000. In medias res

000. In medias res

Me: ¿Le dirías solamente que quiero hablar con ella?

Madeleine: No.

Me: ¿Por qué?

Madeleine: Siento que no me corresponde involucrarme en esos asuntos.

Me: ¿Hasta qué edad te gustaría vivir?

Madeleine: No lo sé. Eso sí, me aterra la idea de tener que depender de otros para hacer cosas básicas. No quiero eso.

Me: Yo creo que ya he estado viviendo de más… ¿Recuerdas cuál es el propósito de la vida?

Madeleine: ¿Hacer lo que te gusta?

Me: ¡Lo que te apasiona!

Madeleine: Totalmente.

Me: ¿Crees que realmente me apasiona algo de la mierda que hago?

Madeleine: Supongo que no.

Me: Estudiar una carrera, escribir, viajar… Nada de eso me llena en absoluto.

Madeleine: Lo siento…

Me: ¿Sabes qué me apasionaba y me llenaba de verdad? …Ella.

No importa cuánto viaje, ni cuánto escriba, ni cuánto aprenda. No importa qué haga en esta vida. No importa cuántas metas trace y cumpla, nada tiene sentido. No importa lo que haga, siempre voy a ser infeliz y a estar insatisfecho.

Pero con ella era todo por el contrario…

No importaba si no hacía nada o no tenía nada, solo estar con ella ya era suficiente para hacerme sentir completo y darle valor a mi existencia.

Si pudiera estar con ella, no necesitaría nada más para ser feliz, y aun así, todas las cosas como viajar o aprender se sentirían más satisfactorias si ella estuviera conmigo…

El propósito de la vida es hacer lo que te apasiona.

Lo único que podía apasionarme se acabó hace algunos años. Todo lo que he vivido después de eso ya no tiene ningún sentido ni propósito.

El propósito de mi vida se acabó hace cuatro años… Ya he estado viviendo de más.

Madeleine: Ay, no sé qué decirte. Lo siento. ☹

Me: Ya quiero morir… Quiero morir, pero no me atrevo.

¿Sabes por qué quiero hablar con ella?

Ella dejó de quererme hace mucho tiempo. Lo que alguna vez tuvimos jamás volverá a ser.

Pero ella es mi única pasión… Ella es lo único que puede producirme sentimientos lo suficientemente fuertes como para atreverme a hacer las cosas que normalmente no me atrevo a hacer.

Si tan solo pudiera hablar con ella una vez más, estoy seguro de que su indiferencia me destruiría… Solo ella puede hacerme sentir tanto con tan poco.

Si solo pudiera hablar con mi amada una vez más… su felicidad me atormentaría hasta el punto en que no podré soportarlo más.

Madeleine: ¡Entonces habla con ella!

Me: ¿Quieres que me mate?

Madeleine: No quise decir eso.

Me: Si su indiferencia no me mata, por lo menos me dará el valor para que decida hacerlo yo mismo. Ya me lo dio una vez más, pero lo hice mal.

La próxima vez no habrá error. Solo necesito un pequeño impulso… solo necesito hablar con ella.

Madeleine: …

010. El halcón rojo

010. El halcón rojo

Me: ¿Supiste de ese caso en el que se suicidaron una docena de hombres hace un tiempo siguiendo una especie de juego macabro?

Madeleine: Sí, se formó un gran revuelo con todo eso. Al final, el tipo que lo empezó todo también se suicidó.

Me: Sí, eso dicen. Qué noticia tan triste, ¿no?

Madeleine: Sí, es triste, pero al mismo tiempo me parece muy estúpido que esas personas decidieran matarse solo por un juego. No me cabe en la cabeza cómo puede ocurrir algo así.

Me: Es cierto, no lo entiendes. Déjame cortarlo en pedacitos pequeños para que te pueda caber en la cabeza.

A primera vista, puede percibirse como tú y la mayoría de las personas lo hacen: un grupo de hombres tontos matándose porque son tontos y siguen un jueguito tonto; que los adultos también pueden ser estúpidos y fácilmente manipulables. Y eso es cierto, definitivamente. Pero si analizas detenidamente la biografía de cada uno de estos hombres, encontrarás que todos ellos eran personas con un nivel de inteligencia bastante por encima del promedio.

Madeleine: Parece que estás muy involucrado con ese caso.

Me: En cierto sentido, sí… Así que al final no es tan simple como muchas personas están dispuestas a creer. Es algo mucho más complejo.

Una persona inteligente no se mata simplemente porque le digas que se mate.

Si le dices a una persona inteligente que se mate, tienes dos posibilidades: 1) que no quiera hacerlo y no lo haga, o 2) que quiera hacerlo y lo haga.

En otras palabras, el hecho de matarse no depende de que te lo diga alguien más o te lo proponga un juego. Es algo que decides por ti mismo.

Pero, entonces, ¿cómo es que doce hombres inteligentes terminaron accediendo a un juego que todo el mundo considera tan estúpido?  

Esto puede que te sea un poco difícil de creer, pero la verdad es que fue justamente porque eran personas más inteligentes que el resto.

Es triste, pero se ha demostrado estadísticamente una correlación subyacente entre la inteligencia y la depresión. Y digo que es triste, más que todo por el mundo que se pierde de la brillantez de estas personas y se ahoga en la alegre abundancia de la estupidez de otras.

El hombre que lo empezó todo dejó constancia en su carta de suicidio de que había hecho todo esto como un “regalo” para estas personas y al parecer fue bien recibido. Los familiares y personas cercanas a los hombres que cometieron suicidio con este juego de hecho reportaron haber notado una actitud más alegre y positiva en ellos durante las últimas dos semanas antes de sus muertes.

Madeleine: Espera… Según los informes de la policía, el tipo que lo empezó todo no dejó una carta suicida antes de acabar con su vida.

Me: Oh, pero sí la dejó. Solo que la policía no fue lo suficientemente competente para descifrarla. Su carta suicida está oculta en los mensajes que dejaron los otros doce antes de matarse.   

Cada uno odiaba su vida por razones particulares, pero hay dos cosas en común en todos ellos que son evidentes. Primero, un claro desprecio por la vida que es previo a cualquier juego macabro y al hecho definitivo. Segundo, si se puede decir así, sería la causa de lo anterior, que es personal y única en cada individuo, pero que se puede agrupar en una categoría más general: porque no podían disfrutar la vida como las demás personas.

Eran gente sin propósitos y sin esperanzas, y así lo expresa en su mensaje el hombre que lo empezó todo:

“Estas personas no se mataron porque yo se los pedí. No, al contrario. Estas personas me pidieron que las matara y yo se los concedí. Yo soy su salvador. Ellos no tenían nada antes de mí, no tenían esperanzas ni propósitos, solo su deseo de morir. Yo les di algo, les di todo. Les di un propósito a su vida y un significado a su muerte”.   

Madeleine: ¿Cómo sabes todas estas cosas? ¿Y por qué tan interesado en el caso de repente?

Me: Eh… No es nada…

002. El arte de morir

002. El arte de morir

Me: “Arte”. Esa es la palabra que estás buscando. “La manera en que se matan es… arte”.

Madeleine: Para nada.

Me: Realmente creo que sí (aunque no recuerdo esas muertes de las que hablas). Pero si la vida es arte, significa que la muerte lo es aún más.

Madeleine: El chico que fue empujado de la torre estaba en un bosque con su hermanito pequeño y el tipo que los cuidaba. Luego llegaron unos salvajes.

Me: Sí recuerdo las escenas de las que hablas, pero no recuerdo exactamente cómo es que se mataban.

Madeleine: A uno le cortaron la garganta y a otro lo atravesaron con una flecha.

Me: Bueno, así es la guerra. De hecho, creo que es una buena forma de morir. Mueres por una razón, mueres porque luchas por algo. Quizás haya dolor, pero es rápido… En mi opinión, es una buena forma de morir.

Madeleine: Lo más feo fue cuando atravesaron a uno en el ojo con una espada.

Me: En la vida real te atropella un auto y te deja peor. Y lo que es peor aun, mueres sin ninguna razón. Quizás te atrape un cáncer y vivas una vida miserable entre terapias y medicinas, sufriendo lentamente y muriendo sin ninguna motivación.

No hay una buena forma de morir, en realidad. Pero, en mi opinión, una de estas dos opciones haría de la muerte algo un poco más tolerable:

1. Una motivación. Morir por alguna razón, por algún fin.

2. Simplemente morir tranquilamente, sin dolor y sin miedo.

Pero la vida real es mucho más cruel que la ficción. La vida no tiene un autor como los libros o las películas para que decida un final feliz. Nadie es el autor de su propia vida, como a algunos les gusta pensar. Todos somos personajes secundarios atrapados en un argumento incoherente. Nos gusta pensar que somos personajes únicos e importantes, pero todos estamos basados en los mismos arquetipos milenarios. Todos tenemos el mismo propósito –alcanzar la felicidad– y todos compartimos el mismo desenlace: la muerte. Luchamos toda la vida tratando de buscar nuestro final feliz, pero casi siempre es imposible. Después de todo, ¿es posible que un final sea feliz? ¿Acaso hay algo de bueno en que todo se acabe? No lo creo… En la vida real no existen los finales felices. Es por eso que debemos tratar de aprovechar el inicio y el clímax y disfrutarlos tanto como nos sea posible, porque en algún momento nos llegará el final y definitivamente no será algo bueno…

Madeleine: …