012. Protocolo para un regalo perfecto

012. Protocolo para un regalo perfecto

Me: ¿Cuál es el mejor regalo? ¿Qué debe tener un regalo para que sea bueno?

Lo más importante sería que el regalo sea del gusto de la persona que lo recibirá, ¿verdad?

Madeleine: Sí, claro. Que sea pensado particularmente para las necesidades o gustos de esa persona.

Me: ¿Y qué hay de la intención? ¿Influye en que el regalo sea bueno o no?

Madeleine: Así es. La intención también es importante.

Me: ¿Qué tipos de intenciones podría haber al momento de dar un regalo?

En teoría, la principal intención sería hacer feliz a esa persona, ¿no?

Pero también podría haber circunstancias en las que un “regalo” se hiciera por algún tipo de obligación.

¿Por qué damos regalos en fechas tan particulares y no en cualquier momento del año? ¿Es mejor un regalo que se hace por cumplir con la tradición o un regalo que sea más espontáneo?

¿Cuál es mejor?

Otra posible intención al momento de dar un regalo sería esperar algo a cambio.

Como las personas cuando están tratando de conquistar a otra persona. A veces pueden dar regalos, que en un principio podrían parecer tener esa falsa intención de querer hacer feliz a la otra persona, pero en el fondo lo que buscan es que, gracias a eso, la otra persona tenga una mejor opinión de ellos.

Madeleine: Un clásico, claro que sí. Jaja.

Me: ¿Pero realmente influiría cualquiera de estas intenciones en el hecho de que el regalo resulte siendo bueno o malo?

Si necesitas una casa o necesitas ropa, sería mucho mejor regalo si te las dan sin la intención de esperar algo a cambio, ¿verdad?

Si te doy ese regalo esperando algo a cambio, aun si es lo que más quieres o más necesitas, no sería un buen regalo. Sería un negocio forzado.

Entonces la intención sí influye en la valoración del regalo.

Y si es un regalo que solo busca cumplir con una responsabilidad, como cuando en una empresa deciden jugar al “amigo secreto”, esa intención también reduciría parte del valor del regalo, ¿no es así?

Después de todo, el valor de los regalos no se mide por lo que valgan en dinero, sino por la satisfacción que sientes al recibirlo, ¿verdad?

Y esa satisfacción puede variar con un mismo regalo, dependiendo de la intención con la que te lo den.

¿Y qué tal si desconoces la intención de quien te da el regalo? ¿Si no sabes si te lo da porque quiere hacerte feliz, porque le toca hacerlo o porque quiere algo a cambio?

En ese caso, la satisfacción al recibir el regalo también estaría limitada por la confusión al no entender por qué te lo están haciendo.

En otras palabras, el mejor regalo es en el que conoces que la intención de la otra persona es simplemente hacerte feliz.

¿Verdad?

Hasta ahora hemos analizado dos variables, pero no cómo se relacionan ambas entre sí.

1. Que el regalo sea del agrado de quien lo recibe. (Con “el regalo” me refiero aquí al regalo como producto, objeto o situación que se regala. No a la acción de regalar)

2. Que se conozca la intención del dador y esta sea una intención sincera y desinteresada.

Ahora, ¿es mejor un regalo que sea de tu gusto, pero sea dado con intenciones interesadas? ¿O uno que no sea de tu agrado, pero que fue dado con intenciones sinceras?

¿Cuál es mejor?

Supongo que este punto no hay manera de determinarlo universalmente. Dependería de cada caso, de si es algo que necesites mucho o no.

Si literalmente te estuvieras muriendo de hambre, habiendo estado dos semanas atrapada en un desierto sin poder comer nada, supongo que algo de comida sería valorado como un gran regalo, sin prestar mucha atención a la intención de quien te la da.

En ese caso, la respuesta sería que el regalo es más importante que la intención.

Pero si eres una persona que lo tiene todo, que realmente no necesitas nada, y todo lo que desees lo puedes conseguir por ti misma, entonces cualquier regalo que te hagan tendrá poco valor en sí, y prestarás más atención a la intención con la que te lo dan.

Si eres ese tipo de persona y te dan una basura como regalo, probablemente lo valorarás como algo bueno si la persona que te lo dio lo hizo con una buena intención: por ejemplo, un niño que recogió alguna basura de la calle que le pareció bonita.

En este caso, la respuesta sería que la intención es más importante que el regalo.

Pero por otra parte, también hay persona de todo tipo. Seguramente existe gente rica que no valora las intenciones y gente muriéndose de hambre que las valore más.

Así que, como dije, este punto no se puede responder de manera universal. Dependería de cada caso.

Madeleine: Así es, tienes razón.

Me: ¿Entonces crees que ya puedes responder a la pregunta que te hice al principio?

¿Cuál es el regalo perfecto?

Madeleine: Sería el regalo que mejor se adapte a la situación, ¿no? Como lo del desierto y la comida, que ahí primaría el objeto, mientras que en el otro caso primaría la intención.

Me:

Lo que no podemos determinar es cuál de las dos variables sería superior a la otra, ya que sería algo contextual.

Pero sí podemos determinar que hay una mejor opción en cada una de las dos variables (objeto e intención) y, por lo tanto, el mejor regalo sería el que tuviera las mejores opciones en las dos variables.

Es decir: 1) que el regalo (producto, objeto o situación regalada) sea del agrado del receptor, y 2) que la intención sea del agrado del receptor (que no sea interesada).

Madeleine: Entiendo, sí tiene sentido. Esa sería la mejor opción.

Me: Aunque también sería importante considerar otras variables

Ya consideramos el conocimiento de la intención y determinamos que el mejor regalo es en el que se conoce la intención y la intención es buena, porque no conocer la intención generaría confusión y limitaría la satisfacción al recibir el regalo.

Ya consideramos el conocimiento de la intención, pero no hemos considerado el conocimiento del regalo en sí. Me refiero a conocerlo con antelación. En otras palabras, si el regalo es una sorpresa o no.

¿Es mejor un regalo que esperas o uno que te sorprende?

Madeleine: ¡Yo preferiría una sorpresa! Pero supongo que eso también dependerá de cada persona o de qué tipo de sorpresa sea.

Me: A mí por lo general no me gustan las sorpresas. No me gustan las cosas que no puedo controlar o las cosas para las que no estoy preparado.

Pero en teoría, si el regalo es bueno, si no involucra ningún tipo de inconveniente, la sorpresa solo debería servir para aumentar la satisfacción y la emoción al recibirlo.

Vamos a contextualizarlo un poco con tu caso para que quede más claro.

Estamos analizando entonces cuatro variables.

1. Que el regalo en sí (producto, objeto o situación que se regala) sea de tu agrado. En tu caso, para poner un ejemplo, podríamos decir que tu regalo perfecto sería un vestido vintage que te guste mucho, ¿no?

2. El segundo elemento para que ese regalo sea perfecto sería la intención. Que no te lo den por interés ni por obligación, sino por el deseo sincero de hacerte feliz con él.

3. El tercer elemento es que tú conozcas esa intención, que seas consciente de ella. Puede que la persona que te haga el regalo tenga una muy buena intención, pero si tú no sabes eso, vas a estar confundida y no vas a disfrutar el regalo del todo.

Madeleine: Es cierto. No sabría cómo responder a un regalo así. ¡Mucha confusión!

Me: Y por último…

4. El elemento que estamos analizando ahora: la sorpresa (el conocimiento o no del regalo en sí).

En teoría, si el regalo es perfecto en los primeros tres puntos, si además el regalo es una sorpresa, será una sorpresa agradable que aumentará tu emoción al recibirlo.

¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Madeleine: Sip. Estoy de acuerdo.

Me: Si el regalo es perfecto en los primeros tres puntos, estará muy bien también así no sea sorpresa, ¿verdad?

Madeleine: ¡Totalmente!

Me: Pero si es perfecto en los primeros tres puntos y además de eso es una sorpresa, la emoción será más grande.

En teoría debería ser así.

Creo que ya te comenté de algunos estudios que se han hecho. No los citaré porque no recuerdo cuáles eran, pero eran unos estudios que demostraban que el hecho de que algo sea sorpresivo genera una reacción emocional más fuerte.

Es decir, si te pasa algo bueno, te sientes bien. Pero si te pasa algo bueno por sorpresa, te sientes aún mejor.

Y también si te pasa algo malo, te sientes mal. Pero si te pasa algo malo que no te esperas, te sientes aún peor.

Madeleine: Sí, sí. Tiene sentido.

Me: Al principio se me había ocurrido que tal vez la sorpresa debería ser moderada. Que si recibes un regalo de la nada te sentirías confundida y, por lo tanto, no disfrutarías del todo el regalo.

Por ejemplo, si te regalan algo en tu cumpleaños o en navidad, sería una sorpresa moderada, porque en esas fechas es normal que esperes recibir regalos, pero lo que sería sorpresa es el qué serán esos regalos. Mientras que si te regalan algo sorpresa en cualquier día del año, puede que te sientas confundida.

Pero en ese caso, tu confusión seguiría siendo porque no conoces las intenciones de la persona. No porque el regalo sea una sorpresa.

Resumiendo otra vez, el regalo perfecto, entonces, debería ser:

1. Un regalo que te guste. (Regalo como objeto, producto o situación que se regala)

2. Un regalo que sea dado con buenas intenciones.

3. Un regalo en el que tú seas consciente de que es dado con buenas intenciones. (Para no generarte confusión al recibirlo)

4. Un regalo que sea sorpresa.

Si cumple con esos 4 requisitos, ¡entonces deberías tener aquí la fórmula del regalo perfecto!

Madeleine: ¡Así es!