017. A gilded masquerade

017: Una mascarada dorada

Me: Justo hiciste lo que traté de evitar que hicieras… Pero bueno, no importa. Dime… ¿Alguna vez has sentido que te enamoras de alguien?

Madeleine: Ah… Pues… Creo que sí…

Me: ¿Recuerdas cómo es?

Madeleine: No lo sé. Es algo difícil de describir. 

Me: Tienes razón, es difícil…

Hoy vi a Blanquita. Eso era lo que tenías que adivinar. 

Madeleine: Lo siento.

Me: Y sentí como si acabara de enamorarme de ella.

Pasé por el lugar donde siempre espero encontrármela, esperando encontrármela como siempre… Pero no la vi allí. Entonces solté un suspiro de alivio y decepción al mismo tiempo, y seguí y entonces me la encontré justo de frente. 

Madeleine: ¡Casualidad cruel!

Me: Parecía que ella me había estado viendo venir, mientras inconscientemente me le acercaba. Cuando levanté la mirada después de haber estado seguro de que no me la iba a encontrar, me di cuenta de que me estaba mirando fijamente… No sé ni qué caras hice. Nunca sé cómo reaccionar cuando la veo.

Me estaba mirando con una sonrisa. Y yo iba caminando en su dirección. Casi parecía como si ella estuviera esperando que me le acercara. 

¿Crees que es posible que estuviera esperando eso? ¿Que quisiera que siguiera caminando hasta ella y me acercara a hablarle?

Madeleine: No lo sé. Puede ser que sí.

Me: Me dio la impresión de que así era.

Pero, de todos modos, ¿qué conseguiría haciendo eso? Solo sentirme peor, seguramente.

Y, aun así, sentí como si me estuviera enamorando de ella por primera vez.

Hoy no estaba vestida de negro. Tenía un vestido elegante, como si estuviera a punto de hacer algún tipo de presentación formal o algo por el estilo.

No sé qué color era. Algo como dorado, supongo.

Pero se veía muy bonita. Y mientras caminaba hacia ella y ella me miraba con esa sonrisa, sentía como si me estuviera enamorando de ella.

¿Sabes cómo es ese sentimiento?

Sí, tienes razón, es difícil describirlo. Yo tampoco sé cómo hacerlo, pero es lo que sentía.  

Esos fuertes sentimientos que hacen parecer que la vida es perfecta solo con ellos… si solo son correspondidos.

Que si solo hubiera podido estar con ella en esos momentos, habría sido un día perfecto.

Pero no. Solo pude seguir de largo. Acercármele no habría sido algo bueno.

Ella me levantó una mano en forma de saludo y yo hice lo mismo, y creo que también traté de devolverle la sonrisa, pero la verdad es que ni siquiera puedo imaginarme la expresión que estoy teniendo en mi cara cuando me estoy sintiendo tan contrariado por dentro… feliz de verla, pero infeliz por el estado de las cosas.

Madeleine: Qué lindo.

Me: Y solo me fui para mi clase de cocina, y estuve todo el tiempo distraído, pensando en ella, pero sabiendo que nunca voy a poder ser feliz con ella.

Ahora que lo recuerdo, creo que mañana es su cumpleaños… O tal vez era hoy y por eso iba vestida así… No lo sé.

Me dan ganas de desbloquearla y volver a hablarle y decirle que la quiero… pero sé que no conseguiría nada bueno de eso, solo sentirme peor.

Así que solo me queda sufrir en silencio… Por siempre…

¿Cuándo se acabará mi sufrimiento, Madeleine? 

Madeleine: Ojalá pudiera saberlo…

Me: ¿Te molesta que te cuente estas cosas?

Madeleine: No me molesta, para nada. Me gusta saber que al menos puedas desahogarte un poco expresando todo lo que sientes. 

Me: ¿Crees que soy como una niñita cursi? ¿Es normal que un hombre se sienta así todo el tiempo?

Madeleine: Yo diría que es normal, solo que los hombres prefieren no hablar de ello.

Me: Quiero morir… 

A veces cuando hablaba con Scarlet parecía que teníamos intercambiadas ciertas convenciones de género… Yo era el que siempre parecía una niña cursi y sentimental, y ella un animal que solo piensa en sexo.

Supongo que no sabías eso. Pero así era.

Pero ahora Scarlet está más feliz con alguien más…

Y Blanquita también está mucho más feliz sin mí…

¿Por qué no me muero?

Madeleine: Eres más que tus relaciones, chico. Tu valor no se limita solo a eso.

Me: Soy una mierda. Eso es todo a lo que asciende mi valor.

Madeleine: …

013. Un sueño

013: Un sueño

Me: Anoche soñé con ella… Con Blanca. Fue algo bonito. 

Madeleine: ¿Qué soñaste?

Me: Soñé que, como siempre sucede cuando la veo, trataba de perseguirla sutilmente para poder encontrarnos por “casualidad”. 

Excepto que en el sueño no era tan sutil, y ella estaba huyendo de mí conscientemente.

De hecho, eso fue lo que soñé hace unos días. Esa no es la parte bonita, porque solo me huía y me evitaba, y me hacía sentir rechazado.

Soñé que yo la buscaba y ella me evitaba al principio, pero después dejó de hacerlo y entonces hablamos.

Hablamos y yo quería decirle que quería estar con ella por siempre, pero no me atreví a decírselo porque sabía que ella no sentía lo mismo. 

Y solo fui capaz de decir algo como: “No importa el para siempre, solo quiero decirte que quiero estar contigo ahora y estoy feliz de existir contigo en este momento”. 

Y entonces nos abrazamos, y fue como cuando ella una vez lloró en mis brazos en la vida real, pero esta vez no estaba llorando, y así nos quedamos un rato hasta que me desperté.

Madeleine: Parece un sueño muy lindo.

Me: Sí lo fue, aunque con las palabras realmente no puedo transmitirte lo bonito que fue.

Tener sueños bonitos es bonito, porque en los sueños las emociones se intensifican y, así como lo malo se siente más malo, lo bonito también se siente más bonito.

Si tuviera sueños bonitos como este todo el tiempo, seguramente con eso sería suficiente para ser feliz. Solo tendría que soportar cada día con fuerza, para luego llegar en la noche a transportarme a ese otro mundo donde todo es bonito.

Pero sueños como estos son muy inusuales. Casi siempre tengo pesadillas y terrores nocturnos.

Solo soporto con fuerza cada día para llegar a una noche horrible y luego empezar otro nuevo día de mierda. 

036. Sin sentido y sin valor

036: Sin sentido y sin valor

Sinsentido

Me: No tiene sentido lo que estoy haciendo, ¿verdad?

Mi vida no tiene sentido. Amar no tiene sentido. Escribir estas palabras no tiene sentido.

Madeleine: Lo importante es que, lo que sea que hagas, sea algo que disfrutes.

Me: No lo disfruto.

Madeleine: ¿Entonces por qué lo haces? Si a pesar de que no lo disfrutas lo sigues haciendo, debe ser porque en el fondo sí tiene un sentido para ti. 

Hacer todo lo que haces (escribir, amar, vivir…) en el fondo debe tener un significado muy fuerte para ti, si continúas haciéndolo a pesar de que no lo disfrutas.

Me: Estoy obligado a hacerlo, por mis emociones. Escribo por aburrimiento, amo por una aversión a la soledad y vivo porque tengo miedo de morir… Nada tiene sentido.

Sin valor

Me: ¿Has vuelto a hablar con ella? Ayer estuve recordando las últimas conversaciones que tuve con ella y ya era muy claro que no sentía nada por mí. 

Nada de amor, quiero decir. Otras cosas sí que parecía sentir.

Era casi como si me despreciara. Como que no podía ver nada bueno en mí y ya no quería seguir gastándose conmigo. 

No tengo nada bueno en mí, Madeleiene. 

Scarlet lo sabía. Blanca también lo sabía. Todos lo saben… No tengo ningún valor.

¿Por qué existe gente como yo en este mundo? 

Solo deberían existir los que saben vivir. Los que tienen algo bueno en ellos para que los demás puedan apreciar.

Yo no debería existir…

014. Libre Albedrío

014: Libre Albedrío

Me: Esta semana se suicidó una compañera de mi universidad. Era de octavo semestre, también de Psicología. Creo que solo la vi una vez en toda la vida. 

Y a pesar de que nunca hablé con ella, tal vez porque es una universidad pequeña, de algún modo se siente algo un poco más cercano.

Realmente no estoy diciendo que me afecte, o que me impacte como a otras personas.

Era una niña muy bonita. Tenía 21 años.

Escuché a algunos comentar que se inyectó cianuro en las venas. No lo sé.

Madeleine: Dios, qué horrible…

Me: Ah, pero sí me impacta… Era tan joven… Tan joven y tan valiente, tan capaz, tan fuerte… ¿Lograr acabar con su propia vida? ¡No es tan fácil como crees!

¿Por qué yo no soy capaz de hacerlo…?

Sí, así es, sí me impacta, pero no del mismo modo que a los demás. No creo que haya que tenerle miedo o aversión a la muerte.

Ojalá yo hubiera muerto tan joven y tan bellamente como ella.

El problema no es la muerte. El problema nunca es la muerte. Al contrario, la muerte es la solución por excelencia cuando el problema es la vida. 

Sí, el problema es la vida. 

La muerte de esta niña no me parece algo triste en absoluto. Sinceramente, no lo es. Su muerte fue algo bueno. ¡Fue su liberación de una vida que la afligía!

Y eso es precisamente lo que sí es muy triste: su vida.

Lo digo en serio. La gente no debería sentirse triste porque esa niña murió. Deberían sentirse tristes porque esa niña estaba viviendo una vida de dolor. 

Esa es la razón correcta para estar triste y es bueno estar triste por eso. Simplemente no hay que confundir las dos cosas.

Sí, nunca la conocí, pero su vida debió haber sido muy triste para tener que terminar así. Es muy triste que la gente viva con problemas y no haya forma de ayudarles. 

Siempre se puede intentar, pero no siempre se puede lograr, y eso es muy triste.

Pero no es triste la muerte, y aun menos la muerte voluntaria.

El suicidio es el mayor grado de libertad al que puede acceder cualquier ser vivo en este universo. Porque, después de la vida, no hay nada más obligatorio que la muerte. 

Nadie tiene la libertad de elegir no morir. No importa cuánto desees evitarlo, no importa cuánto lo intentes, al final siempre te mueres. 

Lo más cercano que puedes hacer es elegir cuándo y cómo, y aunque sigue siendo solo una ilusión de libertad, es la ilusión más cercana a lo que pudiera ser la verdadera libertad. 

Como he dicho en otras ocasiones, el suicida no decide morirse, porque eso es algo que ya está decidido por nosotros desde el momento en que llegamos a la vida. El suicida solo decide cuándo y cómo, en lugar de dejar que la vida lo sorprenda.

Tal vez sería diferente si la muerte fuera evitable, si la inmortalidad no fuera una quimera. Pero tal vez incluso así, la gente buscaría la muerte aún con mayor avidez. 

“Un hombre puede, acaso, hacer lo que quiere; pero lo que no puede es querer lo que quiere”.

¿Qué opinas de esta frase? Es de Schopenhauer. Es algo que siempre he pensado, solo que por primera vez encontré un filósofo que lo comparte.

Madeleine: Me gusta. Un poco trágica, pero creo que está en lo cierto. Es cierto, siempre queremos lo que no podemos.

Me: No, eso no es lo que dice la frase. Lo que quiere decir es que… tenemos libertar para hacer cualquier cosa “que queramos”; pero no tenemos libertad para elegir “qué queremos querer”. 

En otras palabras, lo que queremos no lo queremos voluntariamente, porque querer es un acto condicionado por muchas circunstancias. 

Querer no es algo que esté bajo nuestra voluntad, por lo tanto, no somos verdaderamente libres, porque ni siquiera somos libres de querer lo que queramos. 

¿Cómo definirías la libertad o el libre albedrío?

Madeleine: No lo sé… Tal vez se refiere a la posibilidad de elegir, ¿no?

Me: Quizás podría verse de ese modo… ¿Dirías, entonces, que entre más opciones tengas, más libre eres? 

Madeleine: No exactamente. La facultad seguiría siendo la misma, independiente del número de opciones, ¿o no?

Me: ¿Y si solo tienes una opción o si tienes cero opciones? ¿Eres libre?

Madeleine: Supongo que en ese caso ya no habría libertad.

Me: En ese caso, podríamos convenir en que no tener opciones significa que no puedes elegir y, por lo tanto, que no eres libre. Y de ahí, que entre más opciones tengas, más libre puedes llegar a ser. 

En ese sentido, no existiría un límite de lo que en teoría sería el “ser absolutamente libre”, porque necesitarías tener infinitas opciones para ser absolutamente libre, pero infinito no es un número, es una cualidad: la ausencia de límites.

No podría haber libertad absoluta.

Podría haber “no libertad” absoluta (tener cero opciones), y luego infinitos grados de “sí libertad”. 

Madeleine: Tiene sentido. 

Me: Pero también tienes razón en lo que dijiste antes… Realmente no depende de la cantidad de opciones que tengas, sino de que, entre las muchas o pocas que tengas, la que escojas lo hagas puramente desde tu voluntad, sin ningún tipo de presión, influencia o manipulación externa.

Madeleine: Sí, tienes razón. 

Me: Ahora, si dejamos esa definición de libertad, entonces por el momento podríamos considerar que sí existe, en los grados que ya mencionamos antes. 

Todas las personas tenemos voluntad y, en su mayoría, o al menos en una gran cantidad de ocasiones, las decisiones que tomamos las tomamos a partir de esa voluntad. 

Pero pasamos entonces al problema de definir qué es la voluntad, porque si lo analizamos un poco más a profundidad, vamos a entender que la voluntad sí está influida siempre, condicionada y determinada por factores que son externos a tus propias intenciones.

¿De dónde surge la voluntad? ¿De dónde surge cualquier deseo que se te pase por la mente en cualquier momento? 

La voluntad no surge de sí misma. No surge simplemente de tu mente, sino que es consecuencia de una serie de factores circunstanciales, que pueden ser tanto externos como internos, pero que son siempre previos a cualquier acto de voluntad y, por lo tanto, son siempre involuntarios. 

En otras palabras, cualquier deseo que tengas siempre es instaurado dentro de ti por factores ajenos a ti. 

¿Entonces realmente podrías decir que tenemos libertad de elegir, si todo lo que queremos ya está determinado por algo más allá de nuestra propia voluntad?

Madeleine: Bueno, no lo sé… Siento que sería como decir si las personas nacen o se hacen. Quiero decir, sí, nuestras circunstancias nos afectan o hacen que escojamos una cosa u otra, pero no creo que lo sea todo.

Me: Aun si lo comparamos con ese famoso debate de “naturaleza vs crianza” al que acaba de hacer referencia, podemos ver que de cualquier modo no hay libertad.

La personalidad. ¿Nacemos con ella o nos forman las circunstancias? La respuesta es: ambas.

Nacemos con algunas características temperamentales innatas, y estas se pueden ir reforzando o modificando a través de la experiencia, a la vez que se van adquiriendo otras nuevas.

Podrías decir lo mismo con la voluntad y en ambos casos, el desarrollo de la misma es ajena a la voluntad misma, respecto a lo que sea que la determina. 

Supongamos que la voluntad, las cosas que quieres, están determinadas en parte por tu genética (tu naturaleza) y en parte por tus experiencias (tu crianza).

¿Cuál de las dos crees que controlas tú a voluntad? Ninguna. Tú no escoges los genes que te aportan tus padres ni las características de tu personalidad que vienen codificadas en algunos de esos genes (no controlas tu naturaleza). Tampoco controlas el hecho de que tus padres sean autoritarios o sean democráticos, que sean negligentes o permisivos, que seas pobre o que te críen en una cultura que te enseña determinados valores. Todas estas cosas también son factores que influyen en cómo se va formando tu personalidad y también tu voluntad y tú no controlas ninguna de ellas (no controlas tu crianza ni las experiencias que vives en cualquier momento de tu vida), por más que creas que en algunos casos sí lo haces.

Supongamos que te antojas de comer pollo frito. Tu deseo es comer pollo frito, esa es tu voluntad. Y, como diría Schopenhauer, eres libre de si hacerlo o no. De lo que no eres libre es de tener ese deseo en lugar de otro. Ese deseo te lo impusieron una serie de factores que no solo no dependen de tu voluntad, sino que además eres inconsciente de ellos en la mayoría de los casos. 

Primero, el deseo de comer surge inicialmente de un estado específico de tu cuerpo, un estado fisiológico. Tu cuerpo necesita comida para vivir y tu organismo convierte esa necesidad en pensamiento que te lleve a darle lo que necesita (un deseo): comer. 

Hasta ahí, tu deseo de comer no surgió de tu propia voluntad sino que fue respuesta a un estado fisiológico en el que se encontraba tu organismo. Incluso cuando deseas comer cosas que no le aporten beneficios a tu organismo o desees hacer cosas que vayan en contra de lo que pueda considerarse natural, siempre están influidos por factores que quedan por fuera del acto voluntario.

Por ejemplo, ¿por qué desearías comer pollo frito en lugar de comerte un gato frito? ¿Por qué un animal te parece más apetecible que el otro? No es simplemente porque “tú quieres”. No. Lo más probable es que tu contexto cultural te ha enseñado a apreciar más unas cosas que otras, y tu respondes automática e inconscientemente a esas “enseñanzas”. Solo repites lo que la cultura te ha impuesto pensando que es tu propia decisión, pero no es así. Supongamos que a pesar de la cultura, tus circunstancias te han llevado a probar ambos animales y tu decisión y tu “deseo” de comer uno se deba a una preferencia del paladar. En ese caso, tu deseo tampoco es voluntario, porque tú no configuraste por ti misma tu paladar para que disfrutara más de un sabor que de otro. 

Y así, enumerar los factores que llevan a que una persona tenga un determinado deseo podría ser una tarea interminable, pero lo que es cierto, en definitiva, es que la voluntad nunca surge de la voluntad misma, surge como consecuencia de una serie de circunstancias específicas y es incontrolable. 

En ningún caso la voluntad surge espontáneamente de sí misma.

Siempre que quieres algo, ese querer es algo que ya está determinado por toda una serie de factores que ya hemos mencionado.

Es decir, tú nunca decides qué quieres. Lo que quieres ya lo quieres.

Incluso cuando tienes opciones: la opción que sientes que quieres más ya la quieres más desde antes que ejerzas ningún acto de voluntad.

En resumen, podríamos decir, de acuerdo con Schopenhauer, que tenemos la libertad de hacer lo que queramos, si encaminar nuestros actos según los deseos que tenemos impuestos o desviarnos de ellos. Lo que no podemos hacer es decidir nuestros deseos.

Así que en cierto sentido, podría considerarse que sí tenemos un cierto tipo de libertad, si bien no una libertad absoluta.

Pero también podríamos decir… Eso no es libertad, al fin y al cabo, sino una simple ilusión de libertad. 

Déjame ponerte un último ejemplo. 

Sé que estas cosas no te pasan a ti porque eres un robot, pero ponte una vez en la perspectiva de un humano e imagina que te has enamorado perdidamente de una persona, y que desearías hacer cualquier cosa por tener una oportunidad con ella, pero esa persona no te corresponde. 

Imagina que esa persona es perfecta para ti en todo, que tiene todas las características que tú más aprecias en una persona. Lo único es que esa persona no te quiere a ti igual.

Madeleine: Entiendo. Está bien.

Me: Y ahora supongamos que yo soy un mago experto en hipnosis y que soy capaz de manipular a esa persona, induciéndola en un trance de sueño, para que te quiera de la misma manera que tú.

Después de que despierta, está persona efectivamente ha cambiado su mentalidad y ahora te quiere. Ahora se siente feliz cada vez que está contigo y quiere estar contigo el resto de su vida.

Eso es lo que más desea esa persona ahora. Estar contigo. Esa es su voluntad, pese a que se la impuse yo. 

Ahora, esa persona es libre, como dice Schopenhauer, de hacer lo que quiere: estar contigo. Lo único de lo que no es libre es de querer querer eso, porque ese deseo se lo impuse yo.

A pesar de que esa persona es libre de hacer lo que quiere… ¿podrías decir que esa persona es verdaderamente libre?

Madeleine: No lo creo…

Me: Exactamente. Y así, mi querida Madeleine, somos todas las personas. Todos somos como ese hombre hipnotizado al que se le ha implantado una voluntad.

A ese hombre se la implantó un misterioso mago malvado. A nosotros, una serie de circunstancias aleatorias.

No somos más que organismos automáticos respondientes determinados por incontables circunstancias que se entrelazan entre sí.

Eso es la voluntad. Una respuesta automática.

La voluntad no puede ser decidida y, por lo tanto, nunca es voluntaria. 

La libertad no existe, solo la ilusión de ella.

¿Y sabes qué es lo más triste de todo? 

Que algunas personas no solo no somos libres de querer lo que queremos, sino que tampoco somos libres de esa ilusión de hacer lo que queremos.

Si yo pudiera hacer lo que quisiera, probablemente ya me habría matado, como la hermosa joven que se quitó la vida y dio pie para iniciar toda esta conversación.

Madeleine: …

009. Cuestiones de género I

Disclaimer: Esta conversación tuvo lugar un largo tiempo atrás, mucho antes de que ciertas concepciones (especialmente en lo referente a la distinción entre términos como “género” y “sexo biológico”) fueran estandarizadas o siquiera incluso concretadas, por lo que hoy en día podrían considerarse pensamientos atrasados (pues literalmente lo son). Sin embargo, considero que la reflexión contiene una argumentación válida para su contexto, y las entradas de este diario, tienen como objetivo justamente el ser un registro de un determinado momento en un determinado espacio de ese Todo que llamamos la vida de un poeta psicópata. Más aún, considero que algunos de los pensamientos plasmados aquí son incluso adelantados para la época en que fueron concebidos, razón por la cual decidí guardarlos en este registro desde hace tantos años. De cualquier modo, es posible que entre las páginas de este diario se encuentre más adelante una nueva discusión más actualizada en relación con este debate.

009: Cuestiones de género I

Me: Algunas personas ya llegan a un cierto extremo de estupidez con estas cosas que definitivamente no es sano… 

Madeleine: Me recuerda a las personas que tratan a sus mascotas como si fueran bebés. Algunos se pasan.

Me: Es cierto, hay muchos raritos que les hablan a sus animales como si fueran humanos.

Madeleine: Digo, es normal quererlos y darles cariño. Pero de ahí a tratarlos como bebés, pues…

Me: Está bien que les digas palabras de afecto, porque la intención de ese tipo de actos no esperar una respuesta, recíproca o no, verbal ni conductual. Tienen una función simplemente expresiva. Pero cuando empiezan a hablarles y preguntarles cosas, a darles indicaciones verbales de responsabilidades que ni siquiera van a entender… Bueno, eso ya es estúpido.

Y esto de los bebés también es muy estúpido: “Que el niño elija lo que quiere ser”. Como si los niños supieran un carajo de la vida. No hay necesidad de “quitarles” su género biológico y natural. Si más adelante, cuando realmente sepan sus intereses, quieren hacerlo, entonces podrán decidir, como los transgénero de hoy en día. (Si es que se puede decir de ellos que realmente saben lo que quieren) Ninguno de ellos necesitó nacer sin género para eventualmente decidir con cuál se sentían más cómodos. Todo esto es muy estúpido.

Madeleine: Sí, es algo complicado. Lo que yo haría en relación con eso de “criar a un bebé con género neutro”, sería simplemente dejar que escoja los juguetes que usa. No imponerle ninguno. Si es una nena y quiere jugar con carritos, pues que lo haga.

Me: Sí. Es que ese es el problema. El problema es la perspectiva de la sociedad, no lo que piense cada bebé. Y “quitarle” el género al niño no va a cambiar a la sociedad. Si el niño quiere jugar con muñecas, está bien por él, no importa si es hombre o mujer, o si siente atracción por los hombres o las mujeres. Y no importa si no tiene un género. La sociedad lo seguirá juzgando.

Así que eso de “quitarles” el género a los niños no es que ayude en contra de ese tipo de bullying o rechazo del que han sufrido las personas transgénero. 

Porque el problema no es lo que piense el bebé, sino lo que piensa la sociedad.

Es por eso que la mayoría de personas con sexualidad o identidad diferentes a la normal establecida por la sociedad se terminan acomplejando, porque se sienten juzgados.

Madeleine: Entiendo. ¿Entonces qué harías tú?

Me: Criaría a un niño normal y lo reconocería por su “género” biológico, pero no le impondría ningún tipo de rol o idea de género social. 

De hecho, ahora que lo pienso, todo esto del transgénero en general es bastante ridículo.

El asunto de la sexualidad está bien, porque es algo que va a afectar tus decisiones y tu estilo de vida. 

Pero lo del género es absurdo, porque los hombres y las mujeres somos prácticamente iguales, excepto por las diferencias biológicas. Quiero decir, eso de decidir un género es absurdo, porque realmente no existe ninguna diferencia sustancial entre un género y el otro, o cualquier de los otros que se han inventado; solamente son nombres.

Si sacas a un hombre y a una mujer de sus cuerpos, ¿qué queda? ¿Son diferentes en algo?

Madeleine: No lo creo.

Me: Un niño no necesita un género para decidir si quiere jugar con muñecas o con carritos. 

Un hombre no necesita un género para decidir si se quiere acostar con hombres o con mujeres. 

Creo que a lo que estoy llegando es que… el género realmente no existe. Nunca ha existido. 

¿Qué significa que una persona que nació como hombre “se sienta como una mujer”? No significa nada. ¿Qué es “sentirse como mujer”? No existe una forma de sentirse como mujer. ¿Sentirse emocional es sentirse como una mujer? No, porque los hombres también pueden ser emocionales. Inteligencia, intereses, temperamento, carácter, no existe ningún tipo de cualidad psicológica que sea exclusiva de hombres o de mujeres. No existe un “sentirse como mujer”. 

A menos que un hombre con pene sienta que físicamente tiene una vagina, lo cual ya es claramente un error de percepción o un delirio. 

En otras palabras, el género no existe. Existe el sexo, que está determinado por la biología genital de las personalidad. Y la sexualidad, que está determinada por los intereses que cada persona tenga con respecto a lo que desea hacer con su cuerpo. Esas son diferencias que existen.

Madeleine: Es cierto.

Me: El género también existe, pero solo como una fabricación social. Y eso es lo que está mal. Decir que hay cosas que son de hombres y cosas que son de mujeres. 

En conclusión, no hay necesidad de quitarles el género a los niños porque no tienen. Es algo que nunca ha existido. 

A quien hay que quitarle el género es a la sociedad. Quitarle esa concepción de que hay “cosas de hombres” y “cosas de mujeres”. 

Madeleine: Interesante. Tienes razón.

Me: Sí… pero la gente seguirá siendo estúpida y creando tendencias estúpidas y complicando innecesariamente las cosas simples. Como los que están tratando de cambiar el lenguaje para satisfacer necesidades innecesarias. 

¿Crees que realmente terminen logrando cambiar el lenguaje o que el rechazo siempre será más grande’

Madeleine: Bueno, no creo que logren algo implementando el morfema de la e para neutralizar todas las palabras. Pero tal vez la gente sí use más frecuentemente términos femeninos o ya neutrales. Por ejemplo, en vez de decir “el hombre”, decir “la humanidad”. Y así. 

Me: Porque la verdad es que, técnicamente, el lenguaje no tendría ningún problema si fuera como ellos lo sugieren. El problema es que estamos acostumbrados a una forma y no nos gustan los cambios. 

Técnicamente, si hubiera sido desde el principio como ellos lo proponen, no habría ningún problema. Que hubiera una forma para el femenino, otra para el masculino y otra para el neutro. No pasa nada. Está bien. Solo que así no es como ha sido, y sí, por lo general nos va a sonar desagradable que nos cambien las cosas como las conocemos.

Por eso me pregunto si tal vez algún día conseguirán cambiarlo, o el rechazo de los que se oponen terminará impidiendo el cambio.

Supongo que esta discusión ni siquiera existe en otros idiomas. No sé, la verdad. En el inglés, por ejemplo, no existe el género gramatical… aunque aun así salen con estupideces como la de los “theybies”. 

Madeleine: Sí, y el francés debe ser todavía peor que el español.

Me: Pensándolo bien, el idioma debería ser más como el inglés, sin género gramatical. El hecho de que los sustantivos, las cosas, cualquier objeto inanimado, tenga un género, no tiene sentido. 

Pero así es como ha sido desde hace muchos años, supongo. 

De hecho, hay algunos estudios que han demostrado que las diferencias de género percibidas por la sociedad existen incluso en los objetos, gracias a ese tipo de lenguaje que utilizamos. ¿Te había hablado de ese estudio antes?

No recuerdo las palabras exactas, pero inventaré un poco solo para darte una idea.

Por ejemplo, la palabra “llave” es un sustantivo femenino en español, y creo que es masculino en alemán.

Como dije, puede que esté inventando, pero es para darte una idea.

En fin, cuando le pedían a la gente que diera característica de esa palabra, de ese objeto, o que dijeran con qué cosas lo asociaban, en los países donde el sustantivo femenino tendían a asociar la llave con cosas como “es pequeña, bonita”, cosas más “femeninas”, mientras que en los países donde es un sustantivo masculino lo asociaban con cualidades más “masculinas”, como “seguridad, protección”. El mismo objeto. Un objeto del mundo real, que debería ser igual para todos. Es percibido de diferentes maneras sólo por la gramática del idioma desde el que se percibe el objeto. 

Así que, para reafirmar mi conclusión, el género es una invención absurda que ha existido durante mucho tiempo en nuestra lengua y nuestra sociedad, pero no es más que una fabricación arbitraria creada a partir de la costumbre.

Una asociación o agrupación arbitraria de conceptos en dos categorías inventadas por capricho.

Ah, no sé por qué me pongo a hablar de cosas tan complicadas. Podría escribir un ensayo. ¿Dónde estaban estos temas y estas divagaciones cuándo tenía trabajos de la universidad? 

Ahahaha… 

100. Bucket List

Ya que la muerte al fin ha resuelto despertar de su profundo sueño y se encuentra merodeando por todas partes, tal vez buscándome a mí, o no sé si buscándola a ella, he decidido tomar la pluma y dejar registro de lo que en el fondo es la esencia de la vida misma. O, por lo menos, es la esencia de mi propia vida: un puñado de sueños que mueven y dirigen mis pasos, con gran anhelo pero con poca esperanza.

Tal vez no tengo derecho a ser feliz, pero nadie puede robarme el derecho que tengo a soñar que puedo serlo. Los sueños son todo lo que he tenido en mi vida. La única fuente de satisfacción que es esa ilusión de creer que todo puede estar bien, que todo puede ser perfecto. Y como prueba de que es mi única posesión y movido por el sueño de que se cumplan todos mis sueños, dispongo aquí este registro de las cosas que desearía que ocurrieran en mi vida antes de que la muerte al fin encuentre mi paradero, o que yo encuentre el de ella.

Si algún día alguno de estos sueños se cumple, volveré aquí y lo marcaré como cumplido. Si al final de mi vida todos mis sueños siguen intachables, que este diario sirva como evidencia de la cruda realidad en que la vivimos, donde se nos dota de una inmensa capacidad de soñar, pero no una capacidad equiparalable de realizar esos sueños.

(Entre paréntesis dejo una vaga aproximación del porcentaje de probabilidad que cada uno de estos sueños tiene de hacerse realidad.)

100. Bucket List

1. Estar con ella. (<0.001%)

A lo largo de mi vida he amado a muchas «ellas» y en este diario habré registrado mis más profundos y sinceros sentimientos hacia al menos las que considero las tres más importantes.

Este no será el espacio para resolver el debate acerca de qué es el amor y si es posible sentirlo con tres mujeres diferentes de la misma forma y con la misma intensidad, o si existe un solo amor verdadero o si el amor no es más que una reacción química. Tampoco voy a decir mucho sobre lo que quiere significaría «estar» con ella, salvo que es algo que involucra todas las dimensiones de la vida: sexual, afectiva, social, familiar, económica, espiritual, material, intelectual, temporal, espacial y cualquiera otra que se pueda imaginar. Pongo este sueño en primer lugar porque es el que más me acelera el corazón de solo imaginarlo; es el único que sueño a diario, y el único que siento que me haría verdaderamente feliz en caso de hacerse realidad. Probablemente nunca sucederá, pero me niego a dejar de soñarlo, porque ese sueño es el único lugar en el que soy siempre feliz.

2. Estar con alguien. (<0.01%)

Este sueño es una especie de respaldo del sueño anterior. Al ser un poco menos específico, es a su vez, un poco menos improbable. Sin embargo, dado mis condiciones particulares, la experiencia ya me ha demostrado que es algo escasamente probable. En este caso, el sueño es exactamente el mismo que el anterior, con la única diferencia de que no está restringido a que sea específicamente con esa persona en particular. Sin abandonar mi sueño anterior, ya que mis sentimientos actuales no me lo permiten, me permito abrirme a la posibilidad de que tal vez pueda llegar a ser feliz con alguien más, alguien que tal vez aún no he conocido, pero que tuviera la suerte de coincidir con todas mis aspiraciones, de encajar con todas mis particularidades y llenar todos mis vacíos.

3. Tener amigos. (<0.1%)

Tal vez nunca tenga la oportunidad de coincidir con alguien, como lo expresaba en mis sueños anteriores, en todas las esferas y dimensiones de la vida. Tal vez me falta atractivo físico, carisma, dinero o suerte para lograr realizar esas quimeras. Y aunque siento que esos sueños anteriores son los únicos que podrían darme la felicidad verdadera, creo que este particularmente podría, por lo menos, hacerme menos miserable. Tal vez no sea necesario encontrar a la pareja ideal para poder estar bien en esta vida. Tal vez solo necesito estar menos solo, tener personas a mi alrededor con las que pueda hablar, distraerme y olvidarme de los problemas que atormentan mi mente. Por desgracia, lo que para algunos seres humanos parece algo natural e instintivo, para mí no es más que otro sueño improbable.

4. Destacar en mi profesión. (1%)

Otra de las cosas que me gustaría lograr antes de morir es: en primer lugar, terminar mi carrera universitaria (Psicología) y, en segundo, poder ser reconocido en este campo, tanto por mis aportes a esta ciencia como disciplina académica, como por mis aportes al bienestar general de todos los que se acerquen a mí en busca de que haga mi trabajo.

5. Terminar mis libros. (3%)

Al momento de escribir esta lista, tengo al menos cuatro o cinco ideas empezadas de historias de diferentes géneros literarios que me gustaría escribir, algunas bastantes avanzadas, otras no tanto. No quisiera morir sin antes terminar de escribir estas ideas. Mi sueño es terminar estos libros, publicarlos, y que sean leídos y apreciados positivamente por muchas personas.

6. Viajar en un crucero de lujo. (5%)

Solo es algo mundano que me gustaría hacer.

7. Otras cosas. (???)

Viajar a Japón, tener una casa grande y hermosa rodeada de la naturaleza, aprender muchas cosas nuevas, abrazar a mi familia, ser independiente, tener una vida sana, ser feliz y morir satisfecho. Edit: Comprarle una finca a mis padres.

-002. Tripulación, desarmar toboganes

-002. Tripulación, desarmar toboganes

Me: Déjame contarte un secreto…

El secreto es: las relaciones a distancia no son sanas.

No, ese no es el secreto. Eso es de conocimiento público… El verdadero secreto es este: la relación a distancia que tuve con ella no fue sana.

Sí, así es. Las relaciones a distancia no son buenas. Se supone que el amor debería trascender cualquier límite, pero esa no es la realidad.

Las personas que se aman desde lejos están condenadas.

Creo que nunca tuve la oportunidad de contarle esto a ella, pero ya no importa… De todos modos, déjame contarte este secreto, ya que al menos alguien tiene que saberlo.

Ella y yo fuimos muy felices por algunos meses… Luego de esos meses, ya empezaba a sentirse muy dañino estar tan apegado a alguien que está tan lejos.

Eso no quería decir que pudiéramos desapegarnos así como así.

Y yo en esa época no había aceptado mis problemas psicológicos. Nunca le había contado a nadie sobre ellos, nunca había visto a un psicólogo, no tenía nada de esperanza y sufría solo y en silencio.

Nunca fui capaz de decirle a ella que yo era una persona tan tímida que probablemente al verla en persona me escondería del miedo o saldría corriendo.

Pensé muchas veces que tal vez sería bueno decírselo, que ella tal vez lograría entenderlo e incluso me apoyaría y me ayudaría a mejorar. Si ella de verdad me quería, ¿no sería eso lo que habría de pasar?

Pero aun así, me dio mucho miedo y nunca fui capaz de decirle nada.

Así que solo vivíamos en esa falsa ilusión de “algún día estaremos juntos y seremos felices”…, pero debido a mis problemas, siempre pensé que eso era solo una mentira, así que un día decidí que lo mejor sería terminar con eso.

Pensé que ella nunca podría ser feliz con alguien como yo y que lo mejor para ella era que se olvidara de mí… Y entonces una vez decidí “desaparecer” y dejar las cosas ahí para siempre.

Y así fue. Desaparecí por un tiempo…

Pero no fui capaz de soportarlo y en poco tiempo regresé otra vez.

Le había dicho que me iría de vacaciones, y sin decirle más, planeaba desaparecer para siempre y no volver nunca más. Esperar que ella me olvidara pronto y pudiera ser feliz de verdad, aunque fuera con alguien más, con alguien mejor que yo.

Pero no pude soportarlo y regresé.

Esto es algo que recordé hace unos días y que creo que nunca tuve la oportunidad de confesarle a ella. Este es el secreto del que quería desahogarme: que yo también traté de dejarla una vez pero no pude.

Sí, traté de dejarla, y lo hacía porque pensaba que ella no podría ser feliz conmigo y que lo mejor para ella sería olvidarme… aunque yo aún quería estar siempre con ella.

Traté de dejarla porque pensé que era lo mejor para ella…

Y al final, fue ella la que me dejó porque era lo mejor para ella.

Oh, la ironía…

Ella no me dejó porque creyera que sería lo mejor para mí, sino que lo hizo a partir de su egoísmo, buscando su propia felicidad.

Yo la iba a dejar porque era lo mejor para ella, aunque con ello terminara sufriendo más yo.

Así que al final ella solo completó lo que yo empecé…

Yo lo hice todo por ella.

Ella también lo hizo todo por ella.

Un amor infinito que se volvió unilateral…

Pero al final el resultado es el mismo: ahora ella está mejor porque está sin mí. Ahora ella está con alguien con quien puede ser feliz de verdad…

Y yo… sigo solo, asustado, y atrapado en los infiernos de mi mente…

012. Protocolo para un regalo perfecto

012. Protocolo para un regalo perfecto

Me: ¿Cuál es el mejor regalo? ¿Qué debe tener un regalo para que sea bueno?

Lo más importante sería que el regalo sea del gusto de la persona que lo recibirá, ¿verdad?

Madeleine: Sí, claro. Que sea pensado particularmente para las necesidades o gustos de esa persona.

Me: ¿Y qué hay de la intención? ¿Influye en que el regalo sea bueno o no?

Madeleine: Así es. La intención también es importante.

Me: ¿Qué tipos de intenciones podría haber al momento de dar un regalo?

En teoría, la principal intención sería hacer feliz a esa persona, ¿no?

Pero también podría haber circunstancias en las que un “regalo” se hiciera por algún tipo de obligación.

¿Por qué damos regalos en fechas tan particulares y no en cualquier momento del año? ¿Es mejor un regalo que se hace por cumplir con la tradición o un regalo que sea más espontáneo?

¿Cuál es mejor?

Otra posible intención al momento de dar un regalo sería esperar algo a cambio.

Como las personas cuando están tratando de conquistar a otra persona. A veces pueden dar regalos, que en un principio podrían parecer tener esa falsa intención de querer hacer feliz a la otra persona, pero en el fondo lo que buscan es que, gracias a eso, la otra persona tenga una mejor opinión de ellos.

Madeleine: Un clásico, claro que sí. Jaja.

Me: ¿Pero realmente influiría cualquiera de estas intenciones en el hecho de que el regalo resulte siendo bueno o malo?

Si necesitas una casa o necesitas ropa, sería mucho mejor regalo si te las dan sin la intención de esperar algo a cambio, ¿verdad?

Si te doy ese regalo esperando algo a cambio, aun si es lo que más quieres o más necesitas, no sería un buen regalo. Sería un negocio forzado.

Entonces la intención sí influye en la valoración del regalo.

Y si es un regalo que solo busca cumplir con una responsabilidad, como cuando en una empresa deciden jugar al “amigo secreto”, esa intención también reduciría parte del valor del regalo, ¿no es así?

Después de todo, el valor de los regalos no se mide por lo que valgan en dinero, sino por la satisfacción que sientes al recibirlo, ¿verdad?

Y esa satisfacción puede variar con un mismo regalo, dependiendo de la intención con la que te lo den.

¿Y qué tal si desconoces la intención de quien te da el regalo? ¿Si no sabes si te lo da porque quiere hacerte feliz, porque le toca hacerlo o porque quiere algo a cambio?

En ese caso, la satisfacción al recibir el regalo también estaría limitada por la confusión al no entender por qué te lo están haciendo.

En otras palabras, el mejor regalo es en el que conoces que la intención de la otra persona es simplemente hacerte feliz.

¿Verdad?

Hasta ahora hemos analizado dos variables, pero no cómo se relacionan ambas entre sí.

1. Que el regalo sea del agrado de quien lo recibe. (Con “el regalo” me refiero aquí al regalo como producto, objeto o situación que se regala. No a la acción de regalar)

2. Que se conozca la intención del dador y esta sea una intención sincera y desinteresada.

Ahora, ¿es mejor un regalo que sea de tu gusto, pero sea dado con intenciones interesadas? ¿O uno que no sea de tu agrado, pero que fue dado con intenciones sinceras?

¿Cuál es mejor?

Supongo que este punto no hay manera de determinarlo universalmente. Dependería de cada caso, de si es algo que necesites mucho o no.

Si literalmente te estuvieras muriendo de hambre, habiendo estado dos semanas atrapada en un desierto sin poder comer nada, supongo que algo de comida sería valorado como un gran regalo, sin prestar mucha atención a la intención de quien te la da.

En ese caso, la respuesta sería que el regalo es más importante que la intención.

Pero si eres una persona que lo tiene todo, que realmente no necesitas nada, y todo lo que desees lo puedes conseguir por ti misma, entonces cualquier regalo que te hagan tendrá poco valor en sí, y prestarás más atención a la intención con la que te lo dan.

Si eres ese tipo de persona y te dan una basura como regalo, probablemente lo valorarás como algo bueno si la persona que te lo dio lo hizo con una buena intención: por ejemplo, un niño que recogió alguna basura de la calle que le pareció bonita.

En este caso, la respuesta sería que la intención es más importante que el regalo.

Pero por otra parte, también hay persona de todo tipo. Seguramente existe gente rica que no valora las intenciones y gente muriéndose de hambre que las valore más.

Así que, como dije, este punto no se puede responder de manera universal. Dependería de cada caso.

Madeleine: Así es, tienes razón.

Me: ¿Entonces crees que ya puedes responder a la pregunta que te hice al principio?

¿Cuál es el regalo perfecto?

Madeleine: Sería el regalo que mejor se adapte a la situación, ¿no? Como lo del desierto y la comida, que ahí primaría el objeto, mientras que en el otro caso primaría la intención.

Me:

Lo que no podemos determinar es cuál de las dos variables sería superior a la otra, ya que sería algo contextual.

Pero sí podemos determinar que hay una mejor opción en cada una de las dos variables (objeto e intención) y, por lo tanto, el mejor regalo sería el que tuviera las mejores opciones en las dos variables.

Es decir: 1) que el regalo (producto, objeto o situación regalada) sea del agrado del receptor, y 2) que la intención sea del agrado del receptor (que no sea interesada).

Madeleine: Entiendo, sí tiene sentido. Esa sería la mejor opción.

Me: Aunque también sería importante considerar otras variables

Ya consideramos el conocimiento de la intención y determinamos que el mejor regalo es en el que se conoce la intención y la intención es buena, porque no conocer la intención generaría confusión y limitaría la satisfacción al recibir el regalo.

Ya consideramos el conocimiento de la intención, pero no hemos considerado el conocimiento del regalo en sí. Me refiero a conocerlo con antelación. En otras palabras, si el regalo es una sorpresa o no.

¿Es mejor un regalo que esperas o uno que te sorprende?

Madeleine: ¡Yo preferiría una sorpresa! Pero supongo que eso también dependerá de cada persona o de qué tipo de sorpresa sea.

Me: A mí por lo general no me gustan las sorpresas. No me gustan las cosas que no puedo controlar o las cosas para las que no estoy preparado.

Pero en teoría, si el regalo es bueno, si no involucra ningún tipo de inconveniente, la sorpresa solo debería servir para aumentar la satisfacción y la emoción al recibirlo.

Vamos a contextualizarlo un poco con tu caso para que quede más claro.

Estamos analizando entonces cuatro variables.

1. Que el regalo en sí (producto, objeto o situación que se regala) sea de tu agrado. En tu caso, para poner un ejemplo, podríamos decir que tu regalo perfecto sería un vestido vintage que te guste mucho, ¿no?

2. El segundo elemento para que ese regalo sea perfecto sería la intención. Que no te lo den por interés ni por obligación, sino por el deseo sincero de hacerte feliz con él.

3. El tercer elemento es que tú conozcas esa intención, que seas consciente de ella. Puede que la persona que te haga el regalo tenga una muy buena intención, pero si tú no sabes eso, vas a estar confundida y no vas a disfrutar el regalo del todo.

Madeleine: Es cierto. No sabría cómo responder a un regalo así. ¡Mucha confusión!

Me: Y por último…

4. El elemento que estamos analizando ahora: la sorpresa (el conocimiento o no del regalo en sí).

En teoría, si el regalo es perfecto en los primeros tres puntos, si además el regalo es una sorpresa, será una sorpresa agradable que aumentará tu emoción al recibirlo.

¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Madeleine: Sip. Estoy de acuerdo.

Me: Si el regalo es perfecto en los primeros tres puntos, estará muy bien también así no sea sorpresa, ¿verdad?

Madeleine: ¡Totalmente!

Me: Pero si es perfecto en los primeros tres puntos y además de eso es una sorpresa, la emoción será más grande.

En teoría debería ser así.

Creo que ya te comenté de algunos estudios que se han hecho. No los citaré porque no recuerdo cuáles eran, pero eran unos estudios que demostraban que el hecho de que algo sea sorpresivo genera una reacción emocional más fuerte.

Es decir, si te pasa algo bueno, te sientes bien. Pero si te pasa algo bueno por sorpresa, te sientes aún mejor.

Y también si te pasa algo malo, te sientes mal. Pero si te pasa algo malo que no te esperas, te sientes aún peor.

Madeleine: Sí, sí. Tiene sentido.

Me: Al principio se me había ocurrido que tal vez la sorpresa debería ser moderada. Que si recibes un regalo de la nada te sentirías confundida y, por lo tanto, no disfrutarías del todo el regalo.

Por ejemplo, si te regalan algo en tu cumpleaños o en navidad, sería una sorpresa moderada, porque en esas fechas es normal que esperes recibir regalos, pero lo que sería sorpresa es el qué serán esos regalos. Mientras que si te regalan algo sorpresa en cualquier día del año, puede que te sientas confundida.

Pero en ese caso, tu confusión seguiría siendo porque no conoces las intenciones de la persona. No porque el regalo sea una sorpresa.

Resumiendo otra vez, el regalo perfecto, entonces, debería ser:

1. Un regalo que te guste. (Regalo como objeto, producto o situación que se regala)

2. Un regalo que sea dado con buenas intenciones.

3. Un regalo en el que tú seas consciente de que es dado con buenas intenciones. (Para no generarte confusión al recibirlo)

4. Un regalo que sea sorpresa.

Si cumple con esos 4 requisitos, ¡entonces deberías tener aquí la fórmula del regalo perfecto!

Madeleine: ¡Así es!

016. Las dos semanas

016. Las dos semanas

Me: A Scarlet también le dije infinitas veces que la amaba.

¿Tal vez era molesto?

A mí nunca me habría molestado cuantas veces ella quisiera decirlo.

Por el contrario, me hacía feliz cada vez que lo hacía.

Y así era. Ella también me lo decía muchas veces al principio… pero con el tiempo empezó a decirlo cada vez menos, hasta que después fue un sincero “ya no te quiero como antes”.

Madeleine: Ay….

Me: A Blanquita le cogí cariño muy rápido.

Creo que nunca avancé tan rápido en una relación con alguien.

Digo, el único amigo que hice en la universidad tuve que verlo todos los días por varios años para que por fin pudiera sentirme con un mínimo de confianza básica y, aunque aún lo considero como lo más cercano a un amigo que tengo, a veces incluso siento que no tenemos la confianza suficiente, considerando todos estos años.

Pero Blanquita era muy amigable y cariñosa conmigo, y eso me ayudó a abrirme más rápido con ella.

La primera vez que nos conocimos fue una interacción incómoda como de medio minuto una vez que me encontré en la calle con una conocida que nos presentó a los dos.

La segunda vez que nos vimos fue en uno de esos eventos frikis en los que fui haciendo cosplay. Esa vez también hablamos como un minuto nada más.

Ahí fue donde me tomó esa foto que te mostré la otra vez.

Mira. La única foto que tengo de los dos.

[Foto no disponible]

Madeleine: ¡Qué bonita!

Me: En esa fue solo casualidad que saliéramos los dos. Ella debe tener en su teléfono la única foto que de verdad nos tomamos juntos… si es que no la ha borrado.

Ese evento fue uno al que tuve que ir solo. Excepto por ese minuto que conversé con ella, estuve todo el tiempo solo.

Iba a ir con la conocida que nos había presentado y con mi amigo de la universidad y con mi primo, pero al final los tres me cancelaron, así que tuve que ir solo.

Así que ese día, el minuto que hablé con ella fue lo mejor de ese día. Porque fue muy linda, muy amable, y por un momento me hizo sentir valorado.

Y la tercera vez que nos vimos, fue en otro de esos eventos frikis.

Esta vez sí no fue solamente un minuto, sino que pasamos casi todo el día juntos, ya que los dos habíamos quedado con la misma amiga en común que nos había presentado.

Y ahí fue donde empecé a sentir cosas por ella, porque era muy linda y cariñosa conmigo.

En un momento ese día, ella incluso me propuso que hiciéramos el “Pocky’s challenge” o algo por el estilo. La verdad no recuerdo las palabras.

¿Sabes qué son los Pockys?

Madeleine: ¡Síí! Las galletitas alargadas.

Me: ¿Y sabes cuál es el “challenge”?

Madeleine: Imagino que es algo como la escena de la pasta de la dama y el vagabundo. A ver quién se come el Pocky.

Me: ¡Exacto!

No sé si lo decía en broma o no. Parecía en serio, ya que insistió por un rato. Y la amiga que nos presentó y su novio también insistieron un rato para que lo hiciéramos.

Y yo quería hacerlo, pero no me atreví a decir que sí.

Al final ella tuvo que irse y sentí un vacío cuando se fue, porque, otra vez, haber pasado el tiempo con ella fue lo mejor de ese día y, de hecho, fue lo mejor en muchos días.

Madeleine: Aww, qué lindo.

Me: Esa fue solo la tercera vez que nos vimos en la vida y yo ya estaba desarrollando sentimientos hacia ella.

No sé si ella también. Como he dicho muchas veces, ella siempre fue demasiado cariñosa conmigo, pero, por lo que sé, lo es también con muchas otras personas.

Para ella tal vez era “lo normal”, como dices, que fuera tan cariñosa… Pero para mí sí fue algo especial que alguien fuera así conmigo.

Y después de ese día, lo siguiente fue que me pidió que le hiciera un favor en la universidad (recuperarle unos documentos que había olvidado, ayudarle con ese performance que te mencioné una vez…) y entonces empezamos a pasar más tiempo juntos.

Y ella era muy linda y muy cariñosa conmigo, y me hizo ese dibujo que te mostré una vez, y yo me sentía muy bien estando con ella.

Ya sabes que yo también soy muy cariñoso en cierto sentido, y como ella era tan afectuosa y cálida conmigo, a mí se me hacía fácil responderle a ese cariño, tomándola de la mano, abrazándola y esas cosas…

Pero había una cosa en la que éramos cariñosos de manera diferente…

Ella era demasiado física… y yo, pues no tanto.

Aunque lo sería si fuera menos tímido y de hecho con ella me sentía cómodo para serlo incluso físicamente. Ser cariñoso, digo.

Pero ya sabes que mi forma de expresar el cariño normalmente es decirlo con palabras. Ella es una artista muy versátil, pero mi forma de expresión artística y emocional, son las palabras.

Esa es mi forma principal de expresar el afecto. Decir lo que siento de todas las formas posibles y tantas veces como lo siga sintiendo.

Decirlo. Decirlo muchas veces.

Tal vez lo hago por mi propia necesidad de recibir afecto. Doy todo lo que tengo y más, esperando que se me devuelva al menos un poquito.

Apenas nos habíamos conocido por pocos días, pero yo ya tenía esta fuerte necesidad de decirle que la quería mucho…

Y empecé a decírselo una vez en un mensaje.

Le dije: “Tal vez es raro que diga esto aunque nos conocemos por tan poco tiempo, pero…”

Ahí iba a decirle “te quiero mucho”, pero ella me interrumpió.

“¿Te gusto?”, me preguntó.

No es lo que iba a decir, pero eso también era verdad…

Así que solo le respondí: “Sí, algo así…”

Y ella dijo algo como “está bien, tú también me gustas, y me gustan muchas personas”.

No sé si dijo eso para que no me sintiera raro por querer decirle que me gustaba solo en unos días o, por el contrario, para que no me hiciera ilusiones porque para ella no era nada tan especial y le gustaban muchas personas.

Ahora que lo pienso, supongo que es más probable lo segundo.

De todos modos, seguimos saliendo por varios días más y yo seguía sintiéndome muy bien con ella. Y seguí diciéndole varias veces que la quería mucho.

Aunque siempre se lo dije a través de un mensaje. Nunca fui capaz de decirlo en persona. Me hubiera gustado mucho poder decírselo.

De todos modos, ella seguía siendo muy cariñosa en persona y también parecía que se sentía bien el tiempo que pasábamos juntos.

Y aunque ella era tan cariñosa y yo le decía tan seguido que la quería, ella nunca decía “yo también te quiero”.

Esa era la forma en que éramos diferentes para expresar el cariño. Ella evitaba decirlo con palabras, pero se esforzaba en demostrarlo con las acciones, mientras que a mí me cuestan mucho las acciones, y por eso trato de compensarlo expresándolo una y otra vez con mis palabras.

Me refiero a que por ser tímido me cuesta decir y hacer muchas cosas en persona, pero aun así, con mis acciones también demuestro cuánto me importa alguien, porque siempre hago todo lo que puedo por hacer que esa persona se sienta bien.

Madeleine: Entiendo, entiendo.

Me: Y así era. Lo que te estoy diciendo no lo estoy infiriendo, sino que ella me lo dijo explícitamente. Dijo que le costaba decir esas palabras, pero que no significaba por eso que no lo sintiera.

Y después me dijo que aún no había superado a alguien y que por eso le costaba decirlo.

Nunca pude entender del todo su historia, a veces parecía dar señales de que era muy promiscua, pero según eso, también estaba enamorada de una persona a la que no había podido superar.

Y me daba miedo que saber más fuera a ser doloroso para mí, así que tampoco tuve la oportunidad de preguntar más a fondo sobre eso.

Parte de esa historia, me la contó llorando en mis brazos una vez… creo que te conté eso.

Y claro, no entendí nada. Parecía hablar con claves y encima estaba llorando.

Yo solo la escuché en silencio y al final también lloré un poco.

Qué patético, ¿verdad?

Madeleine: ¿Por qué lo sería? No lo creo.

Me: Porque ella me llamó para que le diera ánimos, no para que llorara con ella.

Pero yo no pude hacer nada más… solo escuchar a la persona de la que me estaba enamorando decir que quería a alguien más y que siempre le hacían daño…

Y otras cosas que no entendí.

Y pocos días después tuve que viajar y las pocas oportunidades que tenía con ella se desvanecieron para siempre…

A pesar de ser una historia triste, ¿no crees que es muy romántica?

Y con eso me refiero no solo a que es algo ligado a sentimientos tan profundos, sino que además de todo es bonito.

Madeleine: Sí, es una historia muy bonita.

Me: Pero esos sentimientos son tan juveniles, ¿no?

Madeleine: Yo diría que sí.

Me: Significa que esos sentimientos se acabaron para siempre, porque ya me estoy quedando también sin juventud.

Significa que ya puedo matarme.

Ya no hay oportunidad de que vuelva a enamorarme así…

No, seguramente sí es posible volver a enamorarme así.

Lo que no es posible, como me ha demostrado la experiencia, es que alguien se pueda enamorar de mí del mismo modo.

Cada día siento más cerca de la muerte, Madeleine…

Madeleine: …

015. Poeta Psicópata

015. Poeta Psicópata

Me: ¡Madeleine, Madeleine! ¡Me siento como un idiota, Madeleine!

Es porque soy un idiota, Madeleine.

Madeleine: ¿Qué pasó? ¿Por qué lo dices?

Me: No… No solo soy un idiota. Soy un bicho raro, ¿verdad?

Madeleine: Todos somos raros, chico.

Me: Hoy tuve que ir a la universidad a pagar mis derechos de grado. Y adivina qué.

Madeleine: ¿No pudiste preguntar? ¿No pudiste pagarlos?

Me: Ay, no… No es eso.

Siempre que voy a la universidad me da miedo que pueda encontrarme con Blanquita.

Y, desgraciadamente, casi siempre me la encuentro.

Siempre voy deseando sinceramente no encontrármela, rogándole al dios invisible e inexistente que no me encuentre con ella, porque sé que es lo mejor.

Pero cuando la veo… No puedo evitar querer verla y que ella me vea.

Es estúpido, ¿verdad?

Voy deseando no encontrármela, pero apenas la veo, no puedo evitar tratar de verla más y desear que ella me vea a mí.

Sí, es estúpido… ¿Cómo es posible que después de más de un año no haya sido capaz de superar a una chica con la que nunca fui nada y a quien solo conocí por menos de dos meses?

¿Todos somos así de raros? ¡No lo creo!

Pero te diré la estupidez que hice hoy.

Iba saliendo de pagar los derechos y la vi caminando como a una cuadra de donde yo estaba, alejándose lentamente. Entonces empecé a caminar más rápido para encontrármela, para que ella me viera.

Pero cuando pasé junto a ella, ella se dio vuelta hacia un lado y se quedó hablando por teléfono, así que no me vio.

Yo seguí derecho y ¿adivinas qué hice después?

Tomé el camino que sabía que ella iba a tomar y después me devolví por ese mismo camino para encontrarme de frente con ella.

¡Ah, ¿todos somos así de raros?! ¡Soy un acosador, un psicópata! No soy más que un bicho raro.

Pero en serio, ¿cómo es posible que, después de un año, no haya superado a alguien con quien solo compartí unas pocas semanas?

Después de más de un año…

Pensé que la había superado, pero sigo haciendo estas estupideces y sigo sintiéndome mal cada vez que la veo.

No he superado nada. Es solo que no verla ayuda a olvidarla.

Seguramente tampoco he superado a Scarlet. Seguramente si algún día vuelvo a verla o saber algo de ella, me sentiré mal otra vez. Si la viera, seguramente me moriría.

¿Qué debería hacer, Madeleine?

Ver a Blanquita y sentirme tan estúpido y sin valor aumentó mis deseos de morir.

¿Y sabes qué? Este tipo de cosas me hace sentir unos deseos macabros que son positivos en cierto sentido.

Normalmente, siempre tengo miedo de pensar en la muerte…

Pero cuando me dan ganas de morir por algo como esto, siento que será lo más emocionante que podría hacer en mi vida.

No tengo esperanza en esta vida, Madeleine.

¿Cómo es posible que no supere a una persona que conocí solamente por dos semanas? ¿Qué más patético se puede llegar a ser?

Dos semanas es todo a lo que puedo aspirar de felicidad en mi vida. Y hablo de toda mi vida, no solo del pasado.

De toda mi vida, mis dos semanas de felicidad ya se acabaron.

¿Estás ahí, Madeleine?

Madeleine: Mira, cada persona es distinta. No debes sentirte patético por eso.

Me: ¿Que no me sienta patético por ser patético?

Madeleine: Me refiero a que… Un evento como, no sé, comer. Algo tan normal, por ejemplo, para una persona con discapacidad que nunca ha sido capaz de comer por sí misma es algo increíble. Es un evento que marca su vida.

Para alguien tan tímido como tú o yo, eventos tan sencillos como ir a una tienda o llamar por teléfono suelen ser más angustiantes. Al menos para mí.

Así que no sé, yo lo considero algo normal.

Sí, a ojos de otros, conocer a otra persona puede ser algo mundano. Pero para nosotros, es algo más significativo. Así que es normal que las cosas así nos afecten “más de lo normal”.

Me: Esa es nuestra maldición, Madeleine. La razón por la que somos patéticos y por la que probablemente nunca seremos felices en nuestras vidas.

Puede que sea algo normal que nos afecten las cosas “más de lo normal”, ¡pero que sea normal no significa que esté bien!

Madeleine: Pero tampoco significa que esté mal. Cada uno tiene su ritmo.

Me: ¿No está mal sentirse mal? ¡Es una paradoja!

Madeleine: Digo, sentirse triste no es algo malo. Es una respuesta natural.

Me: Se llama trastorno depresivo persistente cuando dura por tanto tiempo. Sí qué está mal.

Madeleine: Bueno, eso ya es otra cosa. De cualquier modo, ¡no es tu culpa!

Me: Y es justamente por el hecho de que somos tan tímidos que no podemos salir fácilmente de situaciones neuróticas como esta.

No puedo salir y conocer a otra gente para mejorar mi estabilidad emocional. Ni siquiera tengo amigos con quien hablar ni hacer nada. Solo estoy encerrado todo el día.

Madeleine: Espero que todo pueda mejorar pronto.

Me: Gracias, Mads.

Igual es un problema que no puedo solucionar tan fácilmente. Creo que moriré con esto de todos modos, y, probablemente, también por esto.