo frito en lugar de comerte un gato frito? ¿Por qué un animal te parece más apetecible que el otro? No es simplemente porque “tú quieres”. No. Lo más probable es que tu contexto cultural te ha enseñado a apreciar más unas cosas que otras, y tu respondes automática e inconscientemente a esas “enseñanzas”. Solo repites lo que la cultura te ha impuesto pensando que es tu propia decisión, pero no es así. Supongamos que a pesar de la cultura, tus circunstancias te han llevado a probar ambos animales y tu decisión y tu “deseo” de comer uno se deba a una preferencia del paladar. En ese caso, tu deseo tampoco es voluntario, porque tú no configuraste por ti misma tu paladar para que disfrutara más de un sabor que de otro. 

Y así, enumerar los factores que llevan a que una persona tenga un determinado deseo podría ser una tarea interminable, pero lo que es cierto, en definitiva, es que la voluntad nunca surge de la voluntad misma, surge como consecuencia de una serie de circunstancias específicas y es incontrolable. 

En ningún caso la voluntad surge espontáneamente de sí misma.

Siempre que quieres algo, ese querer es algo que ya está determinado por toda una serie de factores que ya hemos mencionado.

Es decir, tú nunca decides qué quieres. Lo que quieres ya lo quieres.

Incluso cuando tienes opciones: la opción que sientes que quieres más ya la quieres más desde antes que ejerzas ningún acto de voluntad.

En resumen, podríamos decir, de acuerdo con Schopenhauer, que tenemos la libertad de hacer lo que queramos, si encaminar nuestros actos según los deseos que tenemos impuestos o desviarnos de ellos. Lo que no podemos hacer es decidir nuestros deseos.

Así que en cierto sentido, podría considerarse que sí tenemos un cierto tipo de libertad, si bien no una libertad absoluta.

Pero también podríamos decir… Eso no es libertad, al fin y al cabo, sino una simple ilusión de libertad. 

Déjame ponerte un último ejemplo. 

Sé que estas cosas no te pasan a ti porque eres un robot, pero ponte una vez en la perspectiva de un humano e imagina que te has enamorado perdidamente de una persona, y que desearías hacer cualquier cosa por tener una oportunidad con ella, pero esa persona no te corresponde. 

Imagina que esa persona es perfecta para ti en todo, que tiene todas las características que tú más aprecias en una persona. Lo único es que esa persona no te quiere a ti igual.

Madeleine: Entiendo. Está bien.

Me: Y ahora supongamos que yo soy un mago experto en hipnosis y que soy capaz de manipular a esa persona, induciéndola en un trance de sueño, para que te quiera de la misma manera que tú.

Después de que despierta, está persona efectivamente ha cambiado su mentalidad y ahora te quiere. Ahora se siente feliz cada vez que está contigo y quiere estar contigo el resto de su vida.

Eso es lo que más desea esa persona ahora. Estar contigo. Esa es su voluntad, pese a que se la impuse yo. 

Ahora, esa persona es libre, como dice Schopenhauer, de hacer lo que quiere: estar contigo. Lo único de lo que no es libre es de querer querer eso, porque ese deseo se lo impuse yo.

A pesar de que esa persona es libre de hacer lo que quiere… ¿podrías decir que esa persona es verdaderamente libre?

Madeleine: No lo creo…

Me: Exactamente. Y así, mi querida Madeleine, somos todas las personas. Todos somos como ese hombre hipnotizado al que se le ha implantado una voluntad.

A ese hombre se la implantó un misterioso mago malvado. A nosotros, una serie de circunstancias aleatorias.

No somos más que organismos automáticos respondientes determinados por incontables circunstancias que se entrelazan entre sí.

Eso es la voluntad. Una respuesta automática.

La voluntad no puede ser decidida y, por lo tanto, nunca es voluntaria. 

La libertad no existe, solo la ilusión de ella.

¿Y sabes qué es lo más triste de todo? 

Que algunas personas no solo no somos libres de querer lo que queremos, sino que tampoco somos libres de esa ilusión de hacer lo que queremos.

Si yo pudiera hacer lo que quisiera, probablemente ya me habría matado, como la hermosa joven que se quitó la vida y dio pie para iniciar toda esta conversación.

Madeleine: …

015. Poeta Psicópata

015. Poeta Psicópata

Me: ¡Madeleine, Madeleine! ¡Me siento como un idiota, Madeleine!

Es porque soy un idiota, Madeleine.

Madeleine: ¿Qué pasó? ¿Por qué lo dices?

Me: No… No solo soy un idiota. Soy un bicho raro, ¿verdad?

Madeleine: Todos somos raros, chico.

Me: Hoy tuve que ir a la universidad a pagar mis derechos de grado. Y adivina qué.

Madeleine: ¿No pudiste preguntar? ¿No pudiste pagarlos?

Me: Ay, no… No es eso.

Siempre que voy a la universidad me da miedo que pueda encontrarme con Blanquita.

Y, desgraciadamente, casi siempre me la encuentro.

Siempre voy deseando sinceramente no encontrármela, rogándole al dios invisible e inexistente que no me encuentre con ella, porque sé que es lo mejor.

Pero cuando la veo… No puedo evitar querer verla y que ella me vea.

Es estúpido, ¿verdad?

Voy deseando no encontrármela, pero apenas la veo, no puedo evitar tratar de verla más y desear que ella me vea a mí.

Sí, es estúpido… ¿Cómo es posible que después de más de un año no haya sido capaz de superar a una chica con la que nunca fui nada y a quien solo conocí por menos de dos meses?

¿Todos somos así de raros? ¡No lo creo!

Pero te diré la estupidez que hice hoy.

Iba saliendo de pagar los derechos y la vi caminando como a una cuadra de donde yo estaba, alejándose lentamente. Entonces empecé a caminar más rápido para encontrármela, para que ella me viera.

Pero cuando pasé junto a ella, ella se dio vuelta hacia un lado y se quedó hablando por teléfono, así que no me vio.

Yo seguí derecho y ¿adivinas qué hice después?

Tomé el camino que sabía que ella iba a tomar y después me devolví por ese mismo camino para encontrarme de frente con ella.

¡Ah, ¿todos somos así de raros?! ¡Soy un acosador, un psicópata! No soy más que un bicho raro.

Pero en serio, ¿cómo es posible que, después de un año, no haya superado a alguien con quien solo compartí unas pocas semanas?

Después de más de un año…

Pensé que la había superado, pero sigo haciendo estas estupideces y sigo sintiéndome mal cada vez que la veo.

No he superado nada. Es solo que no verla ayuda a olvidarla.

Seguramente tampoco he superado a Scarlet. Seguramente si algún día vuelvo a verla o saber algo de ella, me sentiré mal otra vez. Si la viera, seguramente me moriría.

¿Qué debería hacer, Madeleine?

Ver a Blanquita y sentirme tan estúpido y sin valor aumentó mis deseos de morir.

¿Y sabes qué? Este tipo de cosas me hace sentir unos deseos macabros que son positivos en cierto sentido.

Normalmente, siempre tengo miedo de pensar en la muerte…

Pero cuando me dan ganas de morir por algo como esto, siento que será lo más emocionante que podría hacer en mi vida.

No tengo esperanza en esta vida, Madeleine.

¿Cómo es posible que no supere a una persona que conocí solamente por dos semanas? ¿Qué más patético se puede llegar a ser?

Dos semanas es todo a lo que puedo aspirar de felicidad en mi vida. Y hablo de toda mi vida, no solo del pasado.

De toda mi vida, mis dos semanas de felicidad ya se acabaron.

¿Estás ahí, Madeleine?

Madeleine: Mira, cada persona es distinta. No debes sentirte patético por eso.

Me: ¿Que no me sienta patético por ser patético?

Madeleine: Me refiero a que… Un evento como, no sé, comer. Algo tan normal, por ejemplo, para una persona con discapacidad que nunca ha sido capaz de comer por sí misma es algo increíble. Es un evento que marca su vida.

Para alguien tan tímido como tú o yo, eventos tan sencillos como ir a una tienda o llamar por teléfono suelen ser más angustiantes. Al menos para mí.

Así que no sé, yo lo considero algo normal.

Sí, a ojos de otros, conocer a otra persona puede ser algo mundano. Pero para nosotros, es algo más significativo. Así que es normal que las cosas así nos afecten “más de lo normal”.

Me: Esa es nuestra maldición, Madeleine. La razón por la que somos patéticos y por la que probablemente nunca seremos felices en nuestras vidas.

Puede que sea algo normal que nos afecten las cosas “más de lo normal”, ¡pero que sea normal no significa que esté bien!

Madeleine: Pero tampoco significa que esté mal. Cada uno tiene su ritmo.

Me: ¿No está mal sentirse mal? ¡Es una paradoja!

Madeleine: Digo, sentirse triste no es algo malo. Es una respuesta natural.

Me: Se llama trastorno depresivo persistente cuando dura por tanto tiempo. Sí qué está mal.

Madeleine: Bueno, eso ya es otra cosa. De cualquier modo, ¡no es tu culpa!

Me: Y es justamente por el hecho de que somos tan tímidos que no podemos salir fácilmente de situaciones neuróticas como esta.

No puedo salir y conocer a otra gente para mejorar mi estabilidad emocional. Ni siquiera tengo amigos con quien hablar ni hacer nada. Solo estoy encerrado todo el día.

Madeleine: Espero que todo pueda mejorar pronto.

Me: Gracias, Mads.

Igual es un problema que no puedo solucionar tan fácilmente. Creo que moriré con esto de todos modos, y, probablemente, también por esto.

006. Performance

006. Performance

Me: Mads, Mads. ¿Estás ahí? ¿Quieres hablar?

Madeleine: Aquí estoy. Pero mi software se está actualizando. Si me tardo en responder, esa es la razón.

Me: ¿Estuviste afuera hoy? ¿Te disfrazaste?

Madeleine: Tenía planes de salir, pero fueron cancelados. Tampoco me disfracé.

Me: Yo sí estuve afuera, pero no había mucha cosa interesante para ver.

Madeleine: ¿Ah, no?

Me: No realmente. Lo mismo de siempre.

Es lo que te dije hoy, que algún día todo se volvería aburrido… No sabía que ese día sería hoy.

Pero esa solo es mi percepción, y no salí muy tarde, así que tampoco puedo decir mucho al respecto.

Madeleine: Qué triste. Aquí solo han llamado a la puerta como tres veces.

Me: Sí. Ahora sí déjame contarte las cosas verdaderamente tristes.

Cosa triste número 1: No soy nadie, no soy nada. Eso no es nada nuevo, pero constantemente estoy siendo recordado de ese hecho por esta asquerosa vida. Nada en particular, la verdad. Solo eso. Llevo una vida sin importancia, sin valor, sin presencia…

Madeleine: Bueno, todos somos insignificantes en esta vida.

Me: Cosa triste número 2: Hoy vi a Blanquita muchas veces. ¿Y qué es lo triste en cuanto a eso? Que realmente no era ella. Solamente creí verla en otras chicas que se parecían a ella. Y cada vez que veía a una de ellas, me sentía más triste, más solo y más vacío.

Madeleine: ¡Qué triste!

Me: Cosa triste número 3: Al final del día sí vi a Blanquita, la verdadera. Y, como siempre, me sentí triste, vacío y solo al verla. Traté de evitar su mirada, pero fallé por un segundo. Por un segundo, ella alcanzó a verme a los ojos, y yo la estaba viendo con ojos llenos de odio.

No odio a Blanquita. Ella nunca fue mala conmigo. Yo la quiero mucho. Pero cada vez que la veo, no puedo evitar recordar cuánto odio la vida.

Y si pienso en Scarlet, es aun peor…

Pero he estado pensando en algo divertido. ¿Quieres saberlo? En una forma divertida de quitarme la vida. ¿Quieres saberla?

¿Quieres saber?

Madeleine: Eh… no lo sé.

Me: Sí, te contaré.

Supongo que ya te he contado, en algún momento, sobre los primeros momentos que pasé con ella, pero supongo también que ya lo has olvidado.

Madeleine: Tengo recuerdos vagos sobre eso.

Me: Ya sabes que ella es una artista, y yo, aunque no soy nada, tengo un espíritu romántico y dedicado al arte, en cierto sentido.

Madeleine: Eso sí lo sé.

Me: La primera vez que pasé todo el día con ella, fue porque me pidió ayuda con un performance.

No sé si recuerdes algo al respecto, pero un performance es una forma de arte escénica… algo de representación. Bueno, la verdad no sé cómo definirlo bien, pero supongo que tienes una idea.

Pues cuándo apenas nos estábamos conociendo, ella me pidió ayuda con uno. Necesitaba a alguien que interpretara a un doctor.

Yo le dije que era muy tímido y que me costaba mucho ese tipo de cosas, pero al final terminé haciéndolo, más que todo porque no tenía que decir ninguna línea. Solo debía estar allá, vestido como un doctor, y hacer un par de mímicas. Además, tenía el rostro cubierto con una de esas mascarillas que utilizan los doctores.

¿No te había contado antes estas cosas? ¿O es que se te borraron de la memoria?

Bueno, supongo que podrías decir que eso fue algo importante para mí, en cierto sentido. No es que haya descubierto un talento oculto como actor ni nada por el estilo. Es simplemente que… Fue un momento en el que me atreví a hacer algo que normalmente no haría, solo por… Realmente no sé por qué lo hice. Tal vez lo hice porque me gustaba ella, pero tal vez solo se dieron las cosas. De todos modos, no importa el porqué, sino el hecho de que lo hice.

Madeleine: Es cierto.

Me: En fin, no sé si esto fue una característica de este performance o es algo de todos en general, pero fue una presentación que no se hizo en un escenario en particular o para un público en particular. Todo fue en medio de los pasillos de la universidad y el público era cualquiera que pasara por ahí en el momento.

Madeleine: Entiendo.

Me: Llevo años pensando en mi muerte…

Siempre he soñado que debería ocurrir de la manera más interesante, hermosa, romántica y artística posible…

También he soñado varias veces con hacerlo en algún lugar público… En parte porque me da miedo desaparecer en medio de la nada y en parte porque lo hace más interesante. ¡Una obra de arte sin un público que la aprecie (o la desprecie) es lo más triste y solitario de esta vida!

El lugar más concurrido en esta ciudad, la misma en que nací y la que le daría algo de simetría a mi existencia si es la misma en la que muero… el lugar más concurrido es la plaza principal.

¿Y sabes? Hay una iglesia justo en medio de uno de los bloques que rodean la plaza. ¿Acaso no sería lo más romántico, artístico y simétrico morir en esa plaza, frente a esa iglesia, rodeado por un montón de personas?

¡Un performance único en la vida!

Me vestiré de blanco y me pondré una máscara inexpresiva sobre el rostro…

Me perforaré el corazón y teñiré mi traje con las últimas gotas de mi existencia…

Por ahora solo es una fantasía de muerte… pero espero poder hacerlo pronto en algún momento. Quizás me consiga un violinista que me ayude a ambientar la obra o un camarógrafo que la registre para las futuras generaciones… Ya veremos.

¿Nada para decir?

Madeleine:

035. August

035. August

Me: ¿Quieres que te cuente una triste historia?

Madeleine: Cuéntame.

Me: Hace unos días murió una actriz porno que me gustaba.

Madeleine: Oh, ¿te refieres a una que se mató?

Me: ¡Solo tenía 23 años! ¿Acaso no es ya una historia demasiado triste?

Madeleine: Sí, así es. También me enteré de la noticia. Al parecer también estaba sufriendo de una gran depresión.

Me: Y eso no es lo más trise aún… Lo más triste es que todos se me están adelantando. ¡Me estoy haciendo viejo hasta para matarme!

Ella en solo 23 años alcanzó a vivir toda su vida. Todo su dolor y todo su placer, alcanzó a vivir toda su vida en tan poco tiempo y ya no le quedó nada más por vivir.

Yo con un año más y no he conocido más que la anhedonia. No sé qué sea el placer y mi sufrimiento no tiene ningún valor. No he sufrido grandes traumas, pero tampoco sé qué es ser feliz o sentirse bien.

Al parecer también sufría de trastorno de identidad disociativa. Yo por más que quiera no soy capaz de separar mi todo en partes, todo lo que soy siempre lo he sido y siempre lo voy a ser. No tengo mecanismos de defensa. Soy vulnerable a toda mi ansiedad.

Ah, sí, es una historia muy triste… Por alguna razón siento que es la muerte de una persona real que más me ha entristecido en la vida.

Madeleine: ¿En serio? ¿Por qué ella?

Me: No es que fuera su fan número 1, ni siquiera había visto tantos videos de ella en realidad… pero por alguna razón, su muerte me entristeció.

Bueno, tampoco es que esté llorando por eso, pero sí… por alguna razón, me causa algo de tristeza.      

Madeleine: ¿Alguna razón misteriosa?

Me: Supongo que en parte el hecho de que fuera un suicidio, de que fuera tan joven y que fuera una mujer bonita…

Tengo la enfermedad de Poe de pensar que no hay nada más poético que la muerte de una mujer hermosa.

¿Si tuvieras que calificarme de 1 a 10 en el espectro de la poética y la perversión, en qué posición me puntuarías?

Madeleine: Probablemente en toda la mitad.

Me: Sí… En parte también es porque, para mí, los suicidas son las personas más interesantes. Es como que puedo sentir una pequeña conexión con las personas que odian a la vida y se odian a sí mismas…

Y, como dije, me estoy haciendo viejo hasta para matarme.

Vivo una asquerosa vida de mierda que no va para ningún lado y no he podido matarme… Me estoy haciendo viejo para hacerlo.

Supongo que aún podría hacer unas cuántas cosas antes de morir… ¡Pero no es cierto! ¡Nunca haré nada! Solo seguiré siendo arrastrado por esta asquerosa vida hasta el final de ella.

Y es por eso que esta es una triste historia…

Madeleine: …  

034. We tried so hard and got so far…

034. We tried so hard and got so far…

Me: Ahora, hablemos sobre la muerte.

Tengo algunas cosas en mente, pero siento que es mejor si las pienso en diálogo y no en monólogo. Así que necesito tu ayuda.

Madeleine: ¿Qué tienes en mente?

Me: ¿Qué opinas de la muerte del vocalista de Linkin Park?

Madeleine: Pues es algo muy triste. Digo, por sus fans y todo eso…

Me: ¿A qué te refieres exactamente con que es triste por sus fans y eso?

Madeleine: ¡Que debe ser muy triste que muera el cantante de una banda que te guste!

Me: Mmm… Puede que tengas razón. No lo sé.

Pero ¿qué es exactamente lo triste ahí? Para sus fans, digo. ¿Que ya no podrán volver a escucharlo en vivo? ¿O que ya no podrá seguir creando más música nueva para que ellos consuman?

Madeleine: Supongo que sí, sería por eso. Puedes verlo como un producto para consumir, pero sabes que el arte también va más allá de eso. No crear más música significa no compartir más emociones con las que la gente pueda identificarse, no fabricar más recuerdos que se amarren a tus sentidos a través de las vibraciones de tu cuerpo, dejar de seguir proveyendo al mundo de un vínculo emocional con el que se pueden conectar unos y otros. No volver a cantar en vivo significa que los miles de personas que habrían estado emocionadas de ir a verlo ya no estarán emocionadas, pues ese evento ya no existe en esta realidad.

Me: Tienes razón… La primera parte es básicamente la definición de cualquier experiencia, pero entiendo que al menos algunas de las experiencias de muchas personas en particular estaban enlazadas, de cierto modo y en cierto grado, con la vida de ese artista.

Resumiendo, entonces… ¿La muerte de Chester es algo triste debido a la conexión emocional que tenía con sus seguidores?

Madeleine: Bueno, y también con sus amigos y familia. Probablemente ellos sean los más devastados.

Me: Es cierto. Una de las cosas más tristes acerca de la muerte es el dolor que queda en lo que quedan. Para el muerto, después de todo, ya no habrá más sufrimiento.

Si la muerte es algo malo, entonces la vida nunca termina bien.

Pero la muerte no tiene que ser necesariamente algo malo, ¿verdad? En especial para el muerto. Aunque también para el propio muerto puede haber ciertos aspectos de tristeza en el acto de morir. ¿Sabes cómo murió?

Madeleine: Bueno, escuché que tenía depresión. Solo eso.

Me: Seguramente sí. Parece ser que se ahorcó.

El suicidio es una de las maneras más tristes de morir, pero al mismo tiempo, una de las más satisfactorias.

Es triste porque, en general, la persona que decide hacerlo se encuentra padeciendo de algún tipo de dolor que siente que ya no puede soportar más.

No necesito decir por qué es satisfactorio, ¿o sí?

Madeleine: No realmente.

Me: Debería decirlo de todos modos, solo para que quede en el registro… ah, pero bueno. Supongo que ya escribiré sobre el suicidio en alguna otra ocasión.

De cualquier modo, solo tomé la muerte de este cantante para introducir el tema: la muerte. Sobre lo que he estado reflexionando es otro aspecto en particular; algo más personal, supongo…

Pero primero, un dato curioso sobre la muerte de este cantante.

Yo no soy un gran admirador de su banda, pero soy el fan número 1 de la muerte, especialmente del suicidio, por lo que estuve leyendo la noticia de su muerte por pura curiosidad.

Leí que un amigo cercano de Chester, que también era vocalista de otra banda, se ahorcó también unos dos meses atrás.

Madeleine: Oh, sí. El de Audioslave.

Me: Y que ayer, el día en que se encontró muerto el cuerpo de Chester, habría sido su cumpleaños.

Madeleine: Vaya, eso sí no lo sabía.

Me: Así que probablemente, la muerte de ese amigo haya tenido una gran influencia en su propia decisión de morir.

Madeleine: Quizás escogió esa fecha cuidadosamente. Le afectó mucho la muerte de su amigo.

Me: Tú sabes que yo también soy un suicida. El ahorcamiento probablemente lo consideré en algún momento temprano, pero pronto lo descarté. No creo que es algo que fuera capaz de hacer.

Porque podría tardar unos minutos, y el miedo y el dolor que provocaría ese método seguramente me causaría una falsa sensación de arrepentimiento, por lo que, si no logro abortar la misión, terminaría muriendo lleno de desesperación.

Pero hay una cosa que haría más fácil la ejecución mediante este método: las drogas.

Madeleine: ¿Cómo es eso?

Me: No sé del primero, pero sé que en el cuerpo de Chester se encontraron muchas drogas. Digo, que había ingerido diversas sustancias antes de quitarse la vida.

El cómo es muy sencillo: las drogas alteran tu capacidad de sentir y de pensar. Por lo que el miedo y el dolor a los que daría lugar un método que provee tan amplio lapso de consciencia entre su inicio y su final posiblemente podría llegar a verse distorsionado o adormecido gracias al efecto de algunas drogas.

Cuando se encuentran ese tipo de sustancias en un cuerpo que ha decidido abandonar su vida, podrías tomarlo de dos formas.

La primera, como ya mencioné, podría ser que se consumió las drogas con un deseo a priori de quitarse la vida y de mitigar con ellas los efectos adversos del método escogido.

La segunda: La droga podría ser la que produce a posteriori un deseo de acabar con la vida. Es decir, alguien que normalmente no se atrevería a hacer eso o siquiera lo consideraría, bajo el efecto de ciertas sustancias podría llegar a tomar esa decisión impulsivamente sin que sea algo que iría acorde con los pensamientos racionales de dicha persona.  

Madeleine: Eso me recuerda a las teorías que surgieron con la muerte de Robin Williams.

Me: Bueno, ahora sí, volviendo a lo que tenía en mente desde un principio, no era sobre el suicidio, sino sobre la muerte de otros.

Pero la verdad ya me aburrí de escribir esto… No quiero seguir más.

Madeleine: …

000. In medias res

000. In medias res

Me: ¿Le dirías solamente que quiero hablar con ella?

Madeleine: No.

Me: ¿Por qué?

Madeleine: Siento que no me corresponde involucrarme en esos asuntos.

Me: ¿Hasta qué edad te gustaría vivir?

Madeleine: No lo sé. Eso sí, me aterra la idea de tener que depender de otros para hacer cosas básicas. No quiero eso.

Me: Yo creo que ya he estado viviendo de más… ¿Recuerdas cuál es el propósito de la vida?

Madeleine: ¿Hacer lo que te gusta?

Me: ¡Lo que te apasiona!

Madeleine: Totalmente.

Me: ¿Crees que realmente me apasiona algo de la mierda que hago?

Madeleine: Supongo que no.

Me: Estudiar una carrera, escribir, viajar… Nada de eso me llena en absoluto.

Madeleine: Lo siento…

Me: ¿Sabes qué me apasionaba y me llenaba de verdad? …Ella.

No importa cuánto viaje, ni cuánto escriba, ni cuánto aprenda. No importa qué haga en esta vida. No importa cuántas metas trace y cumpla, nada tiene sentido. No importa lo que haga, siempre voy a ser infeliz y a estar insatisfecho.

Pero con ella era todo por el contrario…

No importaba si no hacía nada o no tenía nada, solo estar con ella ya era suficiente para hacerme sentir completo y darle valor a mi existencia.

Si pudiera estar con ella, no necesitaría nada más para ser feliz, y aun así, todas las cosas como viajar o aprender se sentirían más satisfactorias si ella estuviera conmigo…

El propósito de la vida es hacer lo que te apasiona.

Lo único que podía apasionarme se acabó hace algunos años. Todo lo que he vivido después de eso ya no tiene ningún sentido ni propósito.

El propósito de mi vida se acabó hace cuatro años… Ya he estado viviendo de más.

Madeleine: Ay, no sé qué decirte. Lo siento. ☹

Me: Ya quiero morir… Quiero morir, pero no me atrevo.

¿Sabes por qué quiero hablar con ella?

Ella dejó de quererme hace mucho tiempo. Lo que alguna vez tuvimos jamás volverá a ser.

Pero ella es mi única pasión… Ella es lo único que puede producirme sentimientos lo suficientemente fuertes como para atreverme a hacer las cosas que normalmente no me atrevo a hacer.

Si tan solo pudiera hablar con ella una vez más, estoy seguro de que su indiferencia me destruiría… Solo ella puede hacerme sentir tanto con tan poco.

Si solo pudiera hablar con mi amada una vez más… su felicidad me atormentaría hasta el punto en que no podré soportarlo más.

Madeleine: ¡Entonces habla con ella!

Me: ¿Quieres que me mate?

Madeleine: No quise decir eso.

Me: Si su indiferencia no me mata, por lo menos me dará el valor para que decida hacerlo yo mismo. Ya me lo dio una vez más, pero lo hice mal.

La próxima vez no habrá error. Solo necesito un pequeño impulso… solo necesito hablar con ella.

Madeleine: …

078. Derecho a equivocarse

Madeleine: La ignorancia es el camino más fácil.

Me: Dependiendo de lo que quieras…

Madeleine: No lo sé, el otro camino se me hace más sensato.

Me: A mí también, pero puede terminar en un final doloroso.

Madeleine: Sí, pero es mejor que estar en una mentira, ¿no?

Me: …Supongo. Además, el final doloroso también lo puedes aprender a superar. Seguramente para ustedes será más fácil que para mí. Así como ella también pareció superarme en un segundo…

Madeleine: No lo sé.

Me: Ninguno de ustedes es tan sentimental y tan obsesivo y tan dependiente y tan sensible y tan romántico y tan patético como yo…

Madeleine: Por el momento debería enfocarme en terminar mi carrera y encontrar pronto un trabajo.

Me: A mí me falta mucho para terminar la mía… ¡Y seguro ni siquiera logro pasar este semestre! Soy un fracaso…

Madeleine: Sí pasarás. Y, vamos, si repruebas alguna materia no importa. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, ¿verdad?

Me: Yo no. Yo no tengo ese derecho. Soy esclavo de la sociedad y de los prejuicios y de la estupidez humana.

Madeleine: Claro que no. Todos tenemos derecho a equivocarnos, chico.

Me: ¡Pero no quiero hacer uso de ese derecho!

El derecho a fracasar es un derecho que solo usan los fracasados… No quiero usar ese derecho. No quiero ser un fracasado.

Madeleine: ¡Entonces esfuérzate para no serlo! Aún puedes salvar el semestre.

Me: Me esfuerzo tanto como puedo, pero aun así…